PRIMERA LECTURA
Un teólogo de la creación la vio toda buena (Gén 1) y otro la observó envuelta en mal (Gén 3). Al sabio de la hora tardía no le preocupa la muerte biológica que es a todas luces natural; pero sí la muerte del espíritu, que se vincula al pecado. El hombre es imagen de Dios, y por ello destinado a la vida. La muerte no viene de Dios, sino del mal que tuerce el destino. Vida y muerte son dos suertes de existencia: en la una reina la justicia y en la otra el pecado.
Lectura del libro de la Sabiduría 1,13-15; 2-23-25.
Dios
no hizo la muerte,
ni se recrea en la destrucción de los vivientes;
todo lo creó para que subsistiera;
las criaturas del mundo son saludables,
no hay en ellas veneno de muerte
ni imperio del Abismo sobre la tierra,
porque la justicia es inmortal.
Dios
creó al hombre incorruptible,
le hizo imagen de su misma naturaleza.
Por
envidia del diablo entró la muerte en el mundo,
y la experimentan los que le pertenecen.
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