SEGUNDA LECTURA

La generosidad humana llega a dar la vida por un hombre bueno o por una causa justa. Cristo, sin embargo, dio su vida por la humanidad pecadora, mientras lo era todavía. Después de semejante generosidad, ¿qué duda puede ensombrecer la esperanza cristiana?

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Romanos  5, 6-11.

Hermanos:

Cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos -en verdad, apenas habrá quien muera, por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir-; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

¡Con cuánta más razón, pues, justificados ahora por su sangre, seremos por él salvos de la cólera!

Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo; ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!

Y no sólo eso, sino que también nos gloriamos en Dios, por nuestro Señor Jesucristo, por quien hemos obtenido ahora la reconciliación.