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H O M I L Í A S 

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DOMINGO V
TIEMPO ORDINARIO

CICLO C

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CR/CONDICIONES:

Es evidente que hay vocaciones y profesiones que requieren especiales cualidades. No todos los hombres son aptos para todo, y mientras unos descuellan por su habilidad manual, otros lo hacen por su oratoria o por su talento. Unos son excelentes operadores y otros espléndidos científicos, mientras que aquéllos, incapaces de soportar las exigencias de la investigación, descuellan en el deporte, donde desbordan la vitalidad de su especial forma de ser.

Pues también para ser cristiano hacen falta determinadas cualidades. También para seguir a Jesús, para comprometerse con Él, para dejar las redes (tantas redes como nos envuelven a menudo), es necesario que el hombre tenga un modo especial de ser. No hace falta especial talento, ni cualidades brillantes, ni sobresalir por la belleza ni por el prestigio. No. Nada de eso. Hace falta ser como aparece Pedro en la escena evangélica de hoy: Hace falta ser un hombre -o una mujer, naturalmente- capaz de:

a)Fiarse de Jesús. Y no es nada fácil. No tuvo que resultarle fácil a Pedro, pescador avezado y experimentado, echar las redes en pleno día, cuando sabía perfectamente que los peces se cogen durante la noche y aquella noche había sido un estrepitoso fracaso. No debió resultarle fácil a Pedro y lo dijo asombrado.

Pero echó la red. Se fió de Jesús, que de pesca -pensaría Pedro- no sabía ni palabra, y bien que lo estaba demostrando.

b)Autocriticarse. Ahora está de modo autoanalizarse. Está de moda bajar hasta las profundidades del ser para conocerse, arrojar fuera los complejos y "liberarse". Pues bien, Pedro, en este momento, se autoanalizó y llegó rápidamente a una conclusión sencilla y, sin embargo, difícil de aceptar y de confesar: soy pecador. Ante la espléndida respuesta del mar al mandato de Jesús, Pedro siente profundamente el hecho de su duda y la confiesa. Por eso se salvó.

c)Darse a los demás. Vivir en función de. Pedro recibió entonces de Jesús, una vez más, el esbozo de su vida: serás para lo otros.

Vivirás para los hombres, sufrirás por ellos y gozarás por y para ellos. Los hombres serán, en adelante, la explicación de tu vida.

Tres cualidades, pero que no están nada mal. De las tres necesitamos los cristianos con frecuencia, porque:

a)¿No es cierto que a veces resulta difícil fiarse de Dios? ¿No es cierto que a veces surge del fondo del ser un sentimiento de rebeldía y alguna pregunta inquietante ante situaciones que se nos antojan absurdas y sin razón de ser? Es cierto y cada uno de nosotros lo habrá experimentado en su propia carne. Fiarse entonces es absolutamente necesario para seguir adelante.

b)¿Y quién es capaz, de verdad, de confesar que es pecador? Sí. Pecador. Así de llanamente. Nosotros, tan buenos, tan religiosos, tan generosos... ¿pecadores? Claro que pecadores. Es éste un sentimiento de lo más sano. Creerse capaz de todo ayuda a no escandalizarse jamás por lo que vemos (a veces, con lentes de aumento) en los demás. Ayuda a no juzgar, ayuda a comprender y ayuda -también muy interesante- a comprenderse y a soportarse.

Ayuda a no escandalizarse cuando uno se ve pequeño y mezquino, sin paliativos y sin disimulos.

c)Y ¿cuántos de los cristianos somos capaces de salir de nosotros mismos y vivir de verdad para los otros? Pues muy pocos, ciertamente. Muy pocos tenemos el norte de nuestra vida orientado hacia el prójimo. Los más vivimos para nuestros "yo", al que cuidamos, mimamos y acariciamos, y apenas nos queda tiempo, tan ocupados estamos en esta tarea, de descubrir cerca de nuestra vida a "los otros" y de bogar hacia ellos para ver qué piden y cuál puede ser nuestra respuesta.

Tres cualidades del discípulo que son, desde luego, de antología.

DABAR 1977, 15

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