PANORÁMICA DEL DOMINGO

 

1. El evangelio de hoy acopla dos milagros en una única narración. El leccionario prevé una lectura abreviada, pero debe ser recomendable leer el texto entero. De hecho, los tres sinópticos engarzan las dos curaciones en una relación seguida y no sin intención. Veámoslo: a) la mujer lleva doce años enferma (¡toda una vida!); la niña muere justamente a los doce años; b) la mujer va perdiendo la vida poco a poco (recordemos que la sangre es vida); la niña la pierde de golpe; c) la mujer actúa a escondidas (porque el flujo de sangre la convertía en "impura" y tocar a alguien era contagiarle su impureza) y con una mezcolanza de fe y de magia; el padre de la niña se presenta a Jesús y le pide su intervención; d) la mujer, al sentirse descubierta, tiembla atemorizada, pero Jesús la tranquiliza y le dice que es su fe la que la ha salvado y no el simple contacto físico; el padre de la niña es exhortado a tener fe y a no temer ni a la misma muerte.

2. Como el domingo pasado, nos hallamos, pues, ante una catequesis sobre la fe. La fe salva a aquella mujer de su enfermedad. Ya antes le había llevado a transgredir la ley (atravesar una barrera religioso-legal) y acercarse a Jesús hasta tocarle. Jairo es conducido por la fe a atravesar la barrera definitiva: "Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?", le dicen las plañideras escandalosas; es decir, ante el muro de la muerte no hay nada que hacer. Pero Jesús le dice: "No temas; basta que tengas fe". Los representantes de la muerte se ríen de él. Jairo, acompañado de Jesús, atraviesa el muro y recupera a la hija con vida.

3. "Dios no hizo la muerte. El abismo no impera en la tierra. Dios creó al hombre para la inmortalidad, y lo hizo a imagen de su propio ser". No es extraño que Jesús sea portador de vida y triunfe sobre la muerte. El Reino de Dios que anuncia es un reino de vida. Atención al salmo responsorial: "Cambiaste mi luto en danzas". Y en la colecta: nos has hecho hijos de la luz; que vivamos en el esplendor de la verdad.

4. Pablo pide a los Corintios que sean generosos, como Jesús: nos viene a buscar allí donde estamos (el dominio de la muerte) y nos enriquece con su pobreza; sometiéndose a la muerte nos abre a una vida plena; nos devuelve a la imagen original (el Dios inmortal), borrada por el pecado. El texto nos invita también a hablar de una manera muy realista y muy humana de la comunicación de bienes. Y no sólo a escala doméstica; también a escala mundial: entre los países de la abundancia y los países del hambre. Al fin y al cabo Jesús nos ha enriquecido a todos con su pobreza.

II. ALGUNAS INDICACIONES

1. Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser (1. lectura). La muerte es una cuestión siempre abierta. La fe de Israel, expresada en la narración del paraíso, es que Dios no quiere la muerte sino la vida; que el hombre no está destinado a la muerte, sino que su destino original -es decir, en el designio de Dios, que es el verdadero origen del hombre- es la vida plena: por algo ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. No obstante (y en contra de la letra de la lectura), el hombre, la tierra y el universo entero creado (según los científicos) son el dominio de la muerte. Es una lección de sana humildad que nos reconozcamos formando parte de esta tierra y de este universo perecederos. Que reconozcamos que la inmortalidad es un don gratuito, que va más allá de todas las posibilidades y las fuerzas del universo del que formamos parte. Y que las ansias de vida inscritas en nuestro corazón tienen su origen en aquel que nos ha creado y apuntan hacia el don gratuito e inesperado que nos da en Jesucristo, el Señor.

2. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado (salmo). ¡Qué oración más extraordinaria! Para recitarla cuando nos sentimos librados de una pena (la enfermedad, la enfermedad de una persona amada, una desgracia que nos oprimía...). Para recitarla en el momento de la muerte de un amigo creyente. Para cantarla con el Señor celebrando su Pascua. Para reconocer que por mucho que suframos -y hay personas y familias que sufren mucho-, por mucho que nos sintamos abandonados de Dios -y Jesús mismo se sintió abandonado: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?-, "su cólera dura un instante; su bondad, de por vida; sacaste mi vida del abismo, me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa".

3. Vuestra abundancia remedia la falta que tienen los hermanos pobres (2. lectura). San Pablo se nos muestra muy humano y sensato. Los bienes de la tierra son para todos: practiquemos, pues, la ley de los vasos comunicantes. Una exhortación especialmente apremiante en nuestra situación mundial. ¿Qué podemos hacer? A los cristianos, el ejemplo de Jesucristo no nos puede dejar tranquilos. Si él nos ha enriquecido con su pobreza (asumiendo la pobreza humana, hasta la muerte y muerte en cruz), no podemos ser insensibles a la miseria extrema de aquellos hermanos por los cuales también ha muerto el Señor.

4. La niña no está muerta, está dormida (evangelio). También hoy se ríen de los creyentes cuando decimos esto. Como los "impíos" de que habla el capítulo segundo del libro de la Sabiduría (léanse íntegros los capítulos 1 y 2). Así como nos sentimos perdidos ante la naturaleza desatada, que no dominamos (domingo pasado), también nos sentimos desamparados ante la enfermedad, que nos arranca la vida poco a poco, y ante la muerte. Pero el Señor nos salva de estas situaciones extremas. El evangelio y las demás lecturas son una invitación a nuestra fe: Jesús nos salva de estas situaciones desesperadas y hace brillar esplendorosamente la imagen del Dios inmortal, inscrita en nuestro ser desde el primer momento de nuestra existencia.

JOSEP M. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1994, 9