SAN AGUSTÍN
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* Mc 2,1-12: Pon ante el Señor tu alma paralítica
No fortalecisteis a la oveja débil (Ez 34,4). Lo dice a los pastores malos, a los pastores falsos, a los que buscan sus intereses, no los de Jesucristo; a quienes se gozan de la comodidad que les da la leche y la lana, descuidando por completo las ovejas y no robusteciendo a la que se encontraba débil. Hay diferencia entre el débil y el enfermo, aunque decimos que los enfermos están débiles. Opino que debemos poner una diferencia entre el débil y el enfermo, esto es, el que no se encuentra bien. Nosotros, hermanos, establecemos una diferencia. Quizá podríamos hallar otra poniendo mayor atención; o quizá otro más perito o iluminado por la luz del corazón podría distinguir mejor esto que intentamos distinguir a toda costa. Mas para que no os sintáis defraudados, voy a decir lo que siento, en lo que respecta a las palabras de la Escritura. En el débil ha de temerse que venga la tentación y le quebrante. El enfermo, en cambio, sufre ya a causa de algún deseo, y este mismo deseo le impide entrar por el camino de Dios y someterse al yugo de Cristo.
Fijaos en aquellos hombres que quieren vivir rectamente, que se han determinado a vivir de esta forma y que, sin embargo, no están dispuestos a soportar los males como preparados para realizar el bien. Pertenece a la fortaleza cristiana no sólo obrar el bien, sino también tolerar el mal. Quienes parecen enfervorizarse en obrar el bien, pero no quieren o no pueden tolerar los sufrimientos inminentes, son los débiles. Quienes por un mal deseo, siendo amantes del mundo, se retraen de las buenas obras, yacen enfermos y lánguidos; éstos, por su misma enfermedad, como hallándose sin fuerza alguna, no pueden obrar bien alguno. Tal fue en el alma aquel paralítico: los que le llevaban no pudiendo presentarlo al Señor, abrieron el techo y por él lo dejaron caer (Mc 2,3-4). Es como si quisieras hacer esto con con el alma: abrir el techo y poner ante el Señor el alma paralítica, descoyuntada en todos sus miembros y sin obra buena alguna, cargada con sus pecados y sufriendo con el mal de su deseo. Quizá están descoyuntados todos los miembros y padeces una parálisis interior y no puedes llegar al médico; tal vez se oculta el médico y está dentro, es decir, quizá está oculto el auténtico sentido de la Escritura; abre el techo y baja al paralítico, descubriendo lo que está oculto. Escuchasteis ya lo que oirán quienes no hacen esto o lo realizan negligentemente: no fortalecisteis a la que estaba débil y a la que estaba fracturada no la vendasteis.
Acerca de esto ya hemos hablado. Se halla alguien quebrado por el terror de las tentaciones. Llegue a él aquella consolación con la que se venda lo que está fracturado: Fiel es Dios que no permitirá que seáis tentados por encima de lo que podéis soportar, sino que con la tentación dispondrá también la salida para que podáis resistirla.
Sermón 46,13