PRIMERA LECTURA
La ley sacerdotal defiende la comunidad de la lepra y similares enfermedades contagiosas. Las considera «impureza» ritual. Por eso es el sacerdote quien dictamina sobre segregación, al descubrir la enfermedad. El segregado es requerido a hacerse notar, para que nadie se contagie. Plausible defensa de la comunidad. ¿Y la persona del enfermo? Otra página de la Biblia mostrará que Dios se acuerda de él.
Lectura del libro del Levítico 13,1-2. 44-46.
El Señor dijo a Moisés y a Aarón:
Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel y se le produzca la lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra, y es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza.
El que haya sido declarado enfermo de lepra, andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: «¡Impuro, impuro!» Mientras le dure la lepra, seguirá impuro: vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.
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