PRIMERA
LECTURA
Nínive, la capital de los asirios, es para el pueblo bíblico personificación del mal. Un profeta recibe encargo de llevar allí apelo ultimativo a conversión. Para sorpresa suya y para abrir los ojos de su pueblo, al que el mensaje se dirige, Nínive se convierte, y Dios lo perdona, igual que a su propio pueblo. Es una sorprendente revelación de la misericordia sin fronteras, y de que el pueblo de Dios está en el seno de la humanidad «perdida».
Lectura del Profeta Jonás 3,1-5. 10.
En aquellos días, vino de nuevo la Palabra del Señor a Jonás:
-Levántate y vete a Nínive, la gran capital, y pregona allí el pregón que te diré.
Se levantó Jonás y fue a Nínive, como le había mandado el Señor. (Nínive era una ciudad enorme; tres días hacían falta para atravesarla.) Comenzó Jonás a entrar por la ciudad y caminó durante un día pregonando:
-Dentro de cuarenta días Nínive será arrasada.
Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno, y se vistieron de sayal, grandes y pequeños.
Cuando vio Dios sus obras y cómo se convertían de su mala vida, tuvo piedad de su pueblo el Señor, Dios nuestro.
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