SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA

1 Pe 1,17-21: Salta de gozo, cristiano: tú saliste vencedor del contrato de tus enemigos

Para no perdernos en muchas palabras, volvamos a lo que antes hemos cantado. ¿Cómo dice Cristo: Rompiste mi saco y me ceñiste de alegría? (Sal 29,12). Su saco era la semejanza de la carne de pecado. No te parezca vil porque diga mi saco; dentro de él estaba tu precio. Rompiste mi saco. Hemos venido a parar a este saco. Rompiste mi saco. Fue roto en la pasión. ¿Cómo, pues, dice a Dios Padre: Rompiste mi saco? ¿Quieres saber por qué dice a Dios Padre: Rompiste mi saco? Porque no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos (Rom 8,32). Lo hizo por medio de los judíos, sin que ellos fueran conscientes, para redimir a los que lo sabían y confundir a los que lo negaban. Ellos ignoraban, en efecto, el bien que con su mal obrar nos causaron a nosotros. El saco fue colgado, y el impío pareció llenarse de alegría. El perseguidor rompió el saco con la lanza, y el Redentor derramó nuestro precio.

Cante Cristo el Redentor; gima Judas el vendedor, y ruborícese el judío, el comprador. Judas efectuó una venta y el judío una compra. Hicieron un mal negocio, ambos sufrieron pérdidas, y se perdieron a sí mismos, tanto el vendedor como el comprador. Quisisteis comprar; ¡cuánto mejor os hubiera sido ser rescatados! Judas vendió, el judío compró. ¡Desdichado contrato! Ni el primero tiene el precio, ni el segundo a Cristo. A uno le digo: «¿Dónde está lo que recibiste?»; y al otro: «¿Dónde está lo que compraste?». A aquél le digo: «Tu venta fue un defraudarte a ti mismo». ¡Salta de gozo, cristiano; tú saliste vencedor del contrato entre tus enemigos! Tú adquiriste lo que uno vendió y el otro compró.