SEGUNDA LECTURA

El cristiano no se gloría sino de una sola aristocracia: ser hijo de Dios. Ahora bien, esta aristocracia es profundamente democrática, ya que la condición de hijo de Dios es gratuitamente ofrecida a todo ser humano.

 

Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 3,1-2.

Queridos hermanos:

Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! El mundo no nos conoce porque no lo conoció a El.

Queridos: ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a El, porque lo veremos tal cual es.