SAN AGUSTÍN COMENTA LA 2ª LECTURA

1 Cor 15,12.16-20: La vida futura: amar alabando y alabar amando

La lectura del evangelio nos llenó de pánico, pues se refería al último día (Mt 24,4). Pero tal pánico engendra seguridad, en cuanto que movidos por él, nos ponemos en guardia y puestos en guardia, conseguimos esa seguridad. Como una seguridad precipitada nos empuja al temor, así la preocupación que nace del orden engendra seguridad. Se nos atemoriza para que no amemos la vida presente, caduca, inconstante y pasajera, como si no existiera otra. Si en verdad no existe otra, amemos ésta. Si no hay otra son más felices que nosotros los que hoy han corrido al anfiteatro. Pues ¿qué dice el Apóstol? Si nosotros ponemos nuestra esperanza en Cristo pensando sólo en esta vida, somos los más desdichados de todos los hombres (1 Cor 15,19). Existe, por tanto, otra vida.

Que cada cual interrogue a Cristo en su fe. ¡Pero la fe está dormida! Con razón fluctúas, pues Cristo está dormido en tu nave. Jesús dormía en la nave y, por eso, zozobraba ésta entre las aguas y la gran tempestad. Vacila el corazón cuando Cristo está dormido en él. Pero Cristo siempre está despierto. ¿Qué significa, entonces, que Cristo duerme? Que duerme tu fe. ¿Por qué te turbas aún en la tempestad de tu duda? Despierta a Cristo, despierta la fe. Contempla la vida futura con los ojos de la fe por la que creíste y por la que fuiste marcado con la señal de aquel que vivió esta vida para mostrarte hasta qué punto ha de ser despreciada la que amas tú y ha de esperarse aquella en que no creías. Luego, si despiertas la fe y diriges tus ojos a las realidades últimas, al siglo futuro, en el que gozaremos después de la segunda venida del Señor, una vez concluido el juicio y entregado el reino de los cielos a los santos; si piensas en aquella vida y en la actividad tranquila que allí habrá y sobre la que os he hablado muchas veces, amadísimos, no fluctuará nuestra actividad, la actividad serena llena de dulzura, sin molestia alguna, sin cansancio ni fatiga, sin nube que la perturbe.

¿Cuál será nuestra actividad? Alabar a Dios; amarlo y alabarlo; alabarlo con amor y amarlo entre alabanzas. Dichosos los que habitan en tu casa: te alabarán por los siglos de los siglos (Sal 83,5). ¿Por qué, sino porque te amarán por los siglos de los siglos? ¿Por qué, sino porque te verán en los siglos de los siglos? Y este ver a Dios, hermanos míos, ¡qué espectáculo será! Contemplan los hombres a un cazador de fieras y encuentran en ello su gozo. ¡Ay de ellos, desgraciados, si no se corrigen! Quienes tanto disfrutan al ver a un cazador, se llenarán de tristeza cuando vean al Salvador. ¿Habrá gente más desdichada que aquellos a quienes el Salvador no sirva de salvación? Nada tiene de extraño que el Dios Salvador no sirva de salvación para aquellos cuyo único gozo consiste en ver el combate de un hombre. Nosotros, en cambio, hermanos, si nos contamos entre sus miembros, si suspiramos por él, si somos perseverantes, lo veremos y nos gozaremos en él.

Aquella ciudad será para ciudadanos completamente purificados; no será admitido ningún sedicioso o perturbador. El mismo enemigo que, lleno de envidia intenta impedir que lleguemos a esa patria, allí no podrá tender asechanzas a ninguno, pues ni siquiera se le permitirá entrar. Si ya ahora está excluido del corazón de los creyentes, ¡cuánto más lo estará de la ciudad de los vivientes! ¿Qué cosa será, hermanos míos, qué cosa será -os ruego- el estar en aquella ciudad, si el simple hablar de ella procura gozo? Para esa vida futura debemos preparar nuestros corazones, y todo el que prepara el corazón para ella desprecia la presente en su totalidad. El desprecio de ésta permite esperar con confianza el día que el Señor nos mandó esperar llenándonos de pánico.

Comentario al salmo 147,3.