SEGUNDA LECTURA

La aceptación de Cristo como único salvador implica el rechazo de toda virtualidad dinástica, como si fuera necesario ser de buena familia o pertenecer a altos grados de la sociedad, para acercarse a las metas de la auténtica realización y plenitud humanas.


Lectura de la primera carta del Apóstol San Pedro 1,17-21.

Queridos hermanos:

Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida.

Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien.

Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.