PRIMERA LECTURA
La figura del siervo que se autopresenta tiene el dolor de toda creatura, pero también la confianza que ilumina el sufrimiento. El mensaje que anuncia es él mismo. Quiere ser palabra de aliento para todos los abatidos. El no está en posesión del sentido que anuncia; pero está a la escucha y lo oye siempre de nuevo. Hay perspectiva al dolor del pueblo desterrado. Dios está en el sufrimiento con el siervo. Y siervos de Dios son todos los que sufren y escuchan el sentido. En ellos se redime el dolor.
Lectura del Profeta Isaías 50,4-7.
Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado,
para saber decir al abatido
una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los iniciados.
El Señor Dios me ha abierto el oído;
y yo no me he rebelado
ni me he echado atrás.
Ofrecí la espalda. a los que me golpeaban,
la mejilla a los que mesaban mi barba.
No oculté el rostro a insultos y salivazos.
Mi Señor me ayudaba,
por eso no quedaba confundido;
por eso ofrecí el rostro como pedernal,
y sé que no quedaré avergonzado.
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