PRIMERA LECTURA

La llamada profética es como un nuevo nacimiento. Eliseo, al ser llamado, se desprende de todo lo que tiene, se despide de los suyos y sigue al profeta que le da la investidura. El manto profético le signa de nueva personalidad y le lanza a una misión. La prontitud de la respuesta no da lugar a largas despedidas. Pero una comida de comunión le retiene vinculado a los que deja. El profeta es el hombre de Dios en el mundo del hombre.

Seguir a Cristo, camino de la Jerusalén celeste, nos exige una actitud de pobreza y un desprendimiento incluso de realidades muy queridas. No podemos romper el signo de nuestra exclusividad absoluta en el servicio del Evangelio. Sabemos que la Eucaristía es nuestra comida en el camino hacia el Padre.

Lectura del libro primero de los Reyes 19, 16b. 19-21.

En aquellos días, el Señor dijo a Elías:

-Unge como profeta sucesor a Eliseo, hijo de Safat, natural de Abel-Mejolá.

Elías se marchó y encontró a Eliseo, hijo de Safat, arando, con doce yuntas en fila y él llevaba la última. Elías pasó a su lado y le echó encima su manto.

Entonces Eliseo, dejando los bueyes, corrió tras Elías y le pidió:

-Déjame decir adiós a mis padres; luego vuelvo y te sigo.

Elías contestó:

-Ve y vuelve, ¿quién te lo impide?

Eliseo dio la vuelta, cogió la yunta de bueyes y los mató, hizo fuego con los aperos, asó la carne y ofreció de comer a su gente. Luego se levantó, marchó tras Elías y se puso a sus órdenes.