Poned la mirada en el último día, en el de la venida del Hijo del Hombre, porque
ha de encontrar viviendo mal a los que ahora están seguros, aunque con una falsa
seguridad; se hallan seguros en los placeres del mundo, cuando deberían estarlo
por haberlos sometido. El Apóstol nos preparó para aquella vida. Éstas son sus
palabras: Por lo demás, hermanos, el tiempo es corto; sólo queda que los que
tienen mujer vivan como si no la tuvieran, y los que compran como si no
comprasen, los que se gozan como si no se gozasen, los que lloran como si no
llorasen y los que disfrutan de este mundo como si no disfrutasen, porque la
figura de este mundo Quiero que estéis sin preocupaciones (1 Cor 7,29-32).
El que pone todo su gozo y toda su felicidad en comer, en beber, en estar casado, en comprar, en vender, en disfrutar de este mundo, está ciertamente sin preocupaciones, pero se halla fuera del arca. ;Ay de él cuando llegue el diluvio! Por el contrario, el que come y bebe o hace otra cosa, y la ejecuta para gloria de Dios; y, si tiene que soportar alguna tristeza debida a las cosas humanas, llora de tal modo que interiormente se goza con la esperanza; y, si le sobreviene algún gozo originado por las cosas terrenas, de tal modo se goza que teme espiritualmente en su interior, y, por lo tanto, no se entrega de lleno a la felicidad para no ser pervertido, ni a la adversidad para no quedar quebrantado, lo cual es llorar como si no llorase y gozarse como si no se gozase; el que, teniendo esposa, compadeciéndose de la flaqueza de ella, da pero no exige el débito; o si por su propia debilidad se casa, pero más bien se lamenta por no poder pasar sin la mujer que se goza por haberse casado; el que vende lo que sabe que, si lo retuviese, no le haría feliz; el que conoce que pasa todo lo que compra, y, por lo tanto, no presume de los bienes en que abunda y le rodean, y emplea lo que tiene en obras de misericordia con quien nada tiene, para recibir también él mismo lo que no tiene de manos de quien tiene todas las cosas; todos estos esperan confiados el último día, porque no están fuera del arca. Ya son contados entre las maderas incorruptibles con las que se fabrica.
No teman, pues, al Señor que ha de venir; antes bien, espérenlo y deséenlo, pues su venida no le aportará el castigo, sino la eliminación de las fatigas. Todo esto se consigue en el deseo de aquella ciudad. Luego lo que encarece el evangelio se logra con el deseo de esta ciudad a la que canta el salmo.
Comentario al salmo 147 4.
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