COMENTARIOS AL EVANGELIO
Mt 5, 13-16

 

1. SAL/LUZ.

"Vosotros sois la sal de la tierra": Las dos parábolas de este texto parten de dos realidades, la sal y la luz, que en el mundo antiguo tenían la fama de ser imprescindibles. La primera comparación, la de la sal, es una exhortación a los discípulos como comunidad ("vosotros"), que pone de relieve la preocupación eclesial que tiene constantemente Mateo en su evangelio. Juntos, los discípulos han de ser sal de la tierra, han de salar la tierra. ¿Qué significado tiene la sal? Indica las funciones de purificación, de dar sabor, de conservar aquello perecedero, de dar valor, etc. Los sacrificios eran salados, al igual que los pequeños al nacer. Aplicado a los discípulos indica que con sus obras y su testimonio del Evangelio han de dar sabor y valor a la humanidad.

"Si la sal se vuelve sosa...": Aunque propiamente la sal no puede perder su sabor, aquí la imagen queda manipulada al servicio del contenido. Lo que los discípulos pueden perder es la capacidad de manifestar, con sus obras y su testimonio, el Evangelio. Esta posibilidad de fracaso se aplica a la imagen de la sal, subrayando que, de la misma manera que sería totalmente inútil una sal que no tuviera sabor, también lo sería la comunidad si no hiciese presente en el mundo las obras de la fe.

"Vosotros sois la luz del mundo": La segunda comparación gira en el mismo sentido que la anterior, pero subraya la necesidad de que las obras de la comunidad de los discípulos sean visibles por los demás hombres. La imagen de la luz nos recuerda la comunidad de los esenios que se autodenominaban "hijos de la luz", pero vivían apartados del resto del pueblo en la soledad del desierto.

La comunidad cristiana no tiene la luz únicamente como un bien interno, tiene que huir de tentaciones sectarias y esotéricas. Ha recibido la luz y tiene que manifestarla al mundo.

J. NASPLEDA
MISA DOMINICAL 1990/03


2.

El Evangelio -colocado en el interior del sermón de la montaña- hace hincapié en este aspecto de la vocación del creyente. Éste es presentado como lleno de luz y transmisor de la luz. Se habla de la luz, la sal y la ciudad, evidenciando que el fiel debe influir en la vida de los demás a través del testimonio personal y comunitario (es importante que el testimonio se inserte siempre en la Iglesia, de lo contrario carece de sentido).

Finalmente se dice abiertamente que el testimonio del Hijo de Dios sólo es posible por las obras. En esta afirmación se halla todo el peso de la responsabilidad de los discípulos humildes y pobres, del Señor. En efecto, el mundo necesita una salvación en la que a los creyentes les corresponde un papel muy importante. Y ningún discípulo puede evadirse de su responsabilidad social (si lo hace no habrá sido fiel a su vocación y será tan inútil como la sal sosa o la lámpara escondida).

El tema no es difícil de desarrollar, pero habrá que cuidar el estilo; habrá que procurar mover el corazón hacia la conversión, y para ello se precisa una dureza suave.

JUAN GUITERAS
MISA DOMINICAL 1975/03


3. LUZ/TESTIMONIO:

"Vosotros sois" conecta redaccionalmente la primera frase de hoy con la última del domingo pasado (dichosos vosotros cuando os insultan) y, a través de ésta, con los pobres, los sufridos, los que lloran, etc. Vosotros se refiere, pues, a todos los que el domingo pasado eran declarados dichosos por Jesús. Todos estos, con su existencia difícil y desde su existencia, son la sal de la tierra. La conexión redaccional del texto del domingo pasado y la metáfora misma de la sal quitan al proyecto al que Jesús llama cualquier ribete de apariencia, prepotencia o apologética. La sal sazona, conserva los alimentos desde su estar, sin más, en ellos.

"Pero si la sal se vuelve tonta", continúa la metáfora original. Sal tonta. ¡Qué imagen más gráfica! El v.13 es una invitación a los dichosos del domingo pasado a seguir abiertos a Dios, a seguir ilusionados y esperanzados, a no desfallecer. Ellos son demasiado importantes. Otra sorpresa de la enseñanza del Jesús de Mateo. ¡Y van ya unas cuantas! Recuerda las del domingo pasado.

"Vosotros sois la luz del mundo" (v.14). Una nueva metáfora a la que siguen dos imágenes subordinadas que explican su sentido: la del poblado en lo alto de un monte y la de la lamparilla colgada en el interior de las casas (en tiempos de Jesús, se sobreentiende). El poblado en lo alto del monte es punto de referencia para el caminante, la lamparilla en la casa posibilita los quehaceres y la reunión familiar. Es importante anotar esto porque da al proyecto de Jesús su justa perspectiva. El poblado y la lamparilla están sin más. Es el caminante o los moradores de la casa quienes aprecian su valor. Así pasa con los que Jesús declara bienaventurados. No tienen pretensiones de iluminar, no dicen: nosotros os ofrecemos la solución. Sencillamente están.

Son los demás quienes descubren su talante, sus buenas obras, y desde ese descubrimiento concluyen la existencia de un Dios Padre. Son los demás quienes descubren su importancia o valor. No son ellos quienes se dan importancia o valor. Son los demás quienes, gracias a ellos, llegan a la conclusión de que existe Dios y que Dios es Padre. Este es el significado de la expresión "dar gloria a vuestro Padre". "Alumbre así vuestra luz a los hombres para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo".

ALBERTO BENITO
DABAR 1987/14


4.

Contexto: Continúa el desarrollo de lo que significa ser "pescador de hombres". Texto. Equiparación discípulo/sal (v.13a). Reflexión-advertencia en forma de pregunta y respuesta (v.13b). Equiparación discípulo/luz (v.14a). Invitación a base de dos ejemplos (vs. 14b-15). Aplicación (v.16).

Las equiparaciones están formuladas en oraciones nominales (se predica o afirma algo del sujeto). Predicado con artículo: el sujeto agota la capacidad de significación del predicado (= no hay otra sal ni otra luz en la tierra). El sujeto adquiere pues carácter absoluto en el orden de lo afirmado de él en el predicado.

El predicado está formulado con imágenes. Entre sujeto y predicado se establece pues la relación significado-significante.

Sal y luz son símbolos, e decir, imágenes-puente entre dos órdenes. Pre-texto. Imágenes domésticas: sal, ciudad en el monte, luz. La sal sazona, conserva preservando de la corrupción; medio de limpieza pública. "Una cena sin sal no es cena" (proverbio rabínico). Un manjar sin sal sería intolerable (/Jb/06/06).

Casa-judía popular: una única estancia, iluminada de noche por una pequeña lámpara de barro alimentada con aceite. Modio/medida de capacidad para áridos (en torno a ocho litro y medio).

Gloria en sentido objetivo: cualidad en el tú que impresiona al yo (por ejemplo en la expresión: la gloria de tal señor es imperecedera). Gloria en sentido subjetivo: movimiento del yo hacia el tú (expresiones: alabar a uno, dar gloria, bendecir).

Sentido del texto. Desde el momento que el texto está montado sobre imágenes, el primer paso para detectar su sentido deberá ser la contemplación sin prisas de esas imágenes. Fruto de esa contemplación caemos en la cuenta de que sal y luz son imágenes funcionales. Dada, pues, la equiparación discípulos (=vosotros)-luz y sal, la formulación general del sentido del texto podría ser ésta: funciones de los discípulos entre los hombres (tierra y mundo tienen sentido antropológico).

1. Los discípulos son sal, es decir, sazonan y evitan la corrupción, y esto con carácter absoluto (=la sal). Los discípulos de Jesús son necesarios e insustituibles en nuestro mundo. Cuando la sal se pierde, aún se puede usar en la limpieza pública. Pero inevitablemente los transeúntes la pisan. Si los discípulos no son sal no sirven para nada (invitación imperativa).

2. Los discípulos de Jesús son luz que ilumina a los hombres y no hay más luz que ellos. Invitación imperativa a serlo porque para esto están. De ellos depende que los demás hombres den gloria al Padre, es decir, descubran que Dios es Padre. Y esto sólo lo descubrirán si los discípulos viven y son hermanos. En esta fraternidad consisten las buenas obras a que Jesús se refiere. ¿Tienen los discípulos de Jesús una identidad entre los hombres? Ante este texto la duda sobra. ¡Qué inabarcable responsabilidad!

DABAR 1978/13


5.

Las dos pequeñas parábolas de la sal y de la luz que leemos en el evangelio de hoy enlazan directamente con el inicio del sermón del monte (las bienaventuranzas) que nos fue proclamado hace una semana, y se dirigen a los mismos oyentes: a los discípulos. Las bienaventuranzas terminan diciendo: "Vosotros sois dichosos cuando...", y el texto de hoy comienza: vosotros sois..." Las bienaventuranzas nos definían al discípulo de Jesús; este par de parábolas -que expresan el pensamiento de Jesús con imágenes muy familiares a los oyentes- indican cuál es la misión de los discípulos en el mundo, ante los hombres. La primera imagen es la de la sal. Los discípulos -y todos los seguidores de Cristo- son la sal de la tierra, de los hombres.

Una primera aplicación de la imagen nos la podría dar el culto: las víctimas, antes de ser sacrificadas, eran cubiertas totalmente de sal y, en este sentido, la misión de los discípulos sería la de disponer la tierra para ser aceptable a Dios. Pero la imagen de la luz que viene a continuación nos inclina a pensar que su sentido se toma principalmente a partir del uso doméstico y cotidiano de la sal (artículo imprescindible y de primera necesidad), usada para dar gusto, purificar y conservar. A partir de esta última cualidad, la sal habría pasado a significar la validez y perennidad de un contrato o de una alianza: el discípulo debe conservar y dar gusto al mundo de los hombres en su alianza con Dios. Y del mismo modo que lo hace la sal: de forma discreta y prácticamente sin aparecer a la vista.

En Palestina se usaba sal procedente del mar Muerto, bastante impura y que podía perder el gusto; entonces no servía absolutamente para nada, como el discípulo que no realiza su misión.

La segunda imagen es la de la luz, de fuerte raigambre bíblica (cfr. primera lectura de hoy). Dios es luz y Cristo es la luz del mundo. Los discípulos deben serlo en tanto que están unidos a Cristo, que forman su pueblo, el nuevo Israel. La casa de la gente sencilla, de una sola habitación, era iluminada por una lamparilla colgada en el techo, y posiblemente un celemín u otro utensilio casero era utilizado como apagavelas; por eso podemos entender "meter una vela bajo el celemín" como sinónimo de apagarla. ¡No se enciende una luz para apagarla enseguida! Su misión es iluminar a todos los de casa.

El testimonio del Evangelio que dan los discípulos y las obras que realizan de acuerdo con este Evangelio -cuyo primer anuncio son las bienaventuranzas- deben ser luz para todos, para que los hombres conozcan quién es Dios y le den gloria. Con palabras de la segunda lectura: viendo las obras de los discípulos, los hombres tienen que ver "el poder de Dios" que actúa en los creyentes y deben sentirse atraídos hacia El.

J. ROCA
MISA DOMINICAL 1981/03


6. SAL/LUZ/QUIENES-SON:

Por lo que se refiere al texto evangélico, convendrá subrayar su carácter de continuación de las bienaventuranzas. Son los dichosos según JC -son los "bienaventurados"- quienes son sal y luz. Es necesario precisarlo para evitar la impresión de que el simple hecho de ser cristianos nos constituya en sal y luz. La frase introducida para iniciar la lectura litúrgica ("dijo Jesús a sus discípulos") podría ser interpretada equivocadamente y de hecho hay una larga costumbre -larga y mala costumbre- de atribuirnos este carácter de luz y sal sin reconocer que Jesús habla de quienes son pobres, trabajan por la paz, luchan por la justicia, saben ser misericordiosos y limpios de corazón... Ellos son quienes son sal y luz de Dios -porque son realmente "hijos de Dios en el mundo.

Con todo, en la redacción mateana, se incluye un grito de alerta atribuido a Jesús ante el peligro -fácil peligro- de quienes se creen luz y sal dejen de serlo (y, sin embargo, se sigan atribuyendo con hueca jactancia estas cualidades). Se trata, evidentemente, de un grito de alerta dirigido a quienes por el hecho de ser discípulos de Jesús y sin que sus "buenas obras" -las descritas en la primera lectura- lo acrediten, se creen luz y sal.

La sal que se vuelve sosa...; la luz que ya no alumbra, ya no ilumina... No se trata tanto de un voluntarismo -como con frecuencia se interpreta- sino de una realidad (de nuevo: de las "buenas obras"). El discípulo de Jesús que vive realmente fiel a las "bienaventuranzas" -que se siente interpelado, afectado, tocado por ellas...- es luz y sal del mundo sin necesidad de proponérselo. En nuestra sociedad "secularizada", el testimonio cristiano podría caer en la tentación de imaginar que lo más urgente e importante es querer ser luz y sal, cuando -ahora y siempre- lo urgente e importante es simplemente serlo. No es un problema de publicidad, sino de realidad.

J. GOMIS
MISA DOMINICAL 1987/03


7. 

Ser la sal de la tierra es ser su elemento más precioso: sin la sal, la tierra no tiene ya razón de ser; con la sal, por el contrario, si sigue siendo sal, la tierra puede proseguir su vocación y su historia. La Iglesia que no es ya fiel a sí misma no solo se pierde, sino que deja al mundo sin salvador.

(...) Cada discípulo es luz en la medida en que sus acciones se convierten en signos de Dios para el mundo. El testimonio cristiano está, pues, dotado de visibilidad y responde a una exigencia misionera: no se santifica uno de manera puramente interior; no se encuentra uno dispersado en el mundo hasta el punto de perderse en él en la conformidad total con ese mundo o de olvidar el testimonio de la trascendencia.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA II
MAROVA MADRID 1969.Pág. 180


8.

-Sal y luz. Las dos comparaciones empleadas por Jesús (5,13-16) -que encontramos también en Marcos y en Lucas, aunque en contextos diferentes- son cristalinas y han de tomarse en su sentido obvio.

Jesús dice -con gran fuerza y simplicidad- que los discípulos deben ser "sal" y "luz"; es decir, que deben ser punto de referencia, de purificación, de transformación, so pena de la más total inutilidad.

Podemos precisar más. Marcos (/Mc/04/21-22) interpreta las palabras de Jesús así: hay que manifestar el reino de Dios. A su vez, Lucas (/Lc/08/16-17) parece decir: hay que poner de manifiesto y en claro para todo el mundo la verdad del mensaje de Cristo y su validez. Mateo es más moralista, como siempre; haced las obras que sugiere el evangelio ("Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos").

De cualquier modo, en el fondo, el pensamiento es común: haced visible en vuestra vida la fuerza transformadora del evangelio; demostrad que el amor nuevo -del que Cristo ha dado ejemplo- es posible. Jesús, pues, está hablando del deber misionero de su comunidad. Obsérvese asimismo la dimensión universalista: la "tierra" y el "mundo" son la humanidad entera sin distinción. Las comparaciones de la luz y de la ciudad edificada sobre el monte (Jerusalén) se usan a menudo en el Antiguo Testamento para indicar el significado salvífico universal de Israel, su deber de ser "signo" de Dios ante todos, punto de convergencia y de encuentro de la humanidad entera. En otros términos, la comunidad de los discípulos (so pena de ser una completa inutilidad: ¿de qué serviría la sal insípida o una luz oculta?) debe hacerse "profecía"; y no de palabra, sino con las obras.

BRUNO MAGGIONI
EL RELATO DE MATEO
EDIC. PAULINAS/MADRID 1982.Pág. 60


9.

Jesús habla a la muchedumbre desde una montaña. Acaba de proclamar un estilo de vida tan nuevo como chocante. Y lo ha hecho con autoridad divina. El es el mesías, el salvador. Por él vivimos la nueva y definitiva alianza con Dios.

En esta perspectiva, quien dice "sí" con su vida a estas enseñanzas es sal y luz. Dos imágenes de lo que Dios quiere del cristiano en el mundo. La sal da valor y sabor a lo que toca. Para ello tiene que dejar el salero y disolverse en los alimentos. La luz también es para otro. Con ella se ve, se puede caminar. Ocultarla no tiene sentido.

Así el cristiano, portador del don de Dios, no puede limitarse a gozarlo y vivirlo sólo él. Debe alumbrar y dar sabor al mundo. No por vanagloria o haciendo alarde de lo que posee, sino para que los demás, viéndolo, den gloria al Padre. El ejemplo más claro es el mismo Jesús, que siempre actuó poniendo su poder y enseñanzas al servicio de la gloria del Padre.

Estas dos pequeñas parábolas, con preocupación eclesial, dirigidas a los que han escuchado las bienaventuranzas, señalan, pues, el valor de las obras en favor de los hombres... Los discípulos harán de la tierra entera una ofrenda o acción de gracias a Dios. La dificultad de que la sal químicamente no pueda perder su sabor (esta impropiedad de la imagen), pone de relieve la gravedad de lo que sucede, si los discípulos descuidan las obras: un aviso explícito para los que por la fe queremos hacer la obra de Dios.

EUCARISTÍA 1993/08