PRIMERA LECTURA
El modo de relación con Dios del pueblo bíblico no es el de las religiones naturistas: no intenta el dominio del absoluto por la magia, sino que se orienta hacia él en actitud de adoración. Dios se deja sentir cerca de la palabra y por el mediador que es el profeta. Este mitiga la luminosidad del infinito, al traducir su presencia en lengua humana. El profeta no posee la palabra, sino que la palabra lo posee. Ahí la diferencia entre profeta y profeta.
Lectura del Libro del Deuteronomio 18,15-20.
Habló Moisés al pueblo diciendo: El Señor, tu Dios, te suscitará un profeta como yo, de entre tus hermanos. A él le escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: «No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir.»
El Señor me respondió: «Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, es reo de muerte..»
![]()