Mercaba, diócesis de Cartagena-Murcia EVANGELIO COMENTARIO

COMENTARIOS AL EVANGELIO
Lc 01, 01-04; 04, 14-21

Ver DIA 10 DE ENERO

 

1.

Texto. La primera parte es una declaración de intenciones por parte del autor. Nos dice por qué escribe y para qué escribe, a la vez que da cuenta de su metodología de trabajo. todo ello con el gusto retórico, a veces exagerado, de la época. Por ejemplo, en el uso de "muchos", identificando variedad y multiplicidad.

Desconocemos la identidad de Teófilo, a quien Lucas dedica sus dos obras (Evangelio y Hechos). Probablemente se trata de un recién incorporado al cristianismo, a quien el autor quiere proporcionar una sólida garantía de la instrucción rudimentaria que ha recibido. Tras una investigación exhaustiva de las tradiciones recibidas, Lucas hace una presentación sistemática de los acontecimientos, ofreciendo un conjunto literario articulado.

La segunda parte del texto nos traslada a los comienzos de la actividad de Jesús, que Lucas resume como actividad docente en las sinagogas de Galilea, guiado todo por la fuerza del Espíritu.

A continuación presenta un caso concreto de docencia en una sinagoga concreta. Una sinagoga significativa por hallarse en el lugar donde Jesús se crió. El relato de Lucas da por supuesto el conocimiento del funcionamiento litúrgico sinagogal de los sábados con sus cantos, recitaciones, orden y modalidad de las lecturas, bendición final.

Probablemente Jesús ha sido invitado por el presidente de la sinagoga a leer y comentar la segunda lectura, tomada del profeta Isaías. ¿Lectura ya reglamentada o de libre elección por el lector? No podemos saberlo a ciencia cierta, aunque el giro de la expresión "encontró un pasaje" parece significar más bien que el propio Jesús busca expresamente el pasaje. Hagamos también nosotros la prueba y busquemos el pasaje en el comienzo del capítulo 61 de Isaías. Constataremos que Jesús termina la lectura en el v.2a, suprimiendo el aspecto negativo del mensaje proclamado por Isaías. El pasaje habla de proclamar el año de gracia del Señor, el día de desquite de nuestro Dios. Jesús lee lo del año de gracia y omite lo del día de desquite. ¿Omisión deliberada? El relato de Lucas continúa con escueto grafismo: Jesús cerró el libro (enrolló, los libros eran tiras largas de pergamino), lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos los presentes le miraban atentamente. La reacción es de expectación, motivada sin duda por algo chocante y que les ha llamado la atención, aparte de la fama de su paisano. ¿Eso chocante no será precisamente la omisión de la frase referente al desquite? La reacción de los presentes es de expectación y de prevención contra Jesús, y no de estima y de confianza hacia él, como a menudo se dice.

El comentario de Jesús al pasaje leído es breve y enfático: "Hoy se cumple este pasaje que acabáis de oír". Resalta la posición enfática del adverbio. Lo proclamado por el profeta quinientos años atrás en medio de los desastres de la guerra (pobreza, dolor, encarcelamientos) tiene su cumplimiento ahora. Jesús hace suyo aquel mensaje, lo depura de toda connotación negativa y le da cumplimiento cabal. La omisión de la frase referente al desquite de nuestro Dios ha sido intencionada. Jesús no sabe nada de venganzas y de desquites de Dios.

Resumiendo: Lucas, un autor con una metodología de trabajo rigurosa, quiere completar y garantizar la instrucción cristiana básica y rudimentaria de los recién bautizados. En esta línea empieza presentando la enseñanza de Jesús como una enseñanza que da cumplimiento al mensaje de gracia acumulado a lo largo del Antiguo Testamento, relectura que puede desencadenar una prevención contra él.

Comentario. El Evangelio de Lucas es una larga catequesis con vistas a profundizar en la fe recibida.

A la hora de profundizar debemos estar dispuestos a dejarnos cuestionar por la enseñanza de Jesús. Es muy posible que existan en nosotros, aun sin ser conscientes de ello, adherencias y esquemas incorrecta o falsamente religiosos.

Jesús es el hoy de tantas esperanzas de tanta gente marginada y maltratada que, al igual que Dios, nada sabe de venganza y de desquite.

¡Cuántas veces parecen inevitables e insuperables la venganza y el desquite! Jesús nos invita a superar esa fase, por difícil y costosa que nos parezca.

A. ·BENITO
DABAR 1989, 10


2.

Comentario. Lucas es el único evangelista que antepone a su obra una declaración de intenciones. La dedica a un ilustre personaje para que conozca la solidez de las enseñanzas que ha recibido.

Esta solidez es resultado de la aplicación de un método, cuyos componentes son la comprobación exacta de todo desde un comienzo.

Nos hallamos, pues, ante una obra con garantías críticas. El género literario de la misma lo precisa también su autor: relato.

No es, pues, el simple enumerar sin argumento. Es descripción de hechos y acontecimientos elaboradamente; un relatar relacionada, según un argumento, según un orden.

La segunda parte del texto de hoy comienza con una indicación sobre la fama, docencia y aceptación de Jesús en las sinagogas de Galilea. Este resumen inicial, con un Jesús impulsado po el Espíritu, ambienta y sirve de telón de fondo. Lo concreto nos lo aporta un lugar familiar para Jesús: Nazaret. Servicio religioso de los sábados en la sinagoga, con sus plegarias, lecturas e invocaciones. Lucas se fija en la segunda de las lecturas que se hacían, la tomada de los profetas. Cualquier asistente varón podía hacerla, por iniciativa propia o por invitación del jefe de la sinagoga. ¿Existía en tiempo de Jesús un ciclo de lecturas fijo y obligatorio? No lo sabemos con certeza. Lucas parece suponer un cierto ordenamiento: a Jesús se le entrega el rollo de un profeta concreto. Lo que sí parece cierto es que, tratándose de la segunda lectura, el lector gozaba de cierta libertad para leer más o menos cantidad de texto.

Jesús lee más bien poco: no llega a un versículo y medio. Se trata de Isaías 61, 1-2. Lo lee puesto en pie, como era preceptivo. Devuelve después el rollo al chazán o maestro de ceremonias y se sienta para explicar la lectura. También cualquier asistente podía tener la homilía. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Desde que Jesús se pone en pie para leer hasta que da comienzo a su homilía la descripción de Lucas es minuciosa. Los gestos, las palabras, los movimientos: todo queda consignado en su más mínimo detalle. Todo parece pensado para realzar el momento, para marcar su importancia. Y en efecto, las palabras de Jesús resuenan impresionantes: Hoy habéis escuchado el cumplimiento de este pasaje de la Escritura.

Interpretación y cumplimiento. Pasado gravitando en el presente.

Aquí, ahora, en Jesús. ¿De qué habla el texto de Isaías? Del final del período 587-537 a. de C.: cincuenta años de vejaciones, horrores y sufrimientos; del año de gracia que pone fin a todo esto. Este es el hoy, esto es Jesús. La minuciosidad descriptiva de Lucas tenía su razón de ser. ¡Lo que Jesús significa es demasiado importante!

ALBERTO BENITO
DABAR 1986, 12


3.

Lucas es el único autor de evangelio que da razón de su obra. En el mejor estilo de la historiografía griega (Herodoto, Tucídides, Polibio), nos da a conocer sus motivaciones, metodología y finalidad. En la configuración del texto litúrgico de este domingo, Lc. 1, 1-4 juega un papel secundario. Sin embargo, en la perspectiva global de la literatura evangélica, estos versículos son de valor científico incalculable.

El centro de interés del texto litúrgico está en Lc. 4, 14-21.

Estos versículos constituyen el comienzo de una unidad programática que abarca desde el v. 14 al v. 44. El hilo conductor de esta unidad es la fama de Jesús. En torno a Jesús se agolpa un gran gentío. El les enseña dentro del marco habitual judío de enseñanza: la sinagoga, en sábado.

El culto sinagogal de la mañana consta de una primera parte litúrgica (recitación del credo israelítico o Shemá y de la gran plegaria de las dieciocho súplicas) y de una segunda doctrinal (lectura de la Ley y de los Profetas, seguidas de una explicación u homilía). La lectura de la Ley se hacía de acuerdo a un riguroso orden en un ciclo sucesivo de tres años. Sólo podían hacerla lectores "profesionales" y no les estaba permitido omitir o añadir nada (debían leer unos diez versículos). La lectura profética, en cambio, podía correr a cargo de cualquiera de los varones presentes. En tiempos de Jesús no estaba sujeta a un orden fijo; podía, pues, elegirse libremente y no existían un mínimo o un máximo obligatorios, aunque solía leerse un mínimo de tres versículos. La explicación u homilía subsiguiente podía también correr a cargo de uno de los varones presentes.

Lc. 4, 16-21 presupone toda esta reglamentación. Haciendo uso de su derecho, Jesús proclama la lectura profética y tiene la homilía. El texto leído por Jesús es Is. 61, 1-2. (La cita de Lucas es algo libre, tal vez intencionadamente.) Lo significativo de la lectura de Jesús es lo que deja de leer. Is. 61, 2 dice así: "para proclamar el año de gracia del Señor, el día de venganza de nuestro Dios". Jesús lee el primer miembro y termina.

Aunque sólo fuera por ritmo (tan cuidado por Jesús en otras ocasiones como técnica oral), debía haber leído el segundo miembro. Pero no lo lee. Y sí, en cambio, se dispone a iniciar la homilía. La primera reacción del auditorio es de prevención (v. 20b). Jesús comienza su homilía: Hoy, en vuestra presencia, se ha cumplido este pasaje. En el contexto, estas palabras adquieren un doble significado: Jesús es el ungido por el Espíritu para proclamar la buena noticia; los oyentes son los pobres, los cautivos, los ciegos, los oprimidos.

DABAR 1977, 13


4. EVS/GENERO:

Aunque los evangelios no son propiamente libros "históricos", sino confesionales, esto es, libros nacidos de la fe de la comunidad y al servicio de la fe de la comunidad, Lucas es, sin duda, el que más cerca está del género literario de la historia.

A semejanza de los historiadores de la época, comienza su evangelio con un prólogo, en el que señala el motivo, anticipa el contenido, determina el fin y describe el método que utiliza.

Hace también una alusión a los que escribieron antes sobre el mismo tema, a las fuentes de que dispone, y de las que nosotros sólo conocemos el evangelio de Marcos. En todas estas fuentes se recoge el testimonio de los que vieron y oyeron, de los apóstoles o predicadores de la Palabra. El evangelio de Lucas, al igual que los otros tres, no es más que la fijación por escrito de la predicación de los apóstoles o de la Tradición Apostólica.

Lucas se propone escribir los hechos desde el principio, remontándose a los orígenes. Comenzará hablándonos del nacimiento del Precursor y se ocupará también de la infancia de Jesús. Sin embargo, el orden que promete no será rigurosamente cronológico y su obra no deberá confundirse con una biografía.

Dedica su libro, siguiendo la costumbre, a un personaje llamado Teófilo (o amante de Dios). Pero, a pesar del significado de este nombre, no parece que se trate de una ficción literaria, sino de una persona concreta. Probablemente es un catecúmeno, y en cualquier caso, Lucas escribe para confirmar a Teófilo en las enseñanzas que ha recibido.

El texto litúrgico que comentamos une al prólogo de Lucas la narración que hace éste más adelante del comienzo de la vida pública de Jesús. El evangelio, en su más estricto sentido, comienza con la vida pública y comprende lo que hizo y dijo Jesús a partir de su bautismo en el Jordán.

Probablemente esta visita de Jesús a Nazaret es la misma a la que se refieren Marcos y Mateo en otro contexto y situándola cronológicamente más tarde. En este supuesto, Lucas anticiparía esta visita y hablaría de ella al principio de la vida pública de Jesús, para destacar así el carácter programático de la profecía de Isaías.

Con el permiso del presidente de la sinagoga, cualquier varón israelita podía leer públicamente la Ley o los Profetas, hacer una traducción del texto sagrado a la lengua vulgar (el arameo) y explicar su contenido en una breve homilía. Dado que no había un orden prescrito para la lectura bíblica, Jesús pudo elegir muy bien el texto de Isaías -61, 1 y ss-.

De hecho el texto de Isaías, que aparece aquí, está tomado de los Setenta, pero saltándose las palabras "sanar a los que tienen el corazón roto" (Is 61, 1), añadiendo otras (Is 58,6) y concluyendo con Is 61,2a. En este texto se anuncia un año de gracia -año jubilar- a los repatriados del destierro de Babilonia.

Jesús declara que la profecía de Isaías se cumple ya con su presencia. En él comienza la salvación, tan deseada. Por eso, lo que Jesús predica es realmente la Buena Noticia y no sólo una buena promesa.

EUCARISTÍA 1986, 6


5. 

Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír (evangelio). ¡Qué homilía hace Jesús a la gente de su pueblo! No les explica lo que decía Isaías a la gente de su tiempo, como aquel que da una clase de historia. Les habla de ellos y de las cosas que les pasan ahora mismo: "HOY se cumple". La homilía debe hablar de Jesús y de la Escritura que hemos leído, pero debe hablarnos a nosotros de cosas de nuestra vida. No debe explicar lo que pasó, sino lo que pasa hoy visto a la luz de la palabra y de la vida de Jesús.

Y no debe tener miedo de interpelar, como Jesús lo hizo, ni de despertar reacciones algo vivas. Como Jesús.

JOSÉ M. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1986, 3


6.

Hoy tenemos dos fragmentos importantes del evangelio de Lucas. El prólogo y el programa de Jesús.

a) El prólogo: escrito inestimable, único entre los evangelios. En él se nos hace la presentación de la obra de Lucas. Tiene un gran valor literario y temático, ya que nos habla de la metodología en la confección del evangelio (basado en la enseñanza de los testigos oculares y predicadores de la Palabra), del contenido (los hechos que se han verificado entre nosotros), y de la finalidad (para que se conozca la solidez de las enseñanzas recibidas). Lucas, literato, historiador y teólogo, ha encabezado su obra con este prólogo, de estilo correctísimo y elegante, que nos ilumina sobre lo que son los evangelios y concretamente el suyo.

b) El programa de Jesús: Jesús empieza su vida pública. Un sábado se encuentra en Nazaret. Lee un fragmento de Isaías (61,1-2) y lo comenta. Su comentario consiste en decir que aquel oráculo "hoy se cumple", lo más profundo que podía decir para dar autenticidad a las profecías y para hacerlas suyas. Jesús hace suyo el programa anunciado por el profeta en una acción movida por el Espíritu Santo (tema muy lucano) y mirando únicamente al bien del prójimo teniendo como base la liberación del hombre. La mención del año de gracia se refiere al año-jubilar, el año de remisión de todas las deudas, entendido aquí en un sentido universalista, para todos. Jesús se presenta como Salvador, especialmente del hombre más necesitado y marginado, del que más siente la propia miseria.

JOAN M. VERNET
MISA DOMINICAL 1983, 2


7.

Cuando Mateo presenta a Cristo con los rasgos de un rabí ambulante (Mt. 4, 12-17), Lucas, más liturgista, comienza y termina su Evangelio por la narración de acontecimientos que se desarrollan en el Templo (Lc. 1, 5-23; 24, 50-53), y da comienzo al ministerio de Cristo dentro de la liturgia sinagogal del sábado.

Esta última exigía generalmente dos lecturas. La primera, sacada de la Ley (Pentateuco), era leída y comentada por un "doctor de la Ley"; la segunda, de origen más tardío, tenía que ser extraída de los profetas y podía ser leída y comentada por cualquiera que tuviese al menos treinta años. Jesús tiene treinta años y reivindica el derecho de leer y comentar esta segunda lectura. Su primer discurso público es, pues, un homilía litúrgica.

* * * *

a) HOMILÍA/LEYES: Lucas no ha conservado el mismo discurso de Cristo, pero resume lo esencial de él en una sola frase: "Hoy se cumple" (v. 21). Todas las leyes de la homilía están contenidas en este pequeño versículo. La liturgia de la Palabra no es una simple lección moral de catecismo, ni la afirmación de la esperanza escatológica fomentada por los profetas; esta liturgia proclama el cumplimiento del designio del Padre en el hoy de la vida y de la asamblea. No se contempla ya un pasado cumplido, aunque sea edad de oro u ocasión de caída; ya no se sueña más en un futuro extraordinario; se vive el tiempo presente como momento privilegiado para la venida del Señor.

Los apóstoles, a su vez, han respetado este procedimiento homilético de Jesús (cf. Act. 13, 14-42; 16, 13-17; 17, 1-3; 18, 4). La liturgia cristiana de la Palabra es por consiguiente hija de la sinagoga; cumple el recuerdo de ésta del pasado y la esperanza del futuro en la "celebración de hoy". ¡Sin embargo, puede uno preguntarse si los sermones pronunciados en las asambleas cristianas son fieles a los de Cristo o a los de los doctores de la Ley!.

b) Cristo (o San Lucas) parece haber detenido intencionadamente su lectura en el momento en que la profecía de Is. 61 anunciaba "un año de gracia". Pasa en silencio el versículo siguiente, que anunciaba el juicio de las naciones: y un día de venganza para nuestro Dios" (Is. 61, 2), para insistir exclusivamente, sin duda, en la gracia de Dios. Estas palabras de gracia provocan el asombro de la asamblea (v.22) y son el origen de los incidentes narrados en los vv. 25-30. Precisamente para reforzar la idea de que su misión, toda, es de gracia y no de condenación, Cristo (o Lucas) ha añadido dentro de la cita de Is 61, 1-2 un versículo, tomado de Is. 58, 6, sobre la libertad ofrecida a los prisioneros.

Cristo define de una vez su misión como una proclamación del amor gratuito de Dios a todo hombre. Tal revelación sólo podía producir escándalo a los judíos que esperaban la escatología con todo el ardor que el odio a los paganos podía producirles.

* * * *

Decir que hoy se cumple la Palabra de Dios -esta es la misión de la homilía- no solo significa que se realiza una profecía antigua o que un texto inspirado toma repentinamente importancia. Lo que se cumple no es ante todo la Palabra de los profetas o de los teólogos, sino esta Palabra de Dios más profunda que cristifica a la humanidad, así como la vida y la condición de los hombres.

Decir que la Palabra de Dios se cumple quiere decir que la humanidad, hoy, ha incorporado a Dios en Jesucristo. No se trata, pues, de hacer una homilía que tratara de aplicar tal o cual texto inspirado, tal o cual palabra profética a los acontecimientos vividos por los miembros de la asamblea; se trata más bien de revelar, como lo hace el Evangelio con el acontecimiento privilegiado Jesucristo, cómo el acontecimiento vivido actualmente por los hombres y los cristianos es revelador del designio cristificador de Dios. Las fuentes y el vocabulario bíblicos deben desdoblarse en fuentes y vocabularios sociológicos y psicológicos. Para esto es preciso disociar la obra de Jesucristo del contexto sociocultural al que está ligada, lazo que la "palabra" de los evangelistas ha reforzado con frecuencia, para verla en acción en el ambiente contemporáneo como una respuesta a la búsqueda de Dios que lleva a cabo un pueblo concreto al que se dirige la homilía.

De esta manera, en el momento actual de los hombres es como la homilía incorpora el "hoy" de Dios y merece ser el ministerio de la Palabra de Dios.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA II
MAROVA MADRID 1969.Pág. 87 s


8.

Esta lectura incluye dos textos diferentes que, completándose mutuamente, ofrecen una visión general de todo el evangelio. El primero (1, 1-4) es el prólogo de Lucas y transmite la intención del propio evangelista; el segundo (4, 14-21) ha condensado su interpretación más radical de Jesucristo.

Por el prólogo (1, 1-4) sabemos lo que es un evangelio. Como punto de partida están "los hechos que se han verificado entre nosotros"; con esto se alude fundamentalmente a los acontecimientos de la vida de Jesús, aunque se incluyan también los sucesos de la historia de la iglesia, tal como han sido recogidos en el libro de los Hechos. Sobre esa base se han elaborado las "tradiciones transmitidas por los testigos y mensajeros"; Lucas ha recogido, en parte, las mismas tradiciones incluidas en Marcos y Mateo, reflejando de esa forma aquello que en la iglesia antigua se decía de Jesús y de su obra. Sobre ese fondo de historia y tradición ha elaborado Lucas su evangelio, componiéndolo de forma cuidadosamente elaborada y literariamente hermosa; es lo que en la exégesis se llama labor redaccional del propio evangelista.

Este prólogo alude, por lo tanto, a los diversos elementos que componen el evangelio y deben tenerse en cuenta en el momento de entenderlo. Como punto de partida, están los hechos de la historia de Jesús, en la que Dios nos ha ofrecido su rostro y su palabra. Como interpretación de los hechos aceptamos la vida de la iglesia primitiva, que los ha modelado y transmitido. El punto final es el trabajo literario de san Lucas. Por eso, cada vez que meditamos su palabra nos ponemos en contacto con el misterio de Jesús, tal como ha sido vivido y aceptado por la iglesia antigua.

En esta perspectiva se sitúa el relato de la obra de Jesús de Nazaret de Galilea (4, 14-21). Como fondo está la realidad histórica de la predicación de Jesús de Galilea y el rechazo por parte de su pueblo; también es histórica la certeza de que Jesús actúa con la fuerza del Espíritu Santo. Sobre ese fondo, transmitido y elaborado por la tradición, ha cimentado Lucas una de sus más profundas visiones del Cristo.

Para entender este texto hay que situarlo en el campo de esperanza abierta por el antiguo testamento: ¡Vendrá la fuerza, vendrá todo el Espíritu de Dios y hará que cambie la existencia de los hombres! Pues bien, ante aquéllos que aguardan la venida del Espíritu de Dios sobre la tierra, Jesús proclama que el misterio ya ha empezado a realizarse: "Hoy se cumple esta Escritura". Esto significa que, para la iglesia primitiva y para Lucas, la venida de Jesús supone el cambio decisivo de la historia, el cumplimiento de toda la esperanza.

La visión conjunta de los dos textos, que acabamos de presentar nos lleva a tres conclusiones principales: a) En el principio está el hecho de Jesús; nosotros debemos aceptarle como aquél que viene desde Dios y nos transmite la fuerza de su Espíritu. b) Aceptar a Jesús significa actualizar su obra de liberación para los hombres; sólo quien sigue su gesto y ayuda a los enfermos, libera a los cautivos y proclama el evangelio para todos los pobres de la tierra, sólo ése habrá entendido el mensaje de Jesús, según san Lucas. c) Pero, a la vez, un auténtico cristiano está obligado a "conocer la solidez de la enseñanza" que recibe (1-4); para eso ha escrito Lucas su evangelio, recogiendo las tradiciones de su tiempo; para eso debemos conocerlo y meditarlo.

COMENTARIOS A LA BIBLIA LITURGICA NT
EDIC MAROVA/MADRID 1976.Pág. 1192 s.


9. J/ESCÁNDALO/ENC 

No creemos en una idea, sino en un hombre situado en el tiempo y en el espacio. Lo que anunciamos es una realidad de nuestra historia, no unas ideas; no sólo unas experiencias místicas, ni mucho menos una ideología, sino un acontecimiento sucedido y experimentado en medio de unos hombres concretos, que fueron desde entonces testigos y heraldos de la Palabra.

Jesús no es un mito. Es un hombre que vivió en un contexto temporal, en un ambiente sociológico determinado. Arraigado en un terruño, en un linaje, perteneció a una familia, aprendió la biblia con los demás. Trabajó como carpintero, que era algo así como "un hombre para todo" en aquella época. Tuvo amigos de todas clases, discutió con los representantes de la religión oficial y de las diversas sectas. Habló, actuó, vivió en medio de un pueblo muy concreto, adoptando su fe y sus costumbres, hablando su lenguaje, participando de su psicología.

Jesús es un hecho, y nuestro cristianismo sería falso si no tomásemos en cuenta la verdad "carnal" de ese hecho, la densidad de la encarnación. Jesús es un hombre; y lo que importa es qué hombre fue. Ese es el motivo de las cuestiones que se plantearon en Nazaret, cuando el evangelista Lucas nos presenta, en el pórtico de su relato, un retrato de Jesús. Porque la realidad de la encarnación no agota la inteligencia de estas tres palabras: Jesús de Nazaret. El escándalo nace de la vinculación entre estas dos afirmaciones: Jesús es de Nazaret; pero es también aquel que, al desarrollar el libro de las Escrituras en la sinagoga, declara a propósito del pasaje de Isaías: "Esta Escritura que acabáis de oir se ha cumplido hoy".

En ese hombre creemos que se concentra toda la aventura de los hombres con Dios. El es la cima y el todo de la Revelación.

"Esta Escritura se ha cumplido hoy". Un hoy eterno, ya que es la provocación permanente de ese hombre llamado Jesús. No creemos solamente en un gran hombre, en un héroe admirable de nuestra humanidad. Afirmamos que él es "la última palabra" de Dios. "Esta Escritura se ha cumplido hoy". Hoy se ha cumplido el encuentro. Ya que es en nuestro hoy vulgar en donde nos vemos provocados a la fe. Y se abre ante nosotros toda la grandeza de nuestra vida cotidiana: es ahí, en el hoy humilde de cada día, donde encontramos a Dios cuando, al confrontarnos con la revelación de este hombre Jesús, decimos: "Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna". Sólo estas palabras dicen de verdad la totalidad del misterio.

Hoy se ha cumplido tu palabra:
tu Verbo, tu Hijo único, toca nuestro corazón
y cada día es el tiempo de su revelación.
Bendito seas, Dios, que cumples tu palabra:
que nuestro hoy que pasa se abra y florezca en eternidad,
en encuentro para siempre.

DIOS CADA DIA
SIGUIENDO EL LECCIONARIO FERIAL
SEMANAS XXII-XXXIV T.O. EVANG.DE LUCAS
SAL TERRAE/SANTANDER 1990.Pág. 19 s.