SAN
AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO
Mt 9,36-10,8: Se apacientan a sí mismos, no a las ovejas
Veamos, pues, lo que había propuesto tratar: si quita las ovejas a los pastores malos y se las da a los buenos. Veo que, efectivamente, quita las ovejas a los pastores malos. Por esto dice: He aquí que yo vengo sobre los pastores y reclamaré mis ovejas de sus manos, los retiraré para que no apacienten mis ovejas, y no se apacentarán más a sí mismos (Ez 34,10). Cuando les digo que apacienten mis ovejas, se apacientan a sí mismos, no a mis ovejas. Los retiraré, para que no apacienten mis ovejas. ¿Cómo los retira para que no apacienten sus ovejas? Haced lo que dicen, pero no hagáis lo que ellos hacen (Mt 23,3). Como si dijera: «Dicen lo mío, hacen lo suyo». Podía haber dicho: «Haced tranquilamente lo que hacen; a ellos los condenaré por vivir mal, pero a vosotros os perdonaré, porque habéis seguido a quienes son vuestros pastores». Si hubiera dicho esto, repito, hubiese aterrado a los malos pastores, que se apacientan a sí mismos, no a las ovejas.
Pero infunde temor no sólo al ciego que guía, sino también al ciego que le sigue, -pues no dice: «Cae en la fosa el que guía, pero no cae el que le sigue», sino: Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en la fosa- (Mt 15,14); por eso advierte a las ovejas diciéndoles: «Haced lo que dicen; no hagáis lo que ellos hacen. Cuando no hacéis lo que hacen los malos pastores, entonces no os apacientan ellos; cuando hacéis lo que dicen, yo os apaciento. Proclaman mis preceptos y no los cumplen». «Con tranquilidad, dicen algunos, seguimos a nuestros obispos». Esto suelen decirlo frecuentemente los herejes, cuando son convencidos por la verdad manifiesta: «Nosotros somos ovejas; ellos darán cuenta de nosotros». Ciertamente darán mala cuenta de vuestra muerte. El mal pastor dará mala cuenta de la muerte de la oveja maligna. ¿Acaso vive la oveja porque se presenta su piel? Se recrimina al pastor el haber descuidado a la oveja extraviada, por lo que cayó en las fauces del lobo y fue devorada. ¿De qué le aprovecha presentar la piel? ¿Acaso podrá mentir el pastor? Lo veía desde arriba quien luego lo juzgará; le cuenta las palabras, los hechos y ve sus pensamientos. Dé cuenta el mal pastor de la piel de la oveja muerta. «Le anuncié tus palabras, y no quiso seguirlas; me esforcé para que no se extraviase del rebaño y no me obedeció». Si dice esto y con ello dice la verdad -Dios sabe si dice la verdad-, da buena cuenta de la oveja mala.
Si, por el contrario, ve Dios que descuidó la oveja extraviada, que no buscó a la que se perdía, ¿de qué le sirve haber encontrado la piel que poder presentar? Debería haberla reconducido al rebaño para no tener que mostrar su piel, ya muerta. Si, pues, no dio buena cuenta quien no la buscó cuando estaba extraviada, ¿qué cuenta dará quien la extravió? Esto es lo que oigo: «Si el obispo de la Iglesia católica no da cuenta de la oveja, si no la busca cuando está extraviada del rebaño de Dios, ¿qué cuenta ha de dar el obispo hereje que no sólo no la recondujo del extravío, sino que la impulsó a él?»
Sermón 46,21
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