EVANGELIO
Los paisanos de Jesús no soportan que éste sea un profeta. Ellos hubieran soñado con un superhombre. Todavía hoy hay algunas corrientes espiritualistas muy de moda, que presentan a Jesús como un «superstar. (una superestrella), y no toleran la difícil espiritualidad de lo trivial y de lo cotidiano.
La Palabra que escuchamos nos convierte en verdaderos profetas con misión de gracia para con todos los que están en necesidad y viven con sencillez de corazón. A ejemplo de Cristo, el profetismo cristiano nos tiene que llevar -si es necesario- a aceptar la muerte con esperanza de resurrección. Este es el sentido pascual de la celebración eucarística.
Lectura del santo Evangelio según San Lucas 4,21-30.
En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga:
-Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios.
Y decían:
-¿No es éste el hijo de José?
Y Jesús les dijo:
-Sin duda me recitaréis aquel refrán: «Médico, cúrate a ti mismo»: haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaun.
Y añadió:
-Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel había muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado más que Naamán, el sirio.
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.
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