PRIMERA LECTURA
El profeta recuerda la experiencia de llamada que transformó toda su vida. El recuerdo lo fortalece, cuando el fracaso y la oposición lo debilitan. Es también testimonio legitimador ante sus destinatarios. Jeremías dejó confesada su angustia de profeta. En lucha con todos, y hasta con Dios, tiene una fortaleza que a él mismo le maravilla. Sabe explicar que por ella siente a Dios con él.
Lectura del Profeta Jeremías 1,4-5. 17-19.
En los días de Josías, recibí esta palabra del Señor:
Antes
de formarte en el vientre, te escogí,
antes de que salieras del seno materno, te consagré:
Te nombré profeta de los gentiles.
Tú cíñete los lomos,
ponte en pie y diles lo que yo te mando.
No
les tengas miedo,
que si no, yo te meteré miedo de ellos.
Mira:
yo te convierto hoy en plaza fuerte,
en columna de hierro, en muralla de bronce,
frente a todo el país:
Frente
a los reyes y príncipes de Judá,
frente a los sacerdotes y la gente del campo;
lucharán contra ti, pero no te podrán,
porque yo estoy contigo para librarte,
-oráculo del Señor-
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