PRIMERA LECTURA
La memoria del pasado puede retirar la atención de lo que está siendo y de lo que va a ser. El profeta recuerda a los desterrados su poco glorioso pretérito. Sólo vale la pena recordar al Dios que perdonó. Pero Dios no se reveló allí enteramente, ni retiró ya su presencia, ni concluyó su obra. Reanuda ahora la maravilla de salvar y de saciar la sed de los que van con activa esperanza hacia lo nuevo en su revelación.
Lectura del Profeta Isaías 43,18-19. 21-22. 24b-25.
Esto dice el Señor:
No recordéis lo de antaño,
no penséis en lo antiguo;
mirad que realizo algo nuevo;
ya está brotando, ¿no lo notáis?
Abriré un camino por el desierto,
ríos en el yermo,
para apagar la sed
del pueblo que yo formé,
para que proclamara mi alianza.
Pero tú no me invocabas, Jacob;
ni ti esforzabas por mí, Israel;
no me saciabas con la grasa de tus sacrificios;
pero me avasallabas con tus pecados,
y me cansabas con tus culpas.
Yo, yo era quien por mi cuenta
borraba tus crímenes
y no me acordaba de tus pecados.
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