REFLEXIONES

 

1. EUCARISTÍA. MONICION/ENTRADA.

Hermanos: Celebramos hoy el domingo de Pentecostés. Hoy es la fiesta de la FUERZA DE DIOS, de aquella fuerza que no ha permitido que Cristo fuera abandonado entre los muertos, ni que su carne experimentase la corrupción. Es LA FUERZA DE LA PASCUA DE JC. Y esta fuerza, es decir, el ES, ha sido derramado con profusión por JC Resucitado sobre los discípulos. Este es el sentido de la fiesta de hoy que cierra el tiempo pascual: la efusión del ES en la Iglesia, para que seamos testigos claros y convincentes de JC en medio de la humanidad.


2. PASCUA. CINCUENTENA. ES/I: SU MÚLTIPLE ACTIVIDAD EN LA COMUNIDAD.

Con este domingo se cierran los 50 días de Pascua, dedicados por entero a celebrar el gozo de la resurrección, la novedad de vida de los bautizados y el comienzo de la Iglesia animada por el ES. Pentecostés es el día 50 después de la resurrección del Señor, pero no es una fiesta desligada de los 49 días que le preceden.

Esta solemnidad hay que conectarla con toda la Cincuentena, que constituye como "un solo y único día festivo, más aún, como un gran domingo" (NUALC, 22). La oración colecta de la misa de la Vigilia expresa bien esta unidad: "Dios todopoderoso y eterno, que has querido que la celebración de la Pascua durase simbólicamente cincuenta días y acabase con el día de Pentecostés". ...................

La Misa del día de Pentecostés rezuma gozo por la abundancia constatada de la acción del ES. Las dos antífonas de entrada (Sb 1. 7 y Rm 5. 5/10. 11), la antífona de comunión (Hch 2. 4/11) y la secuencia expresan, de modo poético, la convicción de una presencia misteriosa pero real.

El Espíritu es: luz, don, fuente de consuelo, huésped, descanso, tregua, brisa, gozo, aliento. Su actuación se concreta en: penetrar, enriquecer, alentar, regar, sanar, lavar. infundir calor, domar, guiar, repartir, salvar...

De otro modo, pero coincidente en el fondo, lo expresa el prefacio. Más recientemente lo ha expresado Juan Pablo II en su encíclica "Dominum et vivificantem". No cabe duda que el Espíritu sopla fuerte en la Iglesia de hoy, invitándonos a: evangelizar, catequizar, celebrar, dar testimonio, unir, trabajar por la paz, la justicia, la fraternidad universal...

...................

El prefacio de hoy es una síntesis magnífica de la actividad múltiple del ES en la comunidad. Esta actividad se describe y concreta de distintos modos:

-El Espíritu lleva a plenitud el misterio pascual. El Espíritu lleva a su realización plena la obra de Jesús.

-El Espíritu es el alma de la Iglesia desde el principio. De él vive la comunidad de bautizados.

-El Espíritu infunde a todos los pueblos el conocimiento de Dios. Por ser Espíritu del Padre y del Hijo puede darlos a conocer.

-El Espíritu congrega en la profesión de la misma fe a los divididos por el pecado. Lo hace en el Bautismo, Penitencia y demás sacramentos.

-El Espíritu da vida a la Iglesia. Él es Señor y fuente de vida. -Inspira a todos los hombres que buscan el Reino de Dios. Él es quien conduce a los hombres de buena voluntad por los caminos de la verdad y la justicia, hasta la plenitud de la verdad: Cristo.

R. GONZALEZ
MISA DOMINICAL 1987, 12


3. EPICLESIS/ES-FUERZA: LA FUERZA DEL ESPÍRITU HACE PRESENTE EL CUERPO DE CRISTO Y EL CUERPO ECLESIAL.

Hoy podemos presentar una visión global de la celebración eucarística bajo la perspectiva de la acción del Espíritu. Es decir, mostrar cómo -a través de toda la celebración- se hace la experiencia de las manifestaciones del Espíritu.

El centro de esta presentación debe ser, evidentemente, las epíclesis de la plegaria eucarística. La primera, como epíclesis de consagración (o cristológica): la fuerza del Espíritu creador es la que hace pasar el pan y el vino a ser el Cuerpo y la Sangre del Cristo glorioso, y por tanto la que nos hace posible el realismo pleno del memorial. La segunda, como epíclesis de comunión (o eclesiológica): la fuerza del Espíritu de Cristo es la que reúne en el cuerpo eclesial de Cristo a los participantes del Cuerpo sacramental, dándoles la unidad y el amor. En ambos casos, sin embargo, hay que destacar que la acción del Espíritu está estrechamente unida a la persona de Cristo: la narración de la institución, palabra de Cristo, y la comunión sacramental con el Cuerpo y la Sangre del Señor.

También la liturgia de la Palabra es una manifestación del Espíritu. Es la actualización de la proclamación de las maravillas de Dios (1a.lectura), la inspiración apostólica, la iluminación constante hacia toda la verdad. Y la profesión de fe es, toda ella, testimonio de que el Espíritu se nos ha dado.

Incluso la misma asamblea reunida manifiesta la diversidad de los dones del Espíritu: los ministerios expresan los dones recibidos "para utilidad", dentro del conjunto de una Iglesia toda ella llena del Espíritu.

Un tercer aspecto, aún, de esta misma actualización, es la derivación hacia la vida y el testimonio, que viene de la Eucaristía y es fruto del Espíritu. En este sentido se podría aprovechar el texto de la oración sobre las ofrendas de la misa de la vigilia. La idea que se encuentra en ella es magnífica: la Eucaristía es la fuente del amor porque -bajo la bendición del Espíritu- es la actualización del misterio pascual; este amor vivido por los participantes se convierte en la manifestación "toto mundo" de la verdad del misterio de salvación. Difícilmente se podría anunciar con menos palabras la relación Eucaristía-Misterio pascual-Iglesia- Espíritu-Vida cristiana testimonial.

PERE TENA
MISA DOMINICAL 1986, 11


4. ES/LIBERTAD LBT/ES: LIBERACIÓN DE LO QUE NOS ESCLAVIZA Y DE NUESTROS PROPIOS RAQUITISMOS. A/APERTURA A LOS DEMÁS. SALIDA DE NOSOTROS MISMOS.DE NUESTROS PROPIOS AUTO-CENTRAMIENTOS. ES/COMUNIDAD: PROMUEVE DIVERSAS CAPACIDADES PARA BIEN DE TODOS.

Llegamos al final de la gran catequesis de Pascua. Todo el tiempo pascual ha sido la celebración del único misterio: JC, el Señor; es Él quien ha pasado de este mundo al Padre y nos da la vida por su Espíritu. Pentecostés evoca la presencia del ES en la Iglesia, gran don del Señor Resucitado.

-La presencia del ES.

a)El ES, Espíritu del Padre y de su Hijo, JC. El Espíritu que llena y anima a la primera comunidad cristiana es el ES que llenó al Señor Jesús, constituyéndolo Hijo, lo condujo al desierto y fue su alimento hasta su muerte y resurrección. Es el Espíritu de Dios que condujo a Jesús hasta la fidelidad plena de la Cruz y a la comunión total de la Resurrección; lo acentúa el evangelio de hoy al decir que el Señor que les comunica el Espíritu es el que les muestra las manos y el costado; lo acentúa el evangelio de Jn al decir que Jesús, en su muerte, inclinando la cabeza, "entregó el Espíritu" (/Jn/19/30), expresión que significa, al mismo tiempo, la entrega de Jesús al Padre, la plena comunión con Él en la vida resucitada y el don del Espíritu a los hombres.

b)El Espíritu, don de Dios a los hombres. Pentecostés subraya que la salvación es un don, y el don es Dios mismo. El don de Dios nos llega por y en JC, aquel en quien la presencia de Dios ha llegado en todo a la plenitud y en quien se nos da el Espíritu. JC nos da el Espíritu en su Palabra que nos anuncia la verdad, sobre la muerte, la esperanza, la alegría; en sus gestos de amor, de sencillez, de libertad; sobre todo en la entrega de su muerte y en la presencia gloriosa de su resurrección. Él mismo y su presencia entre los hombres constituye ya el don del Espíritu de Dios.

-La obra del ES. Las lecturas de hoy reflejan una serie de diversas manifestaciones del Espíritu del Señor, prueba de su presencia, cualidades del auténtico hijo de Dios; lo son en el doble sentido: donde está el Espíritu, está la fe, el amor, el servicio; y donde hay libertad, amor, unidad, allí se encuentra el Espíritu de Dios. Parece que cuanto contienen las lecturas gira en torno a dos ejes, íntimamente relacionados, las dos vertientes de la salvación de Dios y de la vida humana: la fe personal y la vida comunitaria.

a)La fe, la libertad y el amor. La 1a. Corintios habla de la fe en el Señor como don del ES; fe supone luz interior, confesión, entrega personal a JC, remodelación de la vida entera a la luz de su propia comunión viva con el Padre. La primera lectura subraya también la libertad, otra manifestación de la experiencia interior del Espíritu; liberación del miedo, de lo que nos esclaviza, de lo que nos empequeñece; liberación de lo que impide la verdadera vida y la fidelidad vivida, tanto si son opresiones exteriores que limitan la vida humana como pequeños raquitismos internos, que hacen difícil la magnanimidad del amor y el diálogo. El fragmento evangélico de hoy habla también de la paz y el perdón, obras concretas del amor, gran signo de la presencia de Dios, definido precisamente como ágape (1 Jn 4. 8). El amor busca la relación adecuada con la realidad entera y con los hombres; relación que consiste en la apertura a los demás, a su presencia y a su necesidad hasta la comunión con ellos, y supone la salida de nosotros mismos en un intento, nunca del todo conseguido, de liberarnos de nuestros propios auto-centramientos para conseguir la comunión con todos según las propias posibilidades.

b)La comunidad del Señor. Pentecostés es, por excelencia, la celebración del impulso comunitario y universal de la vida en el Señor Jesús, la fiesta de la Iglesia católica. La multiplicidad de lenguas en una misma confesión es un signo muy nuestro y actual del sentido de la apertura católica, de la verdadera superación de la Babel humana. Hay que alimentar nuestra ilusión sobre la Iglesia como la comunión entre todos los hombres bajo el signo de la fe viva, el amor y el servicio en el respeto más estricto y la promoción de cada persona, cada grupo humano, cada cultura. Y esto debe conducirnos a la ilusión y al trabajo por un mundo marcado realmente por el espíritu evangélico católico, que promueve el amor y la libertad en una comunión entre todos los grupos, en el respeto y la valoración mutuos.

El texto de Pablo habla también de la visión "espiritual" cristiana del pluralismo interior de la comunidad. La obra del Espíritu es doble:

Por una parte promueve la diversidad de capacidades, de valores, de talentos; la diversidad entre los hombres no es algo neutro o sin significado en la vida humana, y menos aún algo que haya que ignorar o corregir en función de la unidad; es la obra del Espíritu.

Hay que potenciar las diversas capacidades, y no unas determinadas, sino todas, y no discriminarlas según eficacias sociales y clasificaciones ideológicas, sino valorarlas todas, cada uno la suya. La segunda obra del Espíritu es la orientación de cada capacidad hacia el bien de todos; la promoción personal puede -y suele- hacerse en bien propio como autoafirmación del individuo; la obra de Dios, en cambio, es el fomento de cada valor personal en el servicio generoso a los demás y al proceso de la colectividad.

La comunidad recibe del Señor la misión: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". La primera realización de esta misión es el anuncio de la verdad de la fe iniciado el mismo día de Pentecostés, proclamando a todos los pueblos las grandezas del Señor en sus propias lenguas, y constituyendo comunidades de creyentes, llenos del ES (Hch 2. 37-41). el evangelio insinúa la doble reacción ante el mensaje: la acogida y el rechazo, significada en la doble actitud de la Iglesia: perdonar los pecados o no perdonarlos.

GASPAR MORA
MIsa dominical 1983, 11


5. PAS/PENT: EL E.S. ES EL DON DE LA PASCUA.

Pentecostés culmina las celebraciones pascuales: éste es el sentido de la fiesta de hoy y el que debería tener la homilía. El ES no es "otra cosa" que se añada a la Pascua o que venga después. El evangelio de hoy nos ayuda a superar la pretensión historicista de Lc y a establecer la relación entre el ES y la Pascua.

Porque el Espíritu es el gran don de la Pascua: es el Señor de la Pascua quien nos lo envía, y es él, el Espíritu, quien nos permite confesar a Jesús como Señor. Celebrar Pentecostés es "actualizar" la Pascua, hacerla realidad en nuestra vida.

Si todos los santos tienen octava, ¡Pascua tiene siete! Hoy celebramos, como coronación, la fiesta de Pentecostés (que significa, precisamente, día quincuagésimo). El evangelio nos presenta a Jesús en medio de sus discípulos diciéndoles: Recibid el ES. Hoy nos detenemos a contemplar y agradecer de un modo especial este don. Pero el Espíritu no viene solamente cincuenta días después, sino que está íntimamente vinculado a la fiesta de Pascua.

Más aún: Es Jesús, el Señor de la Pascua quien nos comunica su Espíritu. El Espíritu del Padre, la fuerza que da vida al mundo, el Espíritu que reposa sobre Jesús y al que él ha sido totalmente fiel... también es enviado a nosotros. Es el gran don de la Pascua: un don -un Espíritu- que nos penetra con su fuerza y nos renueva profundamente. Que nos permite esperar más allá de nuestras propias fuerzas y de nuestras perspectivas: como Jesús, que, clavado en la cruz, exclama: "¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!". Que nos permite reconocer a Jesús como Señor. El Espíritu es el don por excelencia: ni nace de nuestras propias fuerzas ni nosotros podemos conquistarlo. Nos es dado gratuitamente por el Señor resucitado.

Con la fiesta de hoy culminamos las celebraciones pascuales. Pero, ¿habéis caído en la cuenta de que aquello que hace que la Pascua no sea un simple hecho exterior a nosotros, alejado en el espacio y el tiempo, es precisamente el hecho de que nos ha sido dado el Espíritu? Sin el Espíritu del Padre y Jesús, no podríamos reconocer a Jesús como Señor ni invocar a Dios como Padre, ni esperar el triunfo ni la vida total y plena. Todo cuanto nace de la tierra o del corazón humano es pequeño y exiguo, hecho a nuestra medida. La Pascua es la medida de Dios. El Espíritu ensancha nuestro corazón de acuerdo con sus perspectivas.

J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1981, 12


6. ES/I

La Iglesia es la comunidad convocada por el Espíritu "para formar un solo cuerpo", un cuerpo de hombres y mujeres transformados por dentro, por haber "bebido" el Espíritu, y que se siente "enviada" a hablar de las maravillas de Dios.

El día de Pentecostés constituye una buena ocasión para hablar de la Iglesia. Pero de lo que la Iglesia tiene permanentemente valioso y capaz de hacer soñar. Es decir, que dejando de lado si en la parroquia hay o no suficientes catequistas, si los que vienen para la primera comunión les preocupa sólo el vestido y el banquete, y si la jerarquía actúa o no como desearíamos, hoy podríamos resaltar qué es lo que hace que merezca la pena pertenecer a esta comunidad convocada por el Espíritu: la Iglesia es el conjunto de hombres y mujeres que a lo largo de la Historia se han ido transmitiendo el testimonio de JC, hasta llegar a nosotros; es el lugar en el que podemos vivir y llenarnos de estos signos simples en los que reconocemos la presencia de JC; es el encuentro con otros que, como nosotros, quieren vivir la presencia y el seguimiento de JC, y sin los que nosotros andaríamos demasiado solos como para poder intentar de verdad ser cristianos.

J. LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1988, 11


7.

El acontecimiento de Pentecostés es la réplica de este mito de la torre de Babel. En Pentecostés no son los hombres los que tratan de escalar el cielo, sino el mismo cielo el que se vuelca graciosamente sobre los hombres.


8.

La homilía de este domingo debería ser a modo de pregón contemplativo, que ayude a todos a descubrir la presencia del Espíritu en nuestra historia.

No hace falta detenerse en los detalles del lenguaje poético (fuego, viento... que recuerdan al Sinaí). Pero sí tenemos que ayudar a entender cómo el Espíritu es el mejor don del Resucitado, fruto granado de su Pascua. El que en el inicio del mundo llenó de vida, aleteando sobre ellas, las aguas primordiales. El que actuó en el seno de la Virgen María e hizo que su Hijo fuera el Mesías e Hijo de Dios. El que resucitó a Cristo de entre los muertos. El que llenó de vida y cambió radicalmente a la primera comunidad apostólica en Pentecostés (de cobarde y encerrada, a misionera y valiente). Es el mismo que hoy quiere llevar a plenitud en cada uno de nosotros y en toda la Iglesia, incluso en toda la humanidad y el cosmos, la obra salvadora de Cristo, la Pascua como proceso de renovación y vida: haciéndonos madurar en la verdad, en el amor, en la energía de la vida cristiana.

J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1991, 8


9. PASCUA. CINCUENTENA:

UN SOLO DÍA:EL GRAN DOMINGO "...al anochecer de aquel día, el primero de la semana". Hemos estado celebrando durante 50 días la gran fiesta de la Pascua.

Porque un hecho tan importante en nuestras vidas merece una larga fiesta... Y hoy cerramos la gran fiesta situándonos nuevamente en "...aquel día, el primero de la semana", del cual, de hecho, no nos hemos movido -ni tendríamos que movernos- nunca.


10. EL CIRIO-PASCUAL SOLO ES PARA LA PASCUA

Después de la última misa del domingo de Pentecostés, hay que coger el cirio pascual, sacarlo del presbiterio y llevarlo al baptisterio (si se usa) o a la sacristía.

El cirio pascual es uno de los signos más propios de la Pascua, y por tanto sólo deberá estar visible durante la cincuentena. Luego aparecerá también en los actos pascuales: el bautismo (junto a la pila) y las exequias (junto al cadáver).

Tenerlo en el presbiterio todo el año (quizá para ahorrarse tener que trasladarlo para bautizos y exequias) es quitarle toda su fuerza a un gran instrumento pedagógico: si el cirio sólo está visible en su tiempo propio, ello hace que cuando lo veamos nos evoque la Pascua; en cambio, si está visible siempre (aunque sea apagado), su significado se diluye y ya no nos evoca nada.

MISA DOMINICAL 1992, 8


11.

Un buen consejo de San Juan de la Cruz para estos días: «Estos días traiga empleado el interior en deseo de la venida del Espíritu Santo; y en la Pascua y después de ella continua presencia suya. Y tanto sea el cuidado y estima de esto, que no le haga el caso otra cosa, ni mire en ella, ahora sea de pena, ahora de otras memorias de molestia. Y todos estos días, aunque haya faltas en casa, pasar por ellas, por amor del Espíritu Santo y por lo que se debe a la paz y quietud del alma en que él se agrada morar»

SAN JUAN DE LA CRUZ. Ep. 20


12.

Si siempre la Pascua nos quiere hacer profundizar en la esfera del Espíritu, este año más. Pentecostés debería ser este año más cuidadosamente preparado, mejor celebrado y más prolongado en nuestra vida.

Quiero aquí sencillamente recordar varias direcciones en que esto se podría concretar:

* a lo largo de la Pascua, hacer más referencias explícitas al Espíritu como el mejor Don del Señor Resucitado; cuando se nombre en las lecturas; en la homilía; poniendo en el atrio de la iglesia pósters referentes al Espíritu; iniciando la Eucaristía más veces con cantos al Espíritu;

* pronunciar mejor las dos epíclesis de la Eucaristía: la primera, sobre el pan y vino ("te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu..."), y la segunda sobre la comunidad ("te pedimos que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos..."): decir esas frases "creyéndolas", con énfasis; en la primera, además, realizando con expresividad el gesto de la imposición de manos; que todos oigan bien esta invocación tan importante (por tanto, no decirla mientras están cambiando de postura);

* enriquecer el repertorio de cantos que se refieren al Espíritu; además de los que ya tenemos en los cantorales generales, este año se han publicado otros varios, que podemos adquirir para ver si sirven a nuestras comunidades; aprender uno o dos nuevos (en las regiones bilingües, al menos uno en cada lengua);

* recitar pausadamente, en celebraciones de oración, o en la Eucaristía -por ejemplo alguna vez después de la comunión- la oración de Juan Pablo Il al Espíritu Santo (cf. MD 1/1998), intercalando alguna aclamación cantada a cada estrofa; se podrían decir dos o tres estrofas cada vez;

* en tomo a Pentecostés, utilizar y motivar algunos de los símbolos más relacionados con el Espíritu: el color rojo de las flores y de los vestidos, el agua viva de la aspersión bautismal, el fuego de las lámparas o de algo que es quemado en una celebración penitencial;

* preparar y celebrar este año con particular esmero el sacramento de la Confirmación, poniendo de relieve que es el sacramento de la donación del Espíritu como fuerza y fuego y luz; destacar la imposición de manos y, sobre todo, la crismación: el masaje con el crisma perfumado, abundante, como símbolo de la fuerza y la salud que nos quiere comunicar el Espíritu;

* organizar, al menos para algunos grupos, una vigilia de oración en la víspera de Pentecostés; han aparecido diversos esquemas, sobre todo en el documento oficial romano para este año, Ven, Espíritu Santo; en este documento hay materiales que se pueden aprovechar con creatividad para otras Vigilias de oración. o Celebraciones en torno a los dones del Espíritu" o "rutas de Pentecostés" juveniles;

* hacer una memoria de la Confirmación, tal como se ofrece en ese libro del Comité romano del Jubileo; así como en la Vigilia Pascual se hace la memoria del Bautismo, en torno a Pentecostés -en las primeras vísperas, en la misa vespertina, en la vigilia de oración, en las misas del domingo se puede decir esa oración, con las correspondientes aclamaciones y con el simbolismo de las velas personales encendidas en el Cirio Pascual; después de la homilía y antes del credo, si es en misa, o antes de las preces, si es en vísperas;

* ayuda a celebrar mejor el don del Espíritu el recuerdo de la Virgen María, la que mejor se dejó llenar del Espíritu, ya desde el instante de su concepción, luego en su maternidad, y también en Pentecostés, en medio de la comunidad de los discípulos; la Virgen dócil al Espíritu; la "protocarismática" por excelencia; maestra de acogida del Espíritu para la Iglesia de Jesús;

* teniendo siempre en cuenta que lo principal no es una celebración bien hecha -por importante que sea- sino que esta celebración fomente una vida cristiana plena, guiada por el Espíritu, de modo que en la comunidad cristiana y en cada uno de los cristianos se vean, en su estilo de actuación, aquellos frutos del Espíritu que Pablo enumeraba: alegría, amor, esperanza, libertad, energía...

J. ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1998, 7, 2


13. I/ES

El Santo Padre habló sobre la importancia del Espíritu Santo en la vida de la Iglesia. Para dar peso a sus palabras, recordó que en sus orígenes, tras la muerte y resurrección de Cristo, la Iglesia no era más que un núcleo cerrado y estático de unas 120 personas. Sin embargo, tras Pentecostés se convirtió en una bomba explosiva de unas 3 mil personas, que irradiarían el mensaje del cristianismo por los cinco continentes, hasta el punto de que la historia ha quedado dividida en dos: antes y después de Cristo.


14.

* CULMINACIóN DE LA PASCUA

Todo lo que hemos vivido durante las siete semanas anteriores tiene su culminación en la fiesta de hoy. Sin romper para nada el ritmo festivo que hemos mantenido durante toda la Pascua, hoy ha de ser un día especial: celebramos el gran don de la Pascua, el don del Espíritu Santo.

Elementos propios: los ornamentos de color rojo; el resto, a nivel ornamental, como durante la Pascua. Todo continúa recordando que estamos en la gran fiesta. Hay secuencia antes del Evangelio, como la había el domingo de Pascua. Y las referencias al Espíritu Santo. Y a sus frutos: la misma Iglesia y toda su acción.

Sobre los textos: los materiales de MD optan por las lecturas clásicas (Hch 2,1-11; lCor 12,3b-7.12-13; Jn 20,19-23), las que mejor expresan el sentido del día: los textos propuestos para el ciclo A, que en ediciones anteriores del leccionario eran únicos para todos los ciclos. Ahora, el mismo leccionario que ofrece alternativas a la segunda lectura y al evangelio, dice que las otras posibilidades sólo son eso: posibilidades.

* PENSANDO EN LA HOMILÍA

Dios habla todas las lenguas

El efecto que produce la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos deja perplejos a los oyentes: Todos, siendo de diferentes lenguas, "oyen hablar de las maravillas de Dios en su propia lengua". El Espíritu posibilita que el Evangelio llegue a todos. Y posibilita que a cada uno le llegue en su propia lengua, desde su propia realidad. Esto es, el Espíritu se encarna, toma carne humana concreta. Allá donde haya hombres y mujeres, vivan donde vivan, en su propia lengua y cultura bien determinadas, el Espíritu hace posible la proclamación de las maravillas de Dios. Por tanto, el Espíritu no pasa por encima de lenguas y culturas. No las considera accidentes que pueden ser no tenidos en cuenta, sino que necesita de cada realidad concreta para hacerse presente: "En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común" (2 lectura).

Nadie ha de renunciar, pues, a su propia identidad para recibir el Evangelio. Muy al contrario. Tan sólo desde la propia identidad puede ser recibido. La dinámica de la Encarnación continúa: el mismo Espíritu que hizo posible que María engendrara al Hijo de Dios, hace posible que todas las lenguas, culturas y países, puedan iniciar una vida según el Espíritu. El Espíritu hace posible la comunicación. Se nos invita hoy a no permanecer encerrados; se nos llama a comunicarnos.

El Espíritu hace que seamos un solo cuerpo

Así pues, el Espíritu no anula la diversidad. Lo que realiza es comunión entre aquellos que son diversos. Incluso, el Espíritu es creador de diversidad: "Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu". Y es creador de unidad. "Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros... así también Cristo".

Esta es nuestra fe. Fe que cada vez que es profesada pone en evidencia que la realidad de la Iglesia y las actitudes de los cristianos no responden siempre a esta acción del cristiano. Estamos llamados a avanzar en la comunión que, démonos cuenta de ello, es un don de Dios.

El Espíritu nos envía

Por la acción del Espíritu, Cristo resucitado nos envía: "Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo". La unción del Espíritu nos hace ser como él, nos hace participar de su misión. Somos enviados, por tanto, como él a "anunciar la Buena Noticia a los pobres, a dar la libertad a los cautivos y a abrir los ojos a los ciegos, a liberar a los oprimidos y a proclamar el año de gracia del Señor".

Hemos de preguntarnos si cada uno de nosotros, y la comunidad como tal, nos abrimos a esta acción del Espíritu que nos impulsa a salir al encuentro de los "pobres", de los "cautivos", de los "ciegos", de los "oprimidos". En definitiva, si nos acercamos a aquellos a quienes acudía Jesús; si nos dejamos mover por el Espíritu que nos envía.

La Eucaristía, sin duda alguna, por obra del mismo Espíritu nos fortalecerá para dar testimonio en medio de los hijos de Dios dispersos.

JOSEP M. ROMAGUERA
MISA DOMINICAL 2000, 8, 7-8


15.

Qué significa celebrar Pentecostés? Significa tomar conciencia de nuestra ciudadanía celeste, reconocer el valor de lo espiritual sin evasiones, profundizar en la vivencia pascual, descubrir el pluralismo en la unidad y alcanzar la convergencia en la fe. Pentecostés es la fiesta del aire nuevo, del viento impetuoso que viene de arriba para barrer, purificar y oxigenar nuestras estancias contaminadas y mortecinas. Pentecostés es día de fuego, de transmisión de calorías de fe y esperanza a nuestros corazones ateridos. Pentecostés es tiempo de comunicación con palabras auténticas de amor y de perdón, que superan el frío lenguaje institucionalizado.

La Iglesia comienza a andar en Pentecostés, que es día de catolicidad y por lo tanto de expansión misionera. Por la acción santificadora del Espíritu, la Iglesia es en el mundo la anti-Babel, pues en ella las diversas lenguas encuentran su unidad en la confesión del nombre del Señor.

Para los creyentes el Espíritu Santo es torrente de vida abundante, fuente de energía que capacita para imitar a Jesús, manantial de alegría eterna, origen de la paz verdadera que es fruto del perdón de los pecados. El cristianismo necesita la sacudida de un constante Pentecostés, para no quedarse en una quietud cobarde y en una actividad estéril.

Pidamos que el Espíritu descienda sobre nosotros para que seamos hombres con espíritu, con aliento de vida trascendente, con empuje creador. Supliquemos a Dios que su Espíritu sea para todos maestro, abogado, defensor, revelador de la Palabra. Deseamos el Espíritu que es causa de plenitud para el mundo y origen de la nueva creación.

Andrés Pardo


16. Para orar con la liturgia

Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés,
santificas a tu Iglesia,
extendida por todas las naciones.
Derrama los dones de tu Espíritu
sobre todos los confines de la tierra
y no dejes de realizar hoy,
en el corazón de tus fieles,
aquellas mismas maravillas
que obraste en los comienzos
de la predicaciónevangélica.

Oración colecta


17.

No lo consignó ningún historiador. Pero la historia cambió desde aquel momento. En el corazón de aquellos galileos que habían seguido a Jesús desde los inicios allá cerca del lago, en el corazón de María, su madre, y en los de las otras mujeres que habían ido con él en el corazón de los discípulos que se habían añadido al grupo a lo largo de aquellos tres años por las tierras de Palestina. Todo había cambiado cuando, después de la muerte del Maestro, lo habían experimentado vivo, resucitado en medio de ellos.

Todo había cambiado. Pero no sólo por admiración o por alegría. Todo había cambiado porque, ahora, la vida nueva de Jesús era su misma vida, el Espíritu de Jesús era su mismo Espíritu. El aliento de Jesús, la fuerza de Jesús, el alma de Jesús.

Esto es la Pascua, La vida nueva de Jesús que es también nuestra vida, el Espíritu de Jesús que es también nuestro Espíritu. Pero todavía hay más. Hay un momento; un día, en el que este Espíritu, esta fuerza, se hacen evidentes, imparables, vivos como ninguna otra cosa viva. Es la experiencia de Pentecostés. Tienen fe, están juntos, llevan dentro al Espíritu. Pero todavía necesitan un empujón. Y allí juntos, reunidos, compartiendo Los miedos y las ilusiones, compartiendo el recuerdo de Jesús, el espíritu Los sacudió como un vendaval violento y como unas llamas de fuego.

Y ellos salen a la calle, y la Buena Noticia de Jesús comienza aquel camino que nada ni nadie lo podrá parar. Porque el Espíritu, Dios mismo en el corazón de cada creyente y en el corazón de la humanidad, es más fuerte que toda debilidad, que todo miedo. Es más fuerte que todas las infidelidades. Es el amor y la vida para siempre.

C. E. de Liturgia
PERÚ


18. Hoy es el Día del Apostolado Seglar

En este domingo de Pentecostés, tradicionalmente la Iglesia en España celebra el "Día del Apostolado Seglar y de la Acción Católica". Las jornadas tienen siempre un aspecto de concienciación de la comunidad católica sobre un asunto, un sector del Pueblo de Dios, unas actitudes que conseguir o una misión que llevar a cabo.

Al ser este el año dedicado a Jesucristo como preparación del Jubileo 2000, el comunicado de los obispos para este día quiere poner el acento de una manera prioritaria en dos aspectos: que Jesucristo sea el eje de toda nuestra vida y que encontremos en el Bautismo la fuerza para vivir el testimonio y el compromiso cristiano en medio del mundo; y por esto, nos recuerdan que "vosotros, militantes cristianos, llamados y enviados por el Señor, animados constantemente por la presencia del Espíritu Santo, para glorificar al Padre, imágenes de Jesús con toda vuestra vida, sabéis que del sacramento del Bautismo arranca vuestro seguimiento de Cristo y vuestro compromiso apostólico".

La hora de los laicos

Pero este día, pone sobre todo en un primer plano la corresponsabilidad de los laicos en la vida y misión de la Iglesia que ha propiciado el Concilio Vaticano II.

La Acción Católica

AC/QUE-ES: Una de las formas más extendidas de participación de los laicos en la vida de la Iglesia se ha concretado en la Acción Católica. ésta surge como realidad asociativa de seglares a finales del siglo pasado, pero es durante el pontificado de Pío XI, sobre todo en los años 30, cuando recibe el aval o espaldarazo fuerte de la Jerarquía y a ella estará siempre especialmente vinculada.

Pero la Acción Católica no sólo tiene tras de sí una historia llena de militancia cristiana en el pasado (de ella han salido, entre otras instituciones hoy tan valiosas, Manos Unidas, Cáritas, Centros de Cultura Popular, etc) sino que, tras los difíciles años del postconcilio en que sufrió de manera especial las tensiones sufridas en la propia Iglesia, es ahora una realidad que se pretende impulsar en muchas diócesis españolas, y que la Conferencia Espiscopal trata relanzar, como lo demuestra el documento "Bases generales de la Acción Católica", aprobado por los obispos en el año 1993, y en el que se le da el marco jurídico para su desarrollo.

En ellas se recogen la identidad, las líneas básicas, los objetivos o fines. "Los Movimientos de la Acción Católica tienen como fin inmediato -se dice en el mencionado documento, citando palabras del Concilio Vaticano II- "el fin apostólico de la Iglesia, es decir la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu evangélico las diversas comunidades y los diversos ambientes"." Para llevar cabo sus objetivos los seglares militantes de la Acción Católica trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico (tanto en la Acción Católica General como sus distintos movimientos), dirigido por los propios miembros, para manifestar su carácter eclesial y conseguir también una mayor eficacia apostólica en todos los ambientes. Todo ello actuando "en una especial vinculación con el ministerio pastoral de la Jerarquía" de la Iglesia.

Pedagogía activa

Otro de los rasgos de la identidad de la Acción Católica es la pedagogía activa que implica "un estilo de acercarse y situarse frente a la realidad y un estilo de educar en la fe que supone: atender a la misma realidad y partir de la vida"... para actuar en esa realidad guiados por el espíritu evangélico transformándola.

Tras el reciente proceso de reestructuración, están actualmente encuadrados en la A. C., por una parte la Acción Católica General de Adultos, la Acción Católica General de Jóvenes y varios movimientos especializados, que tienen como fin específico vivir la militancia cristiana seglar en en los más variados ambientes desde el mundo obrero al estudiantil.

Movimientos especializados

Juventud Estudiante Católica (JEC). Movimiento especializado de apostolado entre estudiantes de enseñanzas medias y universitarias. Está implantado en unas 45 diócesis españolas y cuenta con aproximadamente unos 11.000 estudiantes entre militantes y asociados.

Jóvenes Obreros Cristianos (JOC). Fue fundado en Bélgica en 1925 por Joseph Cardijn. Está encarnado este movimiento en la vida y problemas de los jóvenes trabajadores. Está implantado en unas 40 diócesis y cuenta actualmente con varios miles de personas personas que ya son militantes o están en iniciación.

Movimiento Junior de Acción Católica. Se define como un movimiento de niños con especial compromiso por los ambientes populares. Está implantado actualmente en casi 50 diócesis españolas y a él pertenecen 4.500 educadores y más de 30.000 niños.

Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). Movimiento de militantes obreros que tienen como objetivo la evangelización del mundo obrero. Está implantado en más de 40 diócesis y cuenta con unos 1.600 militantes, un millar en iniciación y en grupos de acción unos 5.000.

Movimiento Rural Cristiano (MRC). Está organizado en dos sectores (jóvenes y adultos) y pretende llevar el compromiso cristiano al mundo de los trabajadores del campo, al medio rural. Cuenta con casi 2.000 militantes y unos 2.500 más en iniciación.

Mujeres Trabajadoras Cristianas (MTC). Este es el nuevo nombre que ha adoptado el movimiento obrero femenino conocido por HOACF. Cuenta en España con unas 600 personas entre militantes y simpatizantes.


19. Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

"Los laicos son imprescindibles para la nueva evangelización de la sociedad"

Hoy, festividad de Pentecostés, se celebra en España el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, por eso, los obispos españoles han emitido un comunicado dirigido "a todos, pero de una manera especial a los laicos, hombres y mujeres, jóvenes, mayores y niños, que os sentís testigos del Señor y participáis en la vida de la Iglesia, individualmente o asociados y estáis comprometidos para que el Reino de Dios se haga realidad en el mundo". A ellos les invitan a a que su compromiso sea realmente signo de la presencia del Espíritu en el mundo, ya que los laicos son imprescindibles para la nueva evangelización de la sociedad.

Una de las formas más extendidas de participación de los laicos en la vida apostólica de la Iglesia se ha concretado en la Acción Católica. A encarecer su implantación en todas las parroquias dedican los obispos extremeños algunos puntos de su último mensaje pascual: "Os hacemos, pues, una invitación y una llamada apremiante a todos los laicos a participar en el apostolado asociado y organizado, de manera especial en la Acción Católica y en sus movimientos especializados".

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Los laicos, llamados con su presencia a ser testigos del Espíritu

Hoy, festividad de Pentecostés, Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

AC/DIA-DE-LA: Hoy, festividad de Pentecostés, se celebra el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, por eso, la Comisión Episcopal del Apostolado Seglar ha emitido un comunicado dirigido "a todos, pero de una manera especial a los laicos, hombres y mujeres, jóvenes, mayores y niños, que os sentís testigos del Señor y participáis en la vida de la Iglesia, individualmente o asociados y estáis comprometidos para que el Reino de Dios se haga realidad en el mundo".

La Fiesta de Pentecostés es el día en que la Iglesia se hace presente en los templos y en la familia, en la escuela, en las fábricas, en el campo y en la mar para impregnar todos los ámbitos de la vida donde haya un cristiano con conciencia clara de que esa Iglesia, de la que él forma parte, es el Sacramento universal de salvación.

El lema que la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar ha elegido para esta celebración: Tu compromiso cristiano, presencia del Espíritu, nos recuerda a todos los fieles los compromisos que la Carta apostólica Tertio Millenio Adveniente, nos marcaba para cuidarlos en nuestra vida personal y para orientar el camino en los planes pastorales de las parroquias y en las líneas de trabajo de los Movimientos Apostólicos.

Nos dicen los obispos que estamos comprometidos en renovar la fe en el Espíritu Santo porque "toda la vida de Jesús, desde la Encarnación, hasta la muerte, estuvo animada y sostenida por la fuerza del Espíritu".

Sacramento de la Confirmación

Este, que es el Año del Espíritu, "es un tiempo de atención especial al Sacramento de la Confirmación, que en la fe de la Iglesia, con la imposición de las manos y la unción del Santo Crisma, nos concede los siete Dones del Espíritu Santo. Dones que nos ayudan a conocer a Dios y conocerlo como Padre, -temor y piedad-, los que nos facilitan el gusto de Dios y nos adentran en su conocimiento, -sabiduría, ciencia e inteligencia-, y los dones que nos dan luz y coraje, para vivir en cristiano y ayudar a los hermanos -don de consejo y de fortaleza-.

También estamos comprometidos en la Nueva Evangelización, y nos dice el Documento que "los laicos, por propia vocación secular estáis llamados a vivir en el corazón del mundo y en estas situaciones indicadas, lo hacéis, sobre todo, de una manera asociada, que os ayude con el compromiso a ser testigos del Señor y del Espíritu en los ambientes donde Cristo no será anunciado Sin olvidar los lugares permanentes de vuestra presencia: familia, trabajo, diversión."

María, dócil al Espíritu

Al estar comprometidos en redescubrir la virtud de la esperanza "estamos llamados a ser hombres y mujeres del espíritu de las Bienaventuranzas, que saben encontrar motivos de esperanza más allá de lo inmediato, de la lógica de los propios esfuerzos". Para los cristianos que viven el día a día con la experiencia de Dios en el corazón, la esperanza les hace ver más allá de sus propios ojos.

Por último, nos piden los obispos, contemplar e imitar a María en su compromiso, dócil a la voz del Espíritu Santo, "mujer del silencio, que escucha la Palabra y la sabe esperar contra toda esperanza. Ella es más que nadie la pobre de Yavé, que se fió de las promesas del señor, pudo recibir las maravillas de Dios, y fue fiel a su compromiso hasta la cruz".

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La Acción Católica: apostolado asociado de los laicos en las parroquias

AC/QUE-ES: Una de las formas más extendidas de participación de los laicos en la vida de la Iglesia se ha concretado en la Acción Católica. A encarecer su implantación en las parroquias dedican los obispos extremeños algunos puntos de su último mensaje pascual: "Os hacemos, pues, una invitación y una llamada apremiante a todos los laicos a participar en el apostolado asociado y organizado, de manera especial en la Acción Católica y en sus movimientos especializados. Entendemos como forma normal de organizarse la vida apostólica de la diócesis la Acción Católica, ya que ésta no es una asociación más, sino que manifiesta la forma habitual de los laicos en la diócesis de forma estable y asociada con el dinamismo de la pastoral diocesana" (n.28).

La Acción Católica surge como realidad asociativa de seglares a finales del siglo pasado, pero es durante el pontificado de Pío XI, sobre todo en los años 30, cuando recibe el aval o espaldarazo fuerte de la Jerarquía y a ella estará siempre especialmente vinculada. Pero la Acción Católica no sólo tiene tras de sí una historia llena de militancia cristiana en el pasado (de ella han salido, entre otras instituciones hoy tan valiosas, Manos Unidas, Cáritas, Centros de Cultura Popular, etc.) sino que, tras los difíciles años del postconcilio en que sufrió de manera especial las tensiones sufridas en la propia Iglesia, es ahora una realidad que se pretende impulsar en muchas diócesis españolas, entre ellas la de Mérida-Badajoz, y que la Conferencia Espiscopal trata de relanzar, como lo demuestra el documento "Bases generales de la Acción Católica", aprobado por los obispos en el año 1993, y en el que se le da el marco jurídico para su desarrollo.

En ellas se recogen la identidad, las líneas básicas, los objetivos o fines. "Los Movimientos de la Acción Católica tienen como fin inmediato -se dice en el mencionado documento, citando palabras del Concilio Vaticano II- el fin apostólico de la Iglesia, es decir la evangelización y santificación de los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu evangélico las diversas comunidades y los diversos ambientes"."

Para llevar cabo sus objetivos los seglares militantes de la Acción Católica trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico (tanto en la Acción Católica General como sus distintos movimientos), dirigido por los propios miembros, para manifestar su carácter eclesial y conseguir también una mayor eficacia apostólica en todos los ambientes. Todo ello actuando "en una especial vinculación con el ministerio pastoral de la Jerarquía" de la Iglesia.

Otro de los rasgos de la identidad de la Acción Católica es la pedagogía activa que implica "un estilo de acercarse y situarse frente a la realidad y un estilo de educar en la fe que supone: atender a la misma realidad y partir de la vida" para actuar en esa realidad guiados por el espíritu evangélico transformándola. Tras el reciente proceso de reestructuración, están actualmente encuadrados en la A. C., por una parte la Acción Católica General de Adultos, la Acción Católica General de Jóvenes y varios movimientos especializados, que tienen como fin específico vivir la militancia cristiana seglar en en los más variados ambientes desde el mundo obrero al estudiantil.