EVANGELIO
Dios no ha mandado su Hijo al mundo, para condenarlo, sino para salvarlo. Así, pues, la evangelización tiene que presentarse en un contexto benévolo y optimista frente a las realidades terrenas. Para ello las comunidades cristianas -promulgadoras del Evangelio- deberán presentar un rostro humano y atrayente.
Hemos de meditar siempre en las dimensiones inabarcables de nuestra propia profundidad. De esta meditación surgirá un inmenso respeto y admiración por nuestra dignidad de hombres -dignidad divina- y por el misterio de Dios. Así empezamos a salvar al mundo.
![]()
Lectura del santo Evangelio según San Juan 3,16-18.
En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo:
-Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único, para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.
Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él, no será condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.
![]()