23 HOMILÍAS PARA EL DOMINGO XIII
21-23

 

21.

Fuente: Catholic.net
Autor: P. Antonio Izquierdo

Nexo entre las lecturas

"Llamada y respuesta": dos palabras que resumen el contenido sustancial de las lecturas del presente domingo. Jesús en su caminar hacia Jerusalén llama a algunos a seguirle y a darle una respuesta radical (Evangelio). En esto Jesús supera las exigencias del llamado y del seguimiento en el Antiguo Testamento, particularmente en la vocación de Eliseo (primera lectura). Los gálatas -y todos los cristianos en general- han sido llamados a la libertad del Espíritu, y por consiguiente tienen que responder con su comportamiento a su nueva condición de hombres libres, evitando caer otra vez en la esclavitud (segunda lectura).


Mensaje doctrinal

Los pasajes bíblicos de este domingo nos presentan algunas características fundamentales de la respuesta a la llamada que Cristo hace a los hombres. Características exigentes, nada convencionales.

1. Con Jesús hacia el Gólgota. Con el pasaje evangélico comienza Lucas la gran marcha de Jesús desde el lugar del triunfo y del éxito (Galilea) hacia el lugar de la muerte y de la derrota incomprensible (el Gólgota en Jerusalén). Jesús inicia esta marcha "con firme decisión". Él camina por delante, el primero, el abanderado de los designios del Padre, "para cumplir los días de su asunción", es decir, los días de su martirio fuera de los muros de Jerusalén y de su exaltación gloriosa mediante la resurrección. Los discípulos han dicho sí a la llamada y ahora siguen sus pasos, sin entender muy bien a dónde van. Jesús, en esta larga marcha hacia Jerusalén, les irá instruyendo y poco a poco captarán que el camino termina en una cruz. Jesús habla claro, pero la ceguera de los discípulos no es fácil de vencer. Necesitarán la luz de la Pascua.

2. Como Jesús, pasar haciendo el bien. Los hijos del trueno quieren arrojar fuego y centellas sobre el pueblo que rechaza darles hospedaje. Seguramente habían escuchado en la sinagoga que Elías había hecho caer fuego del cielo (1 Re 18, 38) y ellos no querían ser menos que aquel gran profeta. Pero Elías hizo bajar el fuego de Dios no sobre una ciudad y sus habitantes, sino sobre el sacrificio en el monte Carmelo. Santiago y Juan como buenos discípulos de Juan el Bautista van más allá, porque ellos han escuchado decir a su antiguo maestro que "el Mesías quemará la paja con fuego que no se apaga" (Lc 3,17). Lucas nos dice que Jesús "les reprendió con dureza". ¿Pero es que no se han enterado que Jesús no ha venido para hacer el mal, sino sólo el bien? ¿No entienden que Jesús camina hacia Jerusalén para vencer el mal con el bien sobre el Calvario?

3. Tres actitudes para seguir a Jesús. Podemos formularlas así: Entrega total, decisión absoluta, desprendimiento pleno. Hay que estar dispuesto a dejar el pasado, a no mirar hacia atrás, sino a tender los ojos hacia adelante, hacia la tierra que hay que labrar y que un día dará su fruto. En el seguimiento de Jesucristo no se admiten condiciones, si éstas implican subordinar el llamado al propio querer. Se pide radicalidad, porque el reino de Dios apremia y no puede esperar: Eliseo pudo poner condiciones a Elías (ir a despedirse de sus padres), pero el cristiano, si así lo requiere el Reino, ha de librarse de esta preocupación por un bien urgente y superior. Finalmente, al discípulo Jesús pide el poner exclusivamente en él su seguridad, renunciando a todo tipo de seguridades materiales y humanas. Jesús no tiene nada, sólo a su Padre. El discípulo habrá de estar dispuesto a no tener nada, sólo un camino y un caminante que le va llevando hacia la cruz.

4. Seguir a Cristo con libertad. Antes del bautismo el cristiano era esclavo de sí mismo y del Maligno. Cristo lo ha liberado, pero no para arrojarle otra vez a una nueva esclavitud, sino para que viva siempre en clave de libertad, bajo la guía del Espíritu Santo. Para un cristiano incircunciso, nos enseña Pablo, el circuncidarse es perder la libertad del Espíritu y caer en la esclavitud de la ley. Por otra parte, un cristiano, proveniente del paganismo, pierde la libertad si vuelve a vivir como antes, siguiendo las apetencias de la carne, como la idolatría, la fornicación, la discordia, las borracheras y, en general, cualquier forma de libertinaje. El cristiano, liberado por Cristo, ha de aceptar y vivir el riesgo y el reto de la libertad.


Sugerencias pastorales

1. Un camino y muchos senderos. Cristo es el único camino, un camino sobre el que se extiende, poderosa, la sombra de la cruz. Este es el único camino del seguimiento, de la misión, de la plenitud cristiana. Son, sin embargo, muchos los senderos que conducen a este camino. Son muchos los modos y tiempos con que Cristo llama a los hombres a caminar con él, junto a él. Está el sendero de la fidelidad conyugal y el de la consagración radical, está el sendero del sufrimiento y el de la entrega amorosa en el servicio a los necesitados, está el sendero de la vida pública y el de la vida oculta en el quehacer diario del hogar, está el sendero del espectáculo para descanso del hombre y el de la escuela para su instrucción. Está el sendero de...Todos los senderos pueden, deben encontrarse en el mismo y único camino: Jesucristo, maestro de los hombres, redentor del mundo. Al entroncar nuestro sendero con el camino de Cristo percibiremos que no llegamos desnudos al camino, sino que portamos con nosotros nuestra cruz y nuestro calvario. Y nos convenceremos quizá que la cruz de Cristo está hecha de millones de cruces, y el Calvario que sostiene la cruz es un promontorio formado por muchos calvarios. Es el momento de preguntarnos si el sendero de nuestra vida está entroncado al camino de Cristo. Es el momento de suplicar al Señor que nuestros senderos confluyan siempre en el camino de Cristo maestro y redentor.

2. Caminar sin entender del todo. En las cosas del espíritu no todo es claro, ni todo evidente. Pero uno no puede quedarse paralizado, hay que caminar aunque no se entienda todo ni del todo. Caminar mirando una estrella que un día se vio, y que ahora quizá está cubierta por una densa nube. Caminar, como Jesús, con paso firme, sin miedo, aunque la inteligencia quiera que detenga el paso e incluso que retroceda ante la niebla del camino. Caminar en el claroscuro de la fe, mirando siempre hacia adelante, hacia Jerusalén, la meta de nuestra existencia. Caminar, caminar, caminar... ¿No nos sucede a veces que nuestra inteligencia nos frena en el camino de la vida espiritual, del trabajo apostólico? Camina iluminado por el corazón, porque el corazón tiene sus razones que la razón no comprende. Y el amor difícilmente se equivoca.


22. DOMINICOS 2004

1.- Todos los hombres y todos los pueblos realizan grandes esfuerzos por gozar de libertad, saliendo de cualquier clase de esclavitud, salir de la represión a la libertad, como un derecho supremo y bien absoluto del hombre. Se considera que la libertad está en la raíz de la propia identidad como la mejor cualidad inherente a la dignidad de la persona humana.

2.- Al hablar de persona libre-libertad puede haber coincidencia de expresiones y a la vez gran diferencia en los contenidos que queremos significar. Variantes que incluso se dan dentro del mismo colectivo según sea la edad, la pertenencia a grupos étnicos o políticos, condicionamientos religiosos, nivel social y cultural, etc.

3.- El pueblo cristiano entendió de forma diferenciada la esclavitud-libertad a través de los tiempos (imperio romano, edad media, moderna y en los nuestros), al asumir en parte los criterios socio-culturales, y a la vez defender la peculiaridad de la libertad cristiana donde siempre subyace la originalidad que le presta ser esclavos en Cristo, como modelo y raíz de la verdadera libertad.

El cristianismo ofrece liberación total de ataduras y dependencias, liberación regulada por el amor al prójimo: sin él faltaría el clima necesario para obrar con verdadera libertad. Un esclavo puede pasar de un amo a otro, de una tiranía o esclavitud a otra; el cristiano está llamado a gozar de la libertad de Cristo que implica ante todo la liberación del egoísmo: Punto de partida y término de otras liberaciones parciales.

4.- Somos esclavos por amor como respuesta a la llamada de Cristo: Un amor exigente que deriva en austeridad para la propia vida y liberalidad comprensiva con los demás. Libertad básica o fundamental que es principio y término de los comportamientos; punto de apoyo y ayuda para triunfar en los ambientes individuales/sociales que generan nuevas dependencias y ataduras: poder, avaricia, drogadicción, sexo, etc.

Comentario Bíblico
El "seguimiento" como experiencia de libertad


Iª Lectura: 1Reyes (19,16-21): Eliseo "sigue" a Elías
I.1. La lectura nos presenta una narración que ofrece todos los indicios de la mentalidad de una época, pero que pone de manifiesto esa ruptura que los profetas expresan en sus vidas como ejemplo a seguir. En la narración aparece el gran profeta Elías que, con el signo ancestral de su manto, capta a su discípulo Eliseo para que le siga; porque, cuando Elías desaparezca, Eliseo debe mantener viva la llama de la profecía, la voz de Dios. El signo del manto es el signo evidente de para qué sirve un manto, para proteger, para acoger. El manto de Elías es toda su vida, sus opciones por el Dios vivo, su defensa de la justicia.

I.2. Toda llamada implicará un cambio de mentalidad y una opción por lo que merece la pena. Habrá que romper con ideologías de mentalidades ancestrales, rutinarias, incluso familiares (no se refiere a los sentimientos, desde luego) para seguir el proyecto de Dios.


IIª Lectura (Gálatas 5,1-18): Nuestra vocación es la libertad
II.1. La carta de la libertad cristiana, tal como es designada la carta a los Gálatas, nos habla precisamente de ese don por el que luchó Pablo contra los que se oponían al evangelio que se le había revelado. El Apóstol sabe que la libertad puede malinterpretarse con el libertinaje; ¡todos lo sabemos! No obstante, el evangelio es el don de la libertad más grande que el hombre tiene que recuperar constantemente como don de Dios. El “apóstrofe” con que Pablo reclama a los cristianos la consecuencia de su vocación a la libertad es de una fuerza inaudita. Y deja claro que la libertad debe experimentarse en el amor. Sin el amor, la libertad cristiana también estaría herida de muerte. No se trata solamente de matices o de pura retórica: ¿De qué nos vale la libertad desde el odio? ¿Dónde nos lleva la libertad sin reconciliación?

II.2. Durante toda la carta, Pablo se ha mantenido en una actitud irrenunciable a los valores del evangelio que él predica, que recibió por revelación y por el que da la vida. Ese evangelio es la experiencia más grande de libertad que jamás hubiera podido soñar. Ahora, en la parte práctica de la carta (cc. 5-6) vuelve de nuevo sobre el tema. La libertad verdadera es un don del Espíritu; el libertinaje es una consecuencia del egoísmo (de la carne, como a Pablo le parece bien decir). La carne es todo ese mundo que nos ata a cosas sin sentido. El cristiano, como hombre que debe ser del Espíritu, está llamado a ser libre y a no esclavizarse en lo que no tiene sentido.


Evangelio (Lucas 9,51-62): Seguir a Jesús: renuncia a la violencia y a ideologías de muerte
III.1 La lectura del evangelio expone una ocasión clave de la vida de Jesús. Es el momento de ir a Jerusalén; es el comienzo del “viaje hacia la ciudad Santa” que en el tercer evangelista se recarga de un sentido teológico especial: porque se intenta presentar, de la forma más efectiva, la actividad de Jesús como profeta, a la vez que el evangelista se vale de la pedagogía de ese viaje para enseñarnos a ser discípulos de Jesús. No están claras las referencias geográficas del viaje (9,51-19,28). Nos encontramos con una insistencia clara en que Jesús se dirige a Jerusalén (9, 51-57; 10, 38; 18, 31.35; 19, 1). Estamos casi en el centro del evangelio y Lucas, a diferencia de Marcos, quiere privilegiar toda la “subida” a Jerusalén que será, en realidad, una “bajada” al abismo de la condena y de la muerte. El texto de hoy está formado por dos narraciones: la repulsa de Jesús en Samaría y las exigencias del discipulado. Él no hizo discípulos enseñándoles una doctrina, como los rabinos, sino enseñándoles a vivir de otra forma y manera.

III.2. La renuncia a la violencia que propugnan los hijos del Zebedeo porque no ha sido Jesús recibido en Samaría es ya una declaración de intenciones. Lo es también que el profeta galileo vaya a Jerusalén pasando por el territorio de los herejes samaritanos para anunciarles también el mensaje del Reino. Son rechazados y Jesús cuenta con ello, pero no se le ocurre incitar a la condena y a la violencia. Éste es un aspecto determinante del “seguimiento” de Jesús según Lucas. Merecería la pena comentar este episodio como paradigma de la actitud básica de Jesús en su decisión de ir a Jerusalén.

III.3. Por eso, inmediatamente después de la decisión de Jesús, se nos presenta el conjunto de las llamadas de Jesús a seguirle. La forma y la manera es distinta de lo que sucede entre Elías y Eliseo. Aquí es la palabra directa de Jesús, o la petición de los que quieren ser discípulos, o los que quieren informarse, como si fueran candidatos. Pero la radicalidad es la misma. Es una llamada para seguir a Jesús que ha decidido jugarse su vida como portavoz de Dios delante de los jefes y señores de este mundo que están en Jerusalén. Lucas quiere que los discípulos también tomen conciencia de lo que es este viaje, este proyecto y esta tarea. ¿Para qué seguir a Jesús? ¿Por qué romper con las ideologías familiares? ¿Por qué no mirar hacia atrás? Porque la tarea del Reino de Dios exige una mentalidad nueva, liberadora. Los seguidores de Jesús tienen que estar en camino, como Él; el camino es la vida misma desde una experiencia de fraternidad.

III.4. Los textos del seguimiento que Lucas ha tomado del evangelio de itinerantes, probablemente galileos radicales (Q), no tienen por qué ser caracterizados como los de los filósofos cínicos. Desde luego, Jesús no lo era, ni lo podía ser. Pero en esos dichos se refleja toda la crítica hacia las instituciones sociales y el desapego, incluso, de lazos familiares que puedan desviar la atención de las exigencias de Reino de Dios. No se trata de odio familiar, pues eso estaría contra el amor a los enemigos que Jesús defendió expresamente (Lc 6,27ss). Es, más bien, poner las cosas en su sitio cuando se trata de sacar adelante el proyecto de Dios, que puede no coincidir con intereses religiosos institucionales e incluso familiares. El discípulo de Jesús se abre a un horizonte nuevo, a una familia universal, a una religión de vida y no de muerte. Las palabras del seguimiento son rupturistas, pero no angustiosas; son radicales, utópicas si queremos, porque van a la raíz de la vida y porque son las que transforman nuestra vida y nuestro entorno social y religioso. Jesús quiere que le sigamos para hacer presente el reinado de Dios en este mundo. Y el Reino de Dios es lo único que puede traer la libertad a quien la anhela.

Fray Miguel de Burgos, O.P.
mdburgos.an@dominicos.org


Pautas para la homilía
"La llamada al seguimiento en la verdadera libertad"
Ama y haz lo que quieras

Esto decía san Agustín, como resumen del mensaje cristiano. El valor del amor manifestado por Jesús, en sus palabras y en su vida, es excelente y capaz de orientar de manera eficaz cualquier acción humana; amor afectivo de caridad, que se traduce en amor efectivo en obras de misericordia.

Una interpretación radicalmente distinta tiene esta afirmación en el lenguaje de hoy, dentro de una cultura asediada por propaganda erótica y sometida a manipulaciones egoístas. Amar y comportarse en la vida desde esos criterios induce superficialmente a relaciones sexuales de cualquier tipo, parejas de hecho, abusos y violencias. Pasar de una cultura de represión a una cultura de libertad implicaría en tal contexto la superación de las normas éticas, en que con facilidad domina o se impone el abuso de libertad, libertinaje por carencia de criterios éticos. Equivale a decir que nada es malo y todo queda permitido.

Todos estamos llamados a vivir en libertad y nos mostramos gozosos por asumirla como el valor por excelencia de la vida, tanto a nivel personal como comunitario. El cristiano se considera doblemente libre: su vocación es la libertad en Cristo al descubrir que entrega su vida por amor y llega a ser “esclavo” de los otros por o para ayudarles a conseguir en plenitud su propia libertad. Es capaz de elegir bienes permanentes, excelentes, universales a los que puede llegar saliendo de cualquier clase de esclavitud o tiranía.


¿Qué nos dice la Sagrada Escritura?.

La vocación profética se presenta como un nuevo nacimiento.

Eliseo es un rico agricultor que se desprende de todo con prontitud, se despide de la familia sin demoras y sigue al profeta. Al recibir el manto de Elías recobra suficiente personalidad para lanzarle a la misión: Queda convertido en hombre de Dios en el mundo del hombre. La fuerza del espíritu le capacita para secundarla, sin negarse radicalmente; antes por el contrario cooperando con libertad. A la voz de Dios hay una respuesta que le lleva a romper generosamente con el pasado y asumir un nuevo género de vida al servicio de la misión.

En el relato de San Lucas aparecen varias vocaciones al discipulado, cuando Jesús marcha camino de Jerusalén, que no son del todo entendidas por los oyentes. La austeridad exigida al discípulo en el seguimiento está encaminada a conseguir una libertad y disponibilidad mayor que le ayude a anunciar con nueva transparencia el Reino de Dios. Se trata de cultivar la exigencia en el ámbito de los propios intereses conjugada de manera admirable con la comprensión hacia quienes se manifiestan “diferentes” en las ideas o respuestas al anuncio liberador. Que baje fuego del cielo, en todo caso, para quemar los propios egoísmos, pero no para destruir a los adversarios o ajenos a la propia mentalidad.

Despego de los bienes y comodidades, ruptura con el pasado (incluso con el presente familiar) en pro del seguimiento. Todo para que pueda darse el nuevo nacimiento de la persona creyente cuya conciencia va a actuar en libertad desde la obediencia a la voluntad de Dios, manifestada por Jesucristo.

La fe ilumina de tal modo la conciencia, que las exigencias de fidelidad a sus mandatos están por encima de aquellos que se refieran a las leyes de la sociedad: es la justicia del Reino en defensa de los pobres, humildes y necesitados que ya anunciara el profeta Isaías la que impone sus exigencias. Va precedida de una conversión del corazón que atañe no sólo a cada individuo en particular, sino también a la comunidad plena.


Discernimiento en nuestras acciones pastorales

1.- Hay quien se entusiasma por la fama de Jesús. Uno se decide a seguirle a cualquier parte que vaya, quizás sin descubrir los propios intereses que anidan en ese seguimiento. Nadie puede fabricar un cristianismo según sus cálculos, beneficios o comodidad.. Jesús no tiene nada que ofrecer… fuera de la liberación plena y salvación gozosa.

No basta hoy con estar bautizados; no es suficiente que nos autodenominemos discípulos y que caminemos por cuenta propia, porque pueden quedar soterradas segundas intenciones en muchas tareas apostólicas. Es una invitación a interiorizar la fe, a liberarla del follaje o lastres culturales y personales que impiden descubrir el verdadero rostro de la fidelidad.

2.-El segundo de los casos referidos por el evangelista puede aludir a su apego al pasado, que en definitiva (como en el caso de Eliseo) debe quedar atrás y pertenece a otros. Al iniciar el seguimiento cotidiano de Jesús nos comprometemos a abandonar unos “restos” que deben morir; algo que es preciso superar por lo que tiene de atadura, auténticas bridas, que impiden avanzar con libertad de espíritu por el camino de las bienaventuranzas.

¿Cuántos apegos o adherencias actúan como auténtico lastre en nuestro vuelo?

3.- El tercero tiene bastante similitud con el anterior y puede concretarse de alguna manera con el mundo afectivo: quien se siente llamado intenta despedirse de los suyos. Jesús no está en contra del cuarto mandamiento, pero sí quiere que seamos capaces de mirar la vida con los ojos del corazón, con una mirada de eternidad basada en otros estilos amorosos.

Fr. Manuel González de la Fuente, OP
mgfuente.dominicos@telefonica.net


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