PRIMERA LECTURA
Los reyes del pueblo bíblico, y así sus guías religiosos y políticos, son representados con frecuencia bajo la imagen del pastor, que guarda y apacienta su rebaño. El profeta ve en el rebaño disperso el fracaso de los pastores. Y con la misma imagen despierta la esperanza de un pastor que no disperse, ni expulse, ni deje perder; sino que congregue y guíe a la vida. En él estará Dios como sabiduría, paz, justicia y seguridad para su pueblo.
Lectura del Profeta Jeremías 23,1-6.
¡Ay
de los pastores que dispersan
y dejan perecer las ovejas de mi rebaño!
-oráculo del Señor-.
Por
eso, así dice el Señor, Dios de Israel:
A los pastores que pastorean a mi pueblo:
Vosotros dispersasteis mis ovejas,
las expulsasteis, no las guardasteis;
pues yo os tomaré cuentas,
por la maldad de vuestras acciones
-oráculo del Señor-.
Yo
mismo reuniré el resto de mis ovejas,
de todos los países a donde las expulsé,
y las volveré a traer a sus dehesas,
para que crezcan y se multipliquen.
Les pondré pastores que las pastoreen:
ya no temerán ni se espantarán
y ninguna se perderá
-oráculo del Señor-.
Mirad
que llegan días
-oráculo del Señor-
en que suscitaré a David un vástago legítimo:
reinará como rey prudente,
hará justicia y derecho en la tierra.
En sus días se salvará Judá,
Israel habitará seguro.
Y lo llamarán con este nombre:
«El-Señor-nuestra-justicia.»
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