SAN
AGUSTÍN COMENTA EL EVANGELIO
Jn
14,1-12: Nadie nos podrá separar del Padre ni de él
Será correcta, hermanos, la comprensión de las palabras del santo evangelio, si se descubre su concordancia con las anteriores, porque cuando es la Verdad quien habla deben ir de acuerdo las precedentes con las siguientes. Anteriormente había dicho el Señor: Y si yo me fuere y os preparare lugar, volveré a vosotros para llevaros conmigo a fin de que donde yo estoy, estéis también vosotros. Después había añadido: Vosotros sabéis adonde voy, y conocéis también el camino (Jn 14,3-4), palabras con las que no indicó otra cosa, sino que le conocían a él. Ya expliqué ayer, en la medida de mis posibilidades, qué es ir por sí mismo a sí mismo, y la facultad que otorga también a los discípulos de ir a él por él.
Respecto a estas palabras: Para que donde esté yo, estéis también vosotros, ¿dónde habían de estar, sino en él? Por donde se ve que también él está en sí mismo y que por consiguiente, ellos estarán allí donde está él, esto es, en él mismo; porque él es la vida eterna, en la que hemos de estar cuando nos lleve consigo. Y esta vida eterna que es él está en él mismo, a fin de que donde está él, estemos nosotros también, es decir, en él. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, y la vida que tiene no es otra cosa que lo que es el que tiene esa vida, así también el Hijo tiene la vida en sí mismo, siendo él mismo la vida, que tiene en sí mismo.
¿Por ventura seremos nosotros vida, como es él, cuando comencemos a estar en aquella vida, o sea en él? Ciertamente no, porque él tiene la vida por razón de su existencia y es lo que tiene; y como la vida está en él mismo, él está en sí mismo; nosotros, en cambio, no somos la vida misma, sino participantes de su vida. Y nosotros estaremos allí, no de modo que podamos ser nosotros lo que es él, sino de modo que sin ser nosotros la vida, tengamos por vida a él mismo, que tiene vida por sí mismo, por ser él la misma vida. Finalmente él es inmutable por si mismo y está en el Padre de forma inseparable. Pero nosotros, por haber querido estar en nosotros mismos, hemos sido víctimas de una turbación interior, según aquellas palabras: Se ha turbado mi alma dentro de mí (Sal 41,7), y pasando a peor condición, ni siquiera pudimos permanecer siendo lo que fuimos. Pero permaneciendo en él, cuando por él vamos al Padre, según él dice: Nadie viene al Padre, sino por mí, ya nadie nos podrá separar del Padre, ni de él.
Comentarios sobre el evangelio de San Juan 70,1
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