PRIMERA LECTURA

Para la evangelización el enemigo «sociológico» no es una barrera infranqueable: también él es evangelizable y puede llegar a la conversión. Pero para ello no hay que justificar su actitud pecaminosa, sino más bien subrayársela cariñosa, pero enérgicamente.

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Lectura de los Hechos de los Apóstoles 2,14a. 36-41.

El día de Pentecostés se presentó Pedro con los once, levantó la voz y dirigió la palabra:

-Todo Israel esté cierto de que al mismo Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha constituido Señor y Mesías.

Estas palabras les traspasaron el corazón, y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles:

-¿Qué tenemos que hacer, hermanos?

Pedro les contestó:

-Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo para que se os perdonen los pecados, y recibiréis el Espíritu Santo. Porque la promesa vale para vosotros y para vuestros hijos y, además, para todos los que llame el Señor Dios nuestro, aunque estén lejos.

Con éstas y otras muchas razones los urgía y los exhortaba diciendo:

-Escapad de esta generación perversa.

Los que aceptaron sus palabras se bautizaron, y aquel día se les agregaron unos tres mil.