SEGUNDA LECTURA
La fe cristiana no es una ilusión que se desvanece; no es un momento de entusiasmo juvenil que más tarde se convierte en desengaño senil. La fe cristiana es un «amén», un «sí» de las promesas divinas. Eso sí, nuestra seguridad no es de origen humano, sino divino: el sello del Espíritu Santo.
Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pablo a los Corintios 1,18-22.
Hermanos:
¡Dios me es testigo!
La palabra que os dirigimos no fue primero «sí» y luego «no».
Cristo Jesús, el Hijo de Dios el que Silvano, Timoteo y yo os hemos anunciado, no fue primero «sí» y luego «no»; en él todo se ha convertido en un «sí»; en él todas las promesas han recibido un «sí». Y por él podemos responder «Amén» a Dios, para gloria suya.
Dios es quien nos confirma en Cristo a nosotros junto con vosotros.
Él nos ha ungido, Él nos ha sellado, y ha puesto en nuestros corazones, como prenda suya, el Espíritu.
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