SEGUNDA LECTURA
La Iglesia no puede encerrarse en sí misma, sino que tiene que medir sus fuerzas con el «mundo», no para hacerle la competencia en los valores que el mundo produce de por sí, sino para ofrecerle al «mundo» la libertad de los hijos de Dios. Ahora bien, esta libertad presupone una fe clara y explícita en Jesús como Hijo de Dios.
Lectura de la primera carta del Apóstol San Juan 5,1-6.
Queridos hermanos:
Todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios; y todo el que ama a Aquel que da el ser, ama también al que ha nacido de Él.
En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.
Todo el que ha nacido de Dios vence al mundo.
Y ésta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe; porque ¿quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?
Este es el que vino con agua y con sangre: Jesucristo.
No sólo con agua, sino con agua y con sangre: y el Espíritu es quien da testimonio, porque el Espíritu es la verdad.
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