SEGUNDA
LECTURA
El pueblo bíblico proyecta hacia un acontecimiento original su autocomprensión y expresa por él su aspiración. El Sinaí fue un lugar de cita con el Dios liberador, que se hizo presente en signos. Allí debía nacer un vínculo durable, la alianza, que hiciera crecer en el mundo un pueblo santo, sacerdote de Dios entre los pueblos. El pueblo de la nueva alianza pide responder a ese compromiso y desempeñar esa función.
Lectura del libro del Exodo 19,3-8a. 16-20b.
En aquellos días Moisés subió hacia Dios.
El Señor lo llamó desde el monte, diciendo:
-Así dirás a la casa de Jacob y esto anunciarás a los israelitas: «Ya habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo a vosotros os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. Ahora pues, si de veras escucháis mi voz y guardáis mi alianza, vosotros seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.» Estas son las palabras que has de decir a los israelitas.
Moisés convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todo lo que el Señor le había mandado:
Todo el pueblo, a una, respondió:
-Haremos todo cuanto ha dicho el Señor.
Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar.
Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.
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