EVANGELIO

La proclamación del Evangelio es una buena noticia para los pobres y una mala noticia para los ricos. Es imposible una evangelización neutral. El amor cristiano debe ser ciertamente universal: pero tiene una doble dirección: amor a favor de los pobres, y amor contra los ricos.

Las Bienaventuranzas suponen un cambio real de situaciones existenciales. Y no podemos celebrar dignamente los misterios santos si no vivimos en pobreza, en dolor, en incomprensión, en obediencia y confianza en Dios. Solamente así llegaremos a ser bienaventurados.

 

Lectura del santo Evangelio según San Lucas 6,17. 20-26.

En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.

El, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:

-Dichosos los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios.

-Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.

-Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis.

-Dichosos vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del Hombre.

Alegraos ese día y saltad de gozo: porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.

Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo! ¡Ay de vosotros, los que estáis saciados, porque tendréis hambre! ¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis! ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.