SEGUNDA LECTURA

Cristo es el centro del universo. Por eso es inútil cultivar una espiritualidad llamada cristiana de espaldas a ese universo que lo aclama. Al aclamar a Cristo, no podemos desoír las aclamaciones del resto de las criaturas, pues entonces nosotros -con la orgullosa pretensión de ser los únicos- desentonaríamos.


 

Lectura del libro del Apocalipsis 5,11-14.

Yo, Juan, miré y escuché la voz de muchos ángeles: eran millares y millones alrededor del trono y de los vivientes y de los ancianos, y decían con voz potente: «Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza.» Y oí a todas las creaturas que hay en el cielo, en la tierra, bajo la tierra, en el mar -todo lo que hay en ellos- que decían: «Al que se sienta en el trono y al Cordero la alabanza, el honor, la gloria y el poder por los siglos de los siglos.» Y los cuatro vivientes respondían: Amén. Y los ancianos cayeron rostro en tierra, y se postraron ante el que vive por los siglos de los siglos.