PARA
LA ORACIÓN LITÚRGICA
Gran realidad la de Pentecostés! «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado. Aleluya». En el inicio de la oración tomamos conciencia de nuestra dignidad de templos del Paráclito. !La inhabitación del Espíritu en nosotros desde el bautismo! La fórmula clásica e inicial de la meditación tiene hoy sabor de novedad: «Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor». La contemplación sólo es posible en el amor.
-El milagro de Pentecostés
La primera recomendación para esta solemnidad: una reflexión pausada de la primera lectura de la misa. Admirable composición de lugar con el hecho y lo que implica! Por ello, unos subrayados que destaquen la riqueza de lo sucedido. Imaginemos la asamblea apostólica en torno de la Bienaventurada Virgen María. A ella encomendamos la profundización del misterio. Todo acaece en la Pentecostés judía. El Espíritu viene del cielo, morada de Dios y/o personificación de Dios en los diversos contextos bíblicos. Un ruido, como de un viento recio, signo de poder y de fuerza. Analogía entre el Paráclito y el viento, basada en el término gramatical y en los efectos. Lenguas parecidas al rojo vivo y ágil de una llama.
Un comentarista bíblico señala la dimensión central del verso 4: «Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno en la lengua que el Espíritu le sugería». Añade que todo convergía en la «realidad profunda y secreta, que era la comunicación especial del Espíritu a los discípulos». Hay un hablar admirable y misterioso, fruto del Consolador. Lenguaje espiritual, profético. Fuerza del Espíritu que supera el habla convencional de los hombres, divino y celestial. Sólo lo entiende quienes ayudado por Dios. ¡Lenguas nuevas, reveladoras de profundidades insospechadas! Hay un reclamo para el mundo entero, a fin de que, de una vez, todos entiendan el lenguaje profético del amor y se unan en Cristo Jesús. Hoy la nueva Ley (cf. Ex 20, 18) es comprendida por todas las naciones. Se restaura la unidad humana, maltrecha en Babel. «El milagro de Pentecostés es el símbolo y la anticipación maravillosa de la misión universal de los apóstoles (Mt 28, 19)».
-Dar gracias
El prefacio de la misa, ubicado en su naturaleza de agradecimiento, es una glosa teológica de la plenitud de la Pascua de Cristo. En efecto, el Espíritu ha sido enviado "hoy" para llevar a plenitud el misterio pascual sobre los hijos de adopción, que evidentemente somos nosotros. Este Espíritu, desde la puesta en marcha de la Iglesia, ya fue su alma cosa que nos hace confiar en esta Iglesia. Este Espíritu infundió el conocimiento de Dios, en Jerusalén, a todos los pueblos. Y congregó a los pecadores en un mismo amor en Cristo. El poder del Divino Consolador prosigue con la misma fuerza del día del evento que conmemoramos. No cabe la menor duda de que la lglesia, los buscadores del Reino y nosotros mismos estamos en buenas manos. La alegría debe ser desbordante y la acción de gracias incesante. El don ha de acrecentar el deseo de salvación.
-Una
plegaria
Recitar el «Veni Creator» o la secuencia de la misa
J.
GUITERAS
ORACIÓN DE LAS HORAS 1993, 5. Pág. 231 s.
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