TERCERA LECTURA

 

En un pueblo en esclavitud aun los vivos están muertos. La vida en opresión tiene la muerte encima. El profeta exílico recoge el grito desesperado y lo cambia por una palabra de aliento. El espíritu de Dios, fuente de la vida, conjura a los huesos a juntarse para un renacer. El conjuro tiene la fuerza de poner en movimiento a los que están postrados en la desesperanza. Dios está en el impulso de vivir que transforma a los oprimidos.

 

Lectura del Profeta Ezequiel 37,1-14.

En aquellos días, la mano del Señor se posó sobre mí, y con su Espíritu el Señor me sacó y me colocó en medio de un valle todo lleno de huesos. Me hizo dar vueltas y vueltas en torno a ellos: eran innumerables sobre la superficie del valle y estaban completamente secos.

Me preguntó:

-Hombre mortal, ¿podrán revivir estos huesos? 

Yo respondí:

-Señor, tú lo sabes. 

El me dijo:

-Pronuncia un oráculo sobre estos huesos y diles: ¡Huesos secos, escuchad la Palabra del Señor! Así dice el Señor a estos huesos: «Yo mismo traeré sobre vosotros espíritu y viviréis. Pondré sobre vosotros tendones, haré crecer sobre vosotros carne, extenderé sobre vosotros piel, os infundiré espíritu y viviréis. Y sabréis que yo soy el Señor.»

Y profeticé como me había ordenado, y a la voz de mi oráculo hubo un estrépito, y los huesos se juntaron hueso con hueso. Me fijé en ellos: tenían encima tendones, la carne había crecido y la piel los recubría; pero no tenían espíritu.

Entonces me dijo:

-Conjura al espíritu, conjura, hombre mortal, y di al espíritu: Así dice el Señor: «De los cuatro vientos ven, espíritu, y sopla sobre estos muertos para que vivan.»

Yo profeticé como me había ordenado; vino sobre ellos el espíritu y revivieron y se pusieron en pie. Era una multitud innumerable.

Y me dijo:

-Hombre mortal, estos huesos son la entera casa de Israel, que dice: «Nuestros huesos están secos, nuestra esperanza ha perecido, estamos destrozados.» Por eso profetiza y diles:

Así dice el Señor:

«Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que soy el Señor. Os infundiré mi espíritu y viviréis; os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago.» Oráculo del Señor.