COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 6. 24-34
Par:/Lc/16/13:/Lc/12/22-31
1.
El término "pagano" no tiene sentido peyorativo. Significa sencillamente los buenos hombres que no conocen a Dios, que no saben de Él, que no sienten su cercanía. Vosotros, en cambio, que sabéis de Él, ¿por qué no sois diferentes? Tendríais que ser diferentes. Buscadle a Él, buscad su justicia, y veréis cómo todo lo que tanto agobio os produce se os dará por añadidura.
El texto de hoy no es el de un iluso desfasado y poco práctico.
Se ha escrito atinadamente que Jesús apenas habla de Dios pero que siempre habla desde Dios, a quien siente, a quien ama, con quien vive. Hoy es uno de los pocos textos en los que, además, Jesús habla de Dios. ¡Qué sencillamente lo hace! ¡Qué maravillosamente! Este sí que es el Dios verdadero, el que hace posible que desaparezca el agobio por la comida, la bebida y el vestido, el que hace posible que todo esto sea superabundante.
A. BENITO
DABAR/87/17
2.
Tenemos aquí el enunciado general de esta instrucción sobre las preocupaciones de esta vida en relación con la premura del reino.
El v. 33 será la conclusión y pondrá de manifiesto la instrucción. Es muy importante no caer bajo el agobio de las preocupaciones de la vida, ya que el reino y sus contornos se diluirían con facilidad. No está prohibido trabajar sino hacerlo en la intranquilidad y la angustia. Dios se preocupa del que cree en eso que es esencial: la opción por el reino.
Este símil de los pájaros no viene aquí a resaltar su inactividad, sino su serena actividad, sin inquietudes ni agobios. Dios colma sobradamente la actividad pequeña y elemental de los pájaros. ¡Cuánto más colmará el deseo profundo del hombre! Dios solamente rompe el círculo opresor de la limitación y de la necesidad del hombre. Sólo Dios da continuidad y perpetuidad a la aspiración más íntima del hombre.
El segundo símil para aclarar la idea que se quiere exponer es este de los lirios, asimilados a la hierba en el v. 30 (cf. Sal 103. 15). Difícil de expresar de forma tan sencilla la fe de Jesús y de sus discípulos en Dios creador. Dios lejano, pero inmensamente cercano al hombre. Dios potente, pero delicado en su amor para cada hombre y cada cosa.
Para llegar a descubrir esta naturaleza fundamentalmente bienhechora de Dios y encontrar en ella una llamada a la confianza, es necesaria la fe (cf. 8. 26; 14. 31).
Este es el sentido general y la conclusión a la que se quería llegar. Lo mismo que los paganos "buscan" un tipo de vida lo más muelle posible, los creyentes "buscan" (el mismo verbo) gozosamente el reino. No se trata de una búsqueda apasionada e inquieta, sino que se tiene la seguridad de que el que busca encuentra (7. 8), ya que el término de todo es Jesús mismo. Todo esto no enseña una confianza pasiva en la providencia, ni el desprecio de las necesidades del cuerpo, como opuestas a las del alma, sino que llama a una búsqueda de lo esencial y, en consecuencia, a una sosegada simplificación del tren de vida que llevamos. Son dos concepciones diferentes de la vida, pero nunca una oposición entre trabajo y ocio. La confianza en Dios da al creyente una mayor actividad.
EUCA/87/11
3.
El punto central de los vv. 25-35 es la exhortación a buscar sobre todo el Reino de Dios: ésta debe ser la primera preocupación del cristiano, la única preocupación verdaderamente importante. En JC, que vive totalmente orientado hacia el Padre, se nos manifiesta el Reinado de Dios. La gozosa preocupación del discípulo consistirá, por tanto, en orientar su existencia hacia Dios: en esto consiste la justicia del Reino.
Si el discípulo vive -como vivió Jesús- orientado hacia Dios, participa también de esta fe y de esta gozosa confianza en el Padre que se refleja en estos versículos. Las palabras de Jesús ponen el acento en el hecho de no agobiarse, repetido como un estribillo ("no estéis agobiados por la vida...; ¿quién de vosotros, a fuerza de agobiarse...?; ¿por qué os agobiáis...?; no andéis agobiados pensando...; no os agobiéis por el mañana").
No agobiarse por la comida, la bebida o el vestido no significa vivir en una ingenua despreocupación. Agobiarse por esto significará comprometer toda la vida y las energías de la persona en la adquisición de los bienes materiales, y perseguir esto, como preocupación fundamental de la vida, es propio de paganos (para los oyentes de Jesús, la mención de los paganos debía ser una expresión muy fuerte).
El discípulo está llamado a vivir como hombre de fe en Dios, de quien provienen todos los bienes, especialmente la vida ("¿Quién de vosotros, a fuerza de agobiarse, podrá añadir una hora al tiempo de su vida?"). Y vivir con esta actitud de fe en Dios, que se preocupa incluso de los pájaros del cielo y de la hierba de los prados -sinónimo de algo pasajero- supone orientar la vida cara al Reino y trabajar con paz en el corazón y sin agobios -fruto de la fe en Dios y de la orientación de la vida hacia Él- por la vida de cada día.
J- ROCA
MI-DO/81/03
El texto empieza anunciando la disyuntiva: o Dios o el dinero. El considerar "importante" la acumulación de dinero o riqueza es decididamente incompatible con servir a Dios, porque esta acumulación exige la dedicación del corazón del hombre, ocupa todo el hombre, y le hace imposible -por mucho que se lo propusiera- servir al mismo tiempo a Dios. El dinero, pues -con todo lo que implica de preocupación primordial por el propio provecho, por el bienestar como criterio definitivo, por el asegurar por encima de todo el tener más y más-, son el ídolo que resume todo lo que se levanta contra Dios: incluso, en el texto original de la lectura de hoy, se personifica el dinero con el nombre de "Mammón", para que quede claro que se trata de un ídolo que exige la misma lealtad que Dios.
Luego viene la explicación de este principio. Hay que evitar entender las explicaciones y comparaciones sobre los pájaros y los lirios como si Jesús exhortase a no preocuparse para poder vivir: su auditorio eran campesinos y trabajadores, a los que difícilmente les habría podido decir que no trabajasen o que no vigilasen las cosechas... Lo que Jesús les dice es que lo que vale la pena es la vida y el cuerpo, más que el alimento y el vestido. Y que, por tanto, hay que evitar el poner la vida al servicio de las cosas inferiores como la acumulación de alimento o de vestido -la acumulación de dinero, en definitiva-, sino que estas cosas hay que tenerlas en cuanto son necesarias, y preocuparse por tenerlas, porque son necesarias -los pájaros también trabajan duramente para lograr su comida...-, pero nada más.
La vida debe ponerse al servicio de lo que vale la pena: y lo que vale la pena no es el dinero -como piensan los paganos-, sino Dios. Por eso, el resumen de todo es la frase final: lo que hay que buscar es el Reino de Dios, y al servicio de esta búsqueda hay que poner todo lo demás. Porque si uno busca el Reino de Dios, lo demás, en última instancia, ya está asegurado: bastará con lo que haya.
Por ello, pues, no se puede servir simultáneamente a Dios y al dinero: porque si uno quiere servir al dinero, ya no puede subordinarlo todo a la búsqueda del Reino de Dios.
j. LLIGADAS
MI-DO/78/10
5.
-"Nadie puede estar al servicio de dos amos". El servicio de Dios reclama un desprendimiento respecto a los tesoros ilusorios y una decisión y entrega sin equívocos ni fisuras. Ahora se nos aclara el porqué: hay personas que imaginan que el servicio a diversos amos es posible. Pero el hecho es que uno está siempre al servicio exclusivo de algo o de alguien; no en el sentido de una ocupación concreta y mensurable, sino en el sentido de una disponibilidad profunda del ser del hombre.
-"Mirad a los pájaros: no siembran..." No conviene que esto sea leído como una invitación a una cierta gandulería piadosa que nos coloque en una posición de confianza inactiva hacia Dios. El ejemplo de los pájaros no es un caso de inactividad, puesto que vuelan y buscan; sino de libertad, vuelan libremente por los aires, más allá de las preocupaciones concretas y de las servidumbres de la tierra. Y con todo, Dios les da más de lo que les corresponde por su faena. "¿No valéis vosotros más que ellos?" Si éste es el comportamiento de Dios hacia los pájaros, mucho más lo será hacia los hombres. Dios es el creador y el señor de la vida, y la da a manos llenas. El hombre es invitado a la confianza alegre y no a la angustia desesperanzada, buscando él solo el sentido de su existencia.
J. NASPLEDA
MI-DO/90/05
6.
Existe una diferencia entre "servir a Mammon" y "preocuparse simplemente de lo que se va a comer". Esta última preocupación puede ser sana, no es necesariamente una esclavitud de Mammon. (...) La enseñanza que se desprende de esta perícopa es doble: por una parte, subraya la imposibilidad de servir a dos amos a la vez (v. 24); por otra, pone en evidencia la actitud cristiana ante la inquietud (vv. 25-33). En el primer caso, Cristo se dirige a los ricos (véase el contexto en el que Lc sitúa esta frase: 16.1-9/13-15); en el segundo, por el contrario, habla a los pobres que se hallan expuestos a la inquietud ante su desamparo y a perder por ello su libertad de espíritu. A pesar de todo, el Evangelio transmite un mensaje único: tanto si se es rico como si se es pobre, nuestra vida está orientada hacia el Reino, y esta orientación no puede ponerse en duda a base de requisitorias o de preocupaciones que eludirían esa opción fundamental.
-El servicio de Dios no admite componendas (Dt 6. 13; 10. 20; 11. 13); la opción de la fe exige una libertad interior respecto a todo lo demás, especialmente a todo lo que puede atar al mundo (1 Tm 6. 10).
-Por otra parte, si Dios vela con solicitud sobre criaturas tan insignificantes como los pájaros y las flores, aun cuando no hacen nada, qué cuidado no tendrá de esas criaturas más dignas que son los hombres, que colaboran eficazmente en su obra. Cristo libera a las almas de su inquietud (pero no les invita a imitar la despreocupación de los pájaros) con el fin de que puedan consagrarse con una total entrega y fidelidad a la búsqueda del Reino (vv. 31-33). En este punto de su argumentación introduce Cristo una mención del "Padre", dando así a entender que el sentimiento de confianza filial debe tranquilizar la natural inquietud. Y a quienes buscasen tan solo en una pertenencia material al Reino la tranquilización de su inquietud, Mateo les sale al paso añadiendo al texto de Cristo... "y su justicia" (como ya en Mt 5. 6/10) para subrayar que no se encontrará paliativo a la inquietud sino en la observancia de esa justicia nueva que vienen juntamente a definir las bienaventuranzas y el discurso en la montaña.
MAERTENS 2.Pág. 321
7.
Contexto. El sermón de la montaña. Mateo lo ha situado tras la invitación de Jesús a seguirle para ser "pescador de hombres". En el evangelio de Mateo, el sermón de la montaña tiene por función explicar qué significa eso de ser pescador de hombres. Texto. Principio general, justificación del mismo y nueva formulación del principio en términos personales y concretos (v. 24).
Consecuencia práctica (vs. 25-34). Díptico vida-alimento, cuerpo-vestido (v. 25). Explicación de la primera tabla del díptico (vida-alimento, vs. 26-27). Explicación de la segunda tabla (cuerpo-vestido, vs. 28-30). Doble conclusión que se saca de las explicaciones (vs. 31-33 y v. 34).
La consecuencia práctica gira en torno al verbo "estar agobiado", que se repite en cinco ocasiones (vs. 25, 27, 28, 31 y 34). La consecuencia práctica se formula de manera directa en la doble conclusión, sobre todo en los vs. 31-33.
El tono de los vs. 25-34 es personal y exhortativo. Son reflexiones afectuosas del Maestro, que saben a coloquio en familia. El estilo espontáneo, la viveza de las interrogaciones, el aliento de profundo sentido poético y humano hacen de estos versículos una página encantadora e inimitable.
Pre-texto. Dios y dinero: dos "amos" con intereses absorbentes y divergentes. Paganos: los no judíos, es decir, todos los que no tienen experiencia del Dios bíblico. Andar agobiado: estado de ánimo de quien, por haber exagerado en el horizonte de su existencia la perspectiva de los bienes materiales, compromete en su adquisición y acrecentamiento las energías del espíritu.
Sensibilidad estética como actitud y lenguaje poético como formulación. Sólo desde estos presupuestos se puede leer y explicar esta página evangélica. Sin estos presupuestos, mejor es renunciar a hablar este domingo. Estamos ante una obra de arte exquisita. ¡Por favor, no la estropeemos!
Sentido del texto. Se puede formular en estas dos proposiciones: el dinero esclaviza la libertad, sometiéndola al servicio de un ídolo (v. 24); el dinero angustia la existencia (vs. 25-34). "¡Pero más la angustia el no tenerlo!" En efecto, así es como hablan los paganos.
Frente a la fascinación del dinero, fácilmente entronizado a categoría de "dios", Jesús hace un llamamiento a la reorientación teocéntrica del vivir humano: "Buscad primero el Reino de Dios y su justicia". "Primero" no encabeza una ordenación cronológica (como si después hubiera necesidad de buscar el alimento y el vestido), sino que señala un valor supremo y único.
¡Gente de poca fe! ¿No radicará aquí nuestro fallo? Es decir, ¿no será que Dios es también para nosotros, los que nos decimos sus hijos, una sigla?
DABAR/78/33
8.
Si Dios vela con solicitud sobre criaturas tan insignificantes como los pájaros y las flores, aun cuando no hacen nada, qué cuidado no tendrá de esas criaturas más dignas que son los hombres, que colaboran eficazmente en su obra. Cristo libera a la almas de su inquietud (pero no les invita a imitar la despreocupación de los pájaros) con el fin de que puedan consagrarse con una total entrega y fidelidad a la búsqueda del Reino (vv. 31-33). En este punto de su argumentación introduce Cristo una mención del "Padre", dando así a entender que el sentimiento de confianza filial debe tranquilizar la natural inquietud. Y a quienes buscasen tan sólo en una pertenencia material al Reino la tranquilización de su inquietud, Mateo les sale al paso añadiendo al texto de Cristo..."y su justicia" (como ya en Mt. 5, 6-10) para subrayar que no se encontrará paliativo a la inquietud sino en la observancia de esa justicia nueva que vienen justamente a definir las bienaventuranzas y el discurso en la montaña.
MAERTENS-2.Pág. 321 s
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