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Señor, Dios y Padre nuestro,
te hemos conocido en Jesús
Y seguimos reconociéndote en los hombres, hermanos.
Pero no siempre.
A veces convertimos nuestro encuentro contigo en rutina,
rutina en la oración,
rutina en la misa,
rutina en tantas y tantas devociones por costumbre.
Enséñanos a encontrarte con ilusión,
sorpréndenos en cada encuentro,
para que nunca convirtamos tu gracia en costumbre.
Y a veces evitamos el encuentro con el prójimo,
pasamos de largo,
sin reparar en él,
pasamos de prisa,
para que no nos complique la vida,
pasamos y no lo miramos,
no te vemos.
Ayúdanos a ser samaritanos,
a detenernos con el hombre en la cuneta,
con los que sufren, con los que lloran,
con los que tienen hambre,
a prestarles ayuda y dedicarles tiempo,
y hacerlo siempre con amor,
sin herirles, con mucho amor.
Señor y Padre de los hombres,
haz que todos seamos compañeros en el mundo,
amigos en la vida,
hermanos en tu reino.
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