TEMAS DE ESTE DOMINGO

 

Dos rasgos caracterizan principalmente al domingo de Pentecostés, desde la historia:

-Empezó siendo simplemente -y nunca dejó de serlo- el día  "quincuagésimo" de Pascua, el último de la "Pentekoste", la solemne  clausura de la Cincuentena pascual, coronación de las  solemnidades pascuales. Resultaba normal en ese día  -independientemente de la coincidencia cronológica apuntada en  Hch 2, 1- una evocación particular del don del Espíritu a la Iglesia,  porque ese don "lleva a plenitud el misterio pascual" (prefacio), es  "la perfección del misterio pascual" (misal ambrosiano), es Pascua  en plenitud. En él se culmina la glorificación del Señor Jesús. La  Iglesia, pues, que en la cincuentena pascual, de principio a fin,  celebra el misterio pascual en su totalidad (no como una sucesión  lineal de acontecimientos autónomos), no podía menos de  conmemorar al don del Espíritu conjuntamente con la Muerte, la  Resurrección y la Ascensión.

-Desde finales del s. IV, "el día de Pentecostés" está marcado  particularmente por la conmemoración de la venida del ES sobre los  apóstoles. Es un día en que la Iglesia dirige su atención de una  manera especial a honrar a la tercera Persona de la Stma. Trinidad. 

En épocas se ha querido acentuar la autonomía de esta fiesta como  una segunda Pascua (vigilia, bautizos, secuencia, octava...).

Nuestra pastoral de Pentecostés debe tener en cuenta ambas  significaciones. Un arqueologismo de mala ley no debería llevarnos  a escatimar cierto protagonismo al ES en la celebración de este día,  pero sin oponer el Espíritu a Cristo, Pentecostés a Pascua. Si  sabemos iluminar debidamente las profundas vinculaciones  existentes entre ambos polos, la necesaria catequesis del ES puede  ayudar de paso a descubrir la unidad dinámica del misterio  pascual.

Desde este planteamiento, tres temas parecen destacar en la  liturgia de hoy: el Espíritu como don pascual de Cristo glorificado, el  misterio de la Iglesia como obra del Espíritu y la misión  evangelizadora que impulsa el Espíritu.

-PENTECOSTÉS Y PASCUA. La fiesta de Pentecostés nos ayuda  a descubrir una doble relación entre Pentecostés y Pascua, entre el  misterio del ES y el misterio de Cristo muerto y resucitado.

a)Don pascual. Ya en el NT el don del Espíritu se presenta como  fruto de la Pascua. "Todavía no se había dado el Espíritu, porque  Jesús no había sido glorificado" (Jn/07/39). Por eso, el Resucitado  se da prisa en comunicar el Espíritu a los suyos, la tarde misma del  día de la resurrección, en su primera aparición (evangelio). En  realidad, ese Espíritu es el "aliento vital" que exhaló Jesús sobre su  Iglesia desde lo alto de la cruz en el momento de pasar de este  mundo al Padre: regalo nupcial del Esposo.

b)Don al servicio de la Pascua. La función del Espíritu en la  Iglesia no es suceder a Cristo ni, menos aún, suplantarlo. Por el  contrario, es "llevar a plenitud la obra de Cristo en el mundo"  (plegaria eucarística IV). Corresponde al Espíritu asegurar la  presencia invisible y perenne de Cristo y de su obra; desplegar, en  el tiempo y en el espacio, la totalidad del misterio de Cristo;  "hacernos comprender la realidad misteriosa de su sacrificio y  llevarnos al conocimiento pleno de toda la verdad revelada"  (oración sobre las ofrendas); ayudarnos a interiorizar y asimilar la  salvación de Cristo.

-EL ESPÍRITU QUE EDIFICA LA IGLESIA. El domingo de  Pentecostés es "fiesta de la Iglesia" a título particular: el  acontecimiento que hoy se conmemora marca el nacimiento (o la  epifanía, según se mire) de la Iglesia. La 1a.lectura nos describe la  escena inaugural constituyente del pueblo de la nueva Alianza. La  tipología de la fiesta judía de Pentecostés, que conmemoraba la  promulgación de la Alianza en el Sinaí y el nacimiento de Israel  como pueblo, puede y debe servirnos para profundizar en este  punto.

El evangelio nos presenta a la Iglesia como criatura del Espíritu  del Resucitado. El gesto de Jesús "exhalando su aliento" sobre los  discípulos y diciendo: "Recibid el ES" es gesto de creador, que  recuerda la creación del primer hombre ("El Señor Dios sopló en su  nariz aliento de vida y el hombre se convirtió en ser vivo": Gn 2. 7). 

El Espíritu fue, "desde el comienzo, el alma de la Iglesia naciente"  (prefacio). "Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu para  formar un solo cuerpo" (2a.lectura).

El Espíritu de Cristo sigue en la Iglesia haciendo comunidad. "El  Espíritu del Señor mantiene todo unido" (ant. de entrada),  derribando barreras de incomprensión (como viento impetuoso),  destruyendo el pecado, factor de división (como fuego purificador) y  suscitando diversidad de servicios para el bien común (2a.lectura). 

La unidad de la Iglesia no es fruto de la voluntad y esfuerzo de los  hombres, sino obra del Espíritu.

-EL ESPÍRITU, FUERZA DE EXPANSIÓN MISIONERA. La  dimensión misionera de la Iglesia pertenece también esencialmente  al mensaje de Pentecostés. El Espíritu clausura las solemnidades  pascuales abriendo a la Iglesia a la misión que nace ineludiblemente  de la experiencia de la Pascua. A los discípulos reunidos el  Resucitado les comunica el Espíritu como una fuerza que los aliente  a llevar adelante la misión que les encomienda (evangelio). El  Espíritu los transforma en testigos valientes, en predicadores  enardecidos de la Buena Noticia (otra vez el simbolismo del viento  impetuoso y del fuego, de la primera lectura). Se da a la Iglesia  como un principio vital que le permite crecer, expansionarse,  manifestarse al exterior, irradiar hacia el mundo la presencia  salvadora de Cristo. Va plasmando a la Iglesia como lugar de  encuentro y diálogo, como instrumento de paz y reconciliación, para  que "sea ante todo el mundo signo visible de salvación" (oración  sobre las ofrendas de la vigilia). 

I. OÑATIBIA
MISA DOMINICAL 1990, 12