SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA

 

2 Cor 1,18-22: Mira las arras que posees

¿Cómo, pues, querías ensanchar el lugar para Dios? Que el mismo inquilino lo ensanche. El amor de Dios se ha extendido en vuestros corazones, no ciertamente por obra nuestra, sino por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5). Si el amor se ha extendido en nuestros corazones y Dios es amor (1 Jn 4, 8), he aquí por qué pequeñísima prenda se pasea Dios en nosotros. Hemos recibido algo como prenda. ¿Qué será aquello por lo que se da algo como prenda, si lo dado es tal? Hay que reconocer que son más fieles los códices que escriben «arras» que los que tienen «prenda». Los distintos traductores quisieron expresar la misma realidad.

En el lenguaje ordinario, sin embargo, existe alguna diferencia entre arras y prenda. Cuando se da algo en prenda, ésta se recupera una vez entregado aquello por lo que se había dado; no dudo que muchos de vosotros ya lo habéis comprendido; no lo veo, mas por el hecho de que unos habláis con otros, percibo que quienes han entendido quieren exponérselo a quienes aún no lo han conseguido. Lo diré, por lo tanto, algo más llanamente, para que su comprensión alcance a todos. Recibes, por ejemplo, un códice de un amigo; para que te lo dé, le dejas algo en prenda. Cuando le hayas devuelto lo que de él recibiste y por lo cual diste aquello en prenda, aquél tendrá lo que le devolviste y tú recuperarás lo que le habías dejado en prenda. ¡No va a quedarse con ambas cosas!

¿Qué opináis, hermanos? Si Dios nos donó ahora como prenda el amor por medio del Espíritu Santo, cuando nos devuelva la misma realidad prometida, y por la cual nos dio la prenda, ¿nos quitará ésta? En ningún modo, sino que lo que nos dio, nos lo completará. Por ello, es mejor decir arras que prenda. Por ejemplo: en un determinado momento te dispones a pagar un precio por una cosa que posees por un justo contrato y anticipas una parte del importe. Serán arras, no prenda, porque ha de completarse la cantidad pagada y no será restituida. Comprende, pues; si encuentro a un amante, tiene las arras y al mismo tiempo desea la plenitud a que le dan derecho las mismas. Medite en las mismas arras. Aquello de que se dan las arras será completado. Piense en ello, discuta sobre ello consigo mismo, examínelo, pregúntese por aquella plenitud que aún no ve, no sea que desee recibir en plenitud otra cosa distinta de aquello de que recibió las arras. Tal vez Dios va a dar oro: él mismo habrá de completar la totalidad del oro, y dio oro como arras. Sería de temer que tú, en lugar de oro, deseases plomo. Mira, pues, las arras que posees. Si yo pudiera persuadirte hacia dónde has de mirar, te diría: Dios es amor.

Sermón 23,8-9