SEGUNDA LECTURA

La fe cristiana no es meramente intelectual («interpretar el mundo»), sino profundamente activa y operante («transformar el mundo»). Es, además de fe y por ello mismo, esperanza: esperanza contra toda esperanza, optimismo incorregible, que actúa a pesar de todo.

 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo á los Romanos, 4, 18-25

Hermanos:

Abrahán, apoyado en la esperanza, creyó,, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.»

No vaciló en la fe, aun dándose cuenta de que su cuerpo estaba medio muerto -tenía unos cien años- y estéril el seno de Sara.

Ante la promesa no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe por la gloria dada a Dios al persuadirse de que Dios es capaz de hacer lo que promete, por lo cual le fue computado como justicia.

Y no sólo por él está escrito: «le fue computado», sino también por nosotros a quienes se computará si creemos en el que resucitó de entre los muertos, nuestro Señor Jesús, que fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación.