COMENTARIOS A LA PRIMERA LECTURA

 

1. Se trata de una descripción que utiliza esquemas y elementos de la literatura escatológica. El viento, el fuego, el ruido los utiliza el AT para describir la irrupción súbita de Dios, pero en esta descripción hay algo nuevo. Como en la mañana de la creación, pero en un estadio más avanzado de la historia de la salvación, Dios establece un nuevo principio, una nueva creación.

En este texto hay frecuentes alusiones a la alianza y a la asamblea del Sinaí. Pentecostés se presenta como la inauguración de la nueva alianza entre Dios y su pueblo reunido en asamblea.

La fiesta judía de Pentecostés celebraba también el don de la Ley recibida en el Sinaí cincuenta días después de la Pascua. Ahora cincuenta días después de la inmolación de Cristo y de su resurrección se derrama el Espíritu sobre los apóstoles. El primer elemento de esta escena es el viento que en la tradición bíblica indicaba la presencia y la acción de Dios (Gn 1. 2); 2. 7) y era símbolo del Espíritu de Dios (1 R 19. 11s) y lo asume Jesús en Jn 3. 5-8.

Las lenguas de fuego indican también el Espíritu de Dios (Mt 3. 11) o la presencia eficaz de Dios (Ex 3. 2; 19. 18; Is 6. 6; Ez 1. 4). También aquí hay una relación al Sinaí. Hablar lenguas. El fenómeno puede ser la glosolalia. Los apóstoles empiezan a expresarse al modo de los antiguos profetas (Nm 11. 25-29; 1 S 10. 5-6). Hablan en estado extático como en Hch 10. 46; 19. 6 y 1 Co 10-14. Puede también referirse a la capacidad que el Espíritu comunica a la comunidad de entenderse, de formar comunidad, a pesar de las diferencias personales. Según una tradición judía la voz de Dios en el Sinaí la oyeron todos los pueblos de la tierra. También ahora todos los pueblos son testigos de la acción del Espíritu en Pentecostés. La enumeración que nos ofrece Lc va de este a oeste, con Judá-Jerusalén en el centro. Así Lc simboliza la totalidad del mundo habitado y la universalidad del mensaje.

PERE FRANQUESA
MISA DOMINICAL 1986, 11


 

2. PENT/SINAI.

Lucas quiere resaltar el paralelismo con la escena del Sinaí. Recogiendo elementos de la Biblia y de las tradiciones judías, enmarca en esta fiesta la venida del ES anunciado por Cristo (Lc 24. 49; Hch 1. 8) y subraya los elementos judíos dándoles un sentido cristiano: no es ya el don de la Ley lo que celebramos sino el don del Espíritu; no es la asamblea del pueblo de Israel sino la asamblea de los cristianos formada por la reunión de muchos pueblos; el monte Sinaí quedó fulgurante de relámpagos, la casa donde se encuentran los discípulos queda llena de la presencia del Espíritu que en forma de unas lenguas de fuego se posan encima de cada uno. La Iglesia nace con carácter de universalidad y para todos los pueblos sin distinción.

J.M. VERNET
MISA DOMINICAL 1983, 11


 

3. Existen actualmente pocas dudas sobre que este relato es una construcción artificial, creada por Lucas en función de una exposición teológica. Sería incorrecto intentar ver acontecimientos históricos sin más en todos los elementos escenográficos como el fuego, el viento, las lenguas. Están tomadas de la tradición bíblica del "día del Señor". Sirven para presentar al Espíritu en un "día del Señor" muy particular. En efecto, lo esencial del relato es mostrar que la comunidad inicial ha sido invadida por el Espíritu y que toda su actividad posterior se realiza movida por ese ser divino. Comunidad y Espíritu, los dos polos de la teología de Hechos.

El protagonista principal es el Espíritu de Dios, que ha de entenderse como la fuerza y presencia activa del Señor que lleva a cabo la salvación del hombre, inaugurándose así la comunidad de los salvados que hacen visible esta presencia. El Espíritu constituye al grupo de discípulos en testigos ante todos los pueblos, representados por los oyentes del discurso petrino. No hay fronteras para la salvación. La dimensión universal es bien clara. No sólo en cuanto destino, deseo o posibilidad, sino como realidad presente. La salvación es posible para todos, y todos pueden entenderla, cada uno con sus propias características, en su propia "lengua".

Lucas coloca aquí un ejemplo del anuncio cristiano en boca del portavoz de los Doce, Pedro. Es un discurso construido por el mismo autor de Hechos, con elementos de la predicación inicial. Pero lo principal del pasaje es el espíritu que ya no abandona la comunidad nunca, aun cuando los signos de su presencia y acción sean hoy día distintos de los de entonces.

FEDERICO PASTOR
DABAR 1990, 31


 

4. Relato del acontecimiento de Pentecostés en el que habrá que distinguir los hechos mismos, la reacción de los interesados en el momento en que sucedían y la interpretación teológica posterior.

* * *

a) Ciertamente, la venida del Espíritu Santo no tuvo lugar por casualidad un día de Pentecostés.

En su origen, la fiesta de Pentecostés era una fiesta de la cosecha, fiesta de plenitud y de abundancia (Ex 23, 16; 24, 22), pero también tributaria del determinismo de la naturaleza. En seguida encuentra su puesto entre las celebraciones de la historia de la salvación: Dt 26, 1-11 pres- cribe ya al judío que viene a ofrecer las primicias de su cosecha que haga una profesión de fe en la que reconozca que sus tierras son un don de Dios.

Muy pronto, la fecha de la fiesta fue fijada en el día cincuenta después de la Pascua (/Dt/16/09-12). Pero se observan muchos cómputos diferentes, especialmente el que, recurriendo al tema de la nueva creación, hacía coincidir Pentecostés con el primer día de la semana (domingo). Como todos estos cálculos fijaban la fiesta de Pentecostés en el tercer mes, la atención recaía principalmente sobre lo que sucedió en el desierto en el curso de este período: la llegada del pueblo al Sinaí (Ex 19, 1-4). Los autores judíos y los monjes de Qumrân se apoyaron en este acercamiento para hacer de Pentecostés la fiesta de la Ley y de la asamblea del Sinaí. La Pascua había procurado la liberación de hecho de Egipto. Pentecostés concede la libertad de derecho; ésta realiza lo que aquélla había obtenido, recogía los frutos merecidos en la Pascua, "institucionalizaba" el "acontecimiento" pascual.

Convencido de que Pentecostés era la fiesta de la alianza, el autor del libro de los Jubileos (que no pertenece al canon de Antiguo Testamento) condensa en este día todas las alianzas concluidas entre Dios y los hombres: con Noé, con Abraham y con Moisés. Por otra parte, muchos reyes renovaron la alianza el día de Pentecostés (2 Cr 15, 10-15; Sal 67/68, 16-19, que siempre fue un salmo para esta fiesta).

No hay que extrañarse, pues, de que la restauración de la alianza y la convocación de una nueva asamblea hayan sido fijadas, en el Nuevo Testamento, el día de Pentecostés (Act 2, 1-11) y que los factores de interiorización de esta Nueva Alianza la hayan colocado sobre los temas antiguos.

b) Durante su narración, Lucas hace alusión varias veces a la alianza y a la asamblea del desierto. Ya es significativa la conexión entre Ascensión y Pentecostés: es necesario que Cristo "suba" para que el Espíritu sea "dado". Esta idea está tomada del Sal 67/68, 19 (Act 2, 33) que se cantaba en la liturgia judía de Pentecostés, y los targum del judaísmo aplicaban estos versículos a Moisés que "sube" al Sinaí para que "desciendan" la alianza y la ley (Dt 30, 12-13; cf. Jn 16,7).

Además, el ruido, el viento y la violencia mencionados en el v. 2 son los rasgos característicos de la alianza del Sinaí (Heb 12, 18-19; Ex 19,16). Estas manifestaciones "llenan la casa" del mismo modo que el Sinaí quedó totalmente invadido (Ex 19, 18). El ruido viene del cielo como el que retumba sobre la montaña (Ex 19, 3; Dt 4, 36). Las lenguas de fuego se explica igualmente en el contexto del Sinaí (v. 3). Muchos targum imaginaban que la voz que se manifestó en el Sinaí se dividía en siete o setenta lenguas para manifestar el universalismo de su mensaje: la Palabra de Dios ha sido llevada a todas las naciones, aunque sólo Israel la escuchó. Se comprenderá que estas lenguas fueran de fuego, recordando Ex 19, 18 y 24, 27, como Dt 4, 15 y 5, 5, que en la teofanía del Sinaí muestran a Dios hablando en la llama de fuego.

Pentecostés se presenta, pues, a los primeros cristianos como la inauguración de la alianza nueva y la promulgación de una ley que ya no está grabada en la piedra, sino en el Espíritu y la libertad (v. 4; cf. Ez 11, 19; 36, 26). Esta convicción ha contribuido, sin duda, a la redacción imaginativa del descendimiento del Espíritu. Lo esencial, sin embargo, se encuentra más allá de las imágenes: Dios no da sólo una ley, sino también su propio Espíritu.

c) El v. 4, que anuncia el don del Espíritu, sirve de transición entre las dos partes del relato. Después de haber descrito el descendimiento del Espíritu (vv. 1-3), San Lucas pasa a describir los efectos del carisma de la glosolalia (vv. 5-11). Pero, ¿en qué consistía ese "hablar en lenguas"?, ¿se trataba de sonidos sin sentido para el oído humano, o de varias lenguas que se hablaban simultáneamente? Este carisma se produjo repetidas veces en las comunidades primitivas: en Corinto (1 Cor 12, 30; 13, 1; 14, 2-29), en Cesarea (Act 10, 45-46) y en Efeso (Act 19, 6). Ahora bien: todos estos testimonios hacen de este fenómeno, por oposición a la profecía, un carisma que sirve más para alabar a Dios que para instruir a la asamblea ( v. 11; cf. 1 Cor 14, 2, 14-15; Act 10, 46). Se trata, pues, de un "hablar a Dios" que puede sonar de modo extraño a los no iniciados (vv. 12-13; cf. 1 Cor 14, 23) y que sería una lengua extática ininteligible (cf. ya 1 Sam 10, 5-6; 10, 13), manifestación más o menos psicológica que es interpretada como prenda de la futura espiritualización del hombre.

d) Esta glosolalia toma en la pluma de Lucas un matiz personal. El evangelista convierte el fenómeno de "hablar a Dios" extático en un "hablar a los hombres" en varias lenguas. Los vv. 4 y 6, que nos dan esta interpretación, muestran un vocabulario típicamente lucano. Habría que distinguir, por tanto, más allá del relato del acontecimiento, una interpretación universalista que Lucas pretende dar de él (cf. Lc 3, 6; Act 28, 28; Lc 24, 47; Act 1, 8; 13, 47, etc.). La mención de la "multitud" (v. 6: plêthos) es una alusión a la promesa que Dios hizo a Abraham de hacerlo un día padre de una "multitud" (plêthos) de naciones (Gén 17, 4-5; Dt 26, 5).

Ciertamente, las naciones sólo se presentan de un modo simbólico, porque la multitud se compone de judíos que dejaron, provisional o definitivamente, la Diáspora para venir a Jerusalén en peregrinación o para establecerse en esta ciudad (versículos 9-10). La lista de las naciones es bastante heteróclita, la mención de los cretenses y los árabes (v. 11) puede ser de origen posterior y la de Judea (v. 10) está aquí fuera de lugar. Esta lista hace además algunas omisiones importantes (Grecia, Cilicia...). De todas formas, el universo está presente en sus primicias judías.

* * *

La Iglesia nace con carácter de universalidad y la alianza que el Espíritu concluye con ella interesa a toda la humanidad. Por eso será misionera hasta el fin de los tiempos, pero poniéndose al servicio de todas las lenguas y de todas las culturas. Porque las asume a todas sin dar prioridad a ninguna de ellas.

Durante su historia, la Iglesia no ha dejado de reflexionar sobre las implicaciones de esta misión universal. San Pablo creyó que se debía dedicar a la misión entre los paganos; hoy comprendemos que esa misión está apenas comenzando. Seguir los impulsos del Espíritu es enraizar el misterio de Cristo y de su sacrificio en el centro mismo del dinamismo espiritual que anima a los pueblos y a las culturas. Toda la realidad humana y con ella toda la creación que debe pasar de la muerte a la vida.

El Espíritu actúa en la Eucaristía como en un nuevo Pentecostés. Reunidos en torno a Cristo resucitado, los hijos adoptivos dan gracias por El, con El y en El. Y los ausentes están, en cierto modo, presentes, pues la convocación que reúne a los "presentes" mira a todos los hombres y está orientada a que los "reunidos" se hagan "congregadores" de los ausentes.

MAERTENS-FRISQUE
NUEVA GUIA DE LA ASAMBLEA CRISTIANA IV
MAROVA MADRID 1969, pág. 273 ss.


 

5. Una primitiva tradición eclesial caracterizó al escritor Lucas como "pintor entre los evangelistas". Acertó en un rasgo esencial: muchas afirmaciones que los demás escritores neotestamentarios expresan sólo formalmente, en un lenguaje nada intuitivo, los presenta Lucas en cuadros impresionantes. La afirmación central "se llenaron todos del Espíritu Santo" no se nos da escuetamente, sino descrita con fenómenos sensibles que acompañan al acontecimiento. Un ruido, como de un viento fuerte, y lenguas de fuego sirven para presentarnos -al igual que lo hace el Antiguo Testamento con la zarza ardiente, la columna de fuego o la tempestad la cercanía de Dios. Un texto rabínico cuenta que la voz de Dios se dividió en el Sinaí en setenta lenguas, de suerte que la ley fue proclamada a todos los pueblos en sus propios idiomas. Lucas se sirve de los medios literarios que le ofrece el ambiente cultural de su tiempo para exponer de forma gráfica e intuitiva la venida del Espíritu Santo que no está al alcance de los sentidos.

Lucas piensa en un prodigio, no de oír, sino de hablar (v.4). No parece que se trate aquí de la "glosolalia" que se nos describe como ininteligible y necesitada de interpretación. El efecto del vino que hace actuar al borracho de una forma que normalmente no lo haría (no lo hace él, sino el vino que lleva dentro) puede servir para comprender la realidad del Espíritu Santo que hace obrar y hablar a los que lo poseen de forma diferente (v.15). Lucas mantiene en los Hechos que la misión entre los no judíos se impuso poco a poco en la comunidad primitiva. Previamente, ha puesto en boca del Resucitado el esquema de todo su libro: "Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo... y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra" (Hch 1,8). De donde resulta, para la adecuada inteligencia del relato de Pentecostés, que el Espíritu Santo es, sí, el principio básico de la Iglesia y de su misión universal, pero esta misión universal no comienza a realizarse de hecho el mismo día de Pentecostés. Aunque Lucas nombra grupos de todas las naciones, dice que se trata solamente de judíos de la diáspora.

El texto no pretende constatar detalles históricos ocurridos en un lugar y día determinados ante millares de ojos, sino, sobre todo, hacer una afirmación teológica sobre la presencia del Espíritu Santo en la comunidad. Pedro, que es el único que toma la palabra, explica que el plan de Dios se ha cumplido en Jesucristo y en la infusión de su Espíritu. El éxito está en el bautismo de tres mil judíos (v.41), que prueba que la Iglesia crece por dentro y por fuera gracias al Espíritu Santo. En la medida que la Iglesia cumple su tarea, lo hace por virtud de este mismo Espíritu que es el motor y la fuerza de la Nueva Ley de cada discípulo de Jesús.

EUCARISTÍA 1990, 26


 

6. Los judíos llamaban "pentecostés" a todo el tiempo festivo de la pascua, pero sobre todo a la conclusión solemne de este tiempo que culminaba a los cincuenta días de haber comenzado. Entonces se celebraba una de las tres grandes festividades ordenadas por la Ley (Ex 23,16). Esta era la "fiesta de la siega" o de la cosecha de los cereales (Lv 23,15-21; Dt 16, 9-12). Con el tiempo, ese mismo día, se celebraba también la promulgación de la Ley en el monte Sinaí.

El día de Pentecostés, precisamente a los cincuenta días de la resurrección del Señor, descendió sobre los apóstoles el Espíritu Santo que les había sido prometido (Jn 14,16). El grano de trigo caído en tierra, Jesús muerto y sepultado, ha dado mucho fruto y este fruto es el Espíritu Santo.

La venida del Espíritu fue un acontecimiento en la historia de la salvación, que es una historia de la fe y para la fe. Los signos externos con los que se describe aquí este misterio nos muestran la irrupción de la fuerza de Dios, el Espíritu, en el mundo de los hombres y presagian la expansión del evangelio entre todos los pueblos. Las "lenguas de fuego" que se distribuyen sobre las cabezas de los discípulos de Jesús revelan que todos participan en la comunión de un mismo Espíritu e interpretan el sentido de esa comunicación. Recordemos que ese mismo Espíritu descendió sobre la cabeza de Jesús en el Jordán y que, después, comenzó su vida pública. Ahora va a comenzar la misión de los apóstoles. El Espíritu hizo que aquellos hombres medrosos y asustados salieran a la calle y predicaran desde las azoteas y en las plazas lo que apenas se atrevían a decir al oído.

Mejor que lenguas extranjeras, es decir, lenguas humanas conocidas, se trata aquí de lenguas extrañas o de un modo nuevo de hablar (cfr. Mc 16,17). Probablemente es una alusión a lo que Pablo llama "don de lenguas" (1 Cor 14,2;14-17). Esta manera de hablar bajo la acción del Espíritu sólo pueden comprenderla aquellos que reciben también el mismo Espíritu. Porque el que da capacidad de hablar a los testigos es el que da a los creyentes la posibilidad de escucharles. De ahí que muchos griegos y gentiles entendieran a Pedro no obstante la diversidad de idiomas, mientras que otros, incluidos muchos judíos, que se expresaban en el mismo idioma que Pedro, no comprendieran nada y fuera para ellos como si hablara en chino o estuviera borracho.

En Pentecostés sucedió lo contrario de lo que se dice de Babel, donde los hombres que intentaron escalar el cielo terminaron sin entenderse los unos a los otros. Y es que los hombres sólo pueden entenderse entre sí cuando cada uno se abre a la sorprendente gracia de Dios y no cuando luchan como titanes para alzarse sobre las nubes. Si en Babel se dispersó la humanidad, el adviento del Espíritu y su acogida por los hombres significa el principio de una nueva y definitiva reunión. Sobre la diversidad conflictiva, sobre el caos lingüistico, se cierne el Espíritu de Dios. Cuando lo recibamos de verdad, cuando todos tengamos un mismo Espíritu, nos entenderemos aunque hablemos diferentes idiomas. Y surgirá la nueva creación. Porque el problema está en la división de los espíritus, en las mentalidades opuestas y en el enfrentamiento de los intereses.

EUCARISTÍA 1986, 24


 

7. La fiesta de Pentecostés, inicialmente fiesta de las cosechas (Pascua granada), iba tomando en tiempos de JC un nuevo sentido de conmemoración de la alianza del Sinaí, culminación, por tanto, del edificio religioso israelita edificado en la Pascua del Éxodo. Entendido así, el nuevo Pentecostés es también la cosecha-culminación de la Pascua de JC, el don de la nueva alianza, el inicio de los tiempos del nuevo pueblo. Y este inicio de la nueva Ley aparece con las características de las grandes manifestaciones de Dios en el AT: el viento fuerte que llena todo, el fuego que se hace presente (y que, además, aparece dado no sólo colectivamente, sino personalmente a cada uno de los presentes). Todo esto se concreta en la donación del Espíritu, que es el don de los últimos tiempos, la parusía esperada, se hacen realidad ahora en el don del Espíritu, y este don tiene como resultado inmediato el inicio de la extensión del Evangelio.

Este resultado queda escenificado a continuación. Lucas convierte la manifestación extática y el hablar lenguas más o menos exaltado en una predicación a la larga lista de pueblos enumerados, significativos del mundo entero, cada uno de los cuales siente personalmente y en su propia lengua la predicación de las "maravillas de Dios", es decir, de la resurrección de JC. Ha sido rota la maldición de Babel, y ha sido abierto el camino de la unidad de todos los hombres en el Evangelio de JC.

(JOSÉ LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1989, 10


 

8. Como veíamos el domingo pasado al comentar la primera lectura, y como veremos también en el evangelio de hoy, la resurrección de Jesús, su glorificación a la vida de Dios, y el don de su Espíritu, son las diversas caras de un único acontecimiento. Pero Lucas, en el libro de los Hechos, quiere resaltar la relevancia de cada uno de estos aspectos haciendo de ellos una escenificación plástica. El de hoy, Pentecostés, tiene una relevancia especial: representa el inicio del anuncio de la Buena Noticia y la primera reunión de la comunidad creyente. Por eso inicia el relato con la fórmula (que la traducción no recoge) "al cumplirse los días de Pentecostés", como hizo con el nacimiento de Jesús (Lc 2,6) y al comenzar el camino hacia la muerte-resurrección (Lc 9,51).

Históricamente, detrás de este relato probablemente esté el recuerdo de la primera salida pública de los discípulos para anunciar a Jesucristo, un anuncio hecho en ambiente de gran entusiasmo ("hablando en lenguas" extáticamente, un hecho que Lucas ha modificado haciendo de él un hablar inteligiblemente en todas las lenguas de los oyentes: Lucas prefiere, más que destacar el entusiasmo ininteligible de "hablar lenguas", subrayar el hecho de que ahora empieza el anuncio de una Buena Noticia que se dirigirá a todos los hombres, y que todo el mundo podrá comprender). El hecho podría haber coincidido con el Pentecostés judío, una fiesta de origen agrícola (la "Pascua granada") que por aquellas épocas algunos sectores judíos habían reconvertido en una celebración de la alianza del Sinaí: la alianza de Dios con Israel se convierte ahora en la nueva alianza del Evangelio, y la experiencia vital de esta nueva alianza es tan fuerte y conmocionadora que sólo se puede explicar con signos parecidos a los que vivieron los israelitas en el Sinaí.

Teológicamente, podríamos decir que la resurrección de Jesús significa su glorificación a la derecha de Dios y el don del Espíritu para los discípulos y para la humanidad, como inicio de los tiempos definitivos. Pero este hecho fue vivido por los primeros discípulos como un proceso no inmediato, de manera que hoy celebramos que, un tiempo después de la experiencia de la resurrección, quedaron nuevamente impregnados de la fuerza de Dios de tal manera que iniciaron, con una intensidad imparable, el anuncio de la Buena Noticia.

J. LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1994, 7


 

9. Pentecostés o la fiesta de los cincuenta días, la Pascua de fuego, que es el Espíritu de Dios. Es el remate de la obra de Jesús y la puesta en marcha de la Iglesia. Los profetas habían anunciado tiempos mesiánicos, con efusión de espíritu. «Derramaré mi espíritu sobre toda carne: profetizarán vuestros hijos e hijas...» (Jo. 2, 28). Ahora empieza a cumplirse. El Bautista aludía a un futuro bautismo en fuego y Espíritu. Ahora empieza a cumplirse. El mismo Jesús prometió claramente: «Seréis bautizados en el Espíritu Santo» (Hch. 1, 5); y éste es el bautismo.

Señalemos un par de realidades significativas:

--En Pentecostés, los judíos celebraban la entrega de la ley y la renovación de la antigua alianza, a la vez que ofrecían las primicias de las cosechas. En este Pentecostés, los discípulos reciben con abundancia los frutos de este Espíritu.

-- Pentecostés supone el final de aquel movimiento disgregador que empezó en Babel, cuando los hombres empezaron a hablar cada uno la lengua de su propio interés. Aquí se empieza a hablar la lengua común del amor, la que todos entienden y la que a todos reúne.

CARITAS 1991, 1.Pág. 244


 

10. La Pascua de Pentecostés es un nuevo matiz de la gran Pascua de Cristo resucitado. No hay más que una Pascua, que se prolonga durante cincuenta días. Un día festivo extraordinariamente grande: doce horas son muy pocas para tanta alegría; por eso, nuestro «gran Domingo» (San Atanasio) tiene mil doscientas horas. Un milenario exultante, anticipado.

Pentecostés es el cumplimiento de todas las promesas. Se prendió por fin la hoguera que Cristo tanto deseaba. Se abrieron los surtidores y las fuentes inagotables que se habían anunciado. Ya pueden bañarse todos y bautizarse en las aguas del Espíritu. El vino bueno que sobriamente embriaga, ya se sirve en todas las mesas. Dones abundantes, frutos sabrosos y tesoros escondidos, se ofrecen gratuitamente para aquellos que los quieran. Ya todo es posible. Las visiones y los sueños de los profetas se hacen realidad. Es la era de la paz y del Espíritu. Los hombres han aprendido a hablar la misma lengua.

CARITAS 1992, 1.Pág. 252