PREPARAR
EL DOMINGO
1.
-LA MEMORIA DEL BAUTISMO. No todos los fieles -lo sabemos bien- vienen a la Vigilia Pascual. Mucho más numerosos son los que acuden a las misas del domingo de Pascua. Para los que no han participado en la Vigilia Pascual, hay que prever unos signos que les hagan renovar el bautismo. Durante los domingos de Cuaresma, hemos ido predicando que por Pascua hay que renovar la gracia bautismal. Para todos, pues, tiene que haber la ocasión de esta renovación en las misas del domingo.
Por eso es de desear que la misa empiece con la aspersión del agua bendecida en la Vigilia Pascual. También es muy conveniente que la profesión de fe después de la homilía sea dialogada: al estilo de la renovación de las promesas bautismales en la Vigilia. El baptisterio debe permanecer iluminado y adornado con flores este domingo.
Pero sobre todo la Eucaristía debe presentarse como el gran banquete de Pascua: la segunda lectura de la misa (1 C 5, 6-8) invita a relacionar el pan eucarístico con el pan ácimo que hemos de ser los cristianos que, comulgando con el Cuerpo de Cristo, nos convertimos en aquello que comemos: la carne de Cristo, el cordero pascual inmolado. En la línea que he apuntado en la Vigilia, hay que poner de relieve la unidad de la iniciación cristiana que nos injerta en el Misterio pascual: siempre que celebramos la eucaristía renovamos nuestro bautismo y recibimos el Espíritu del Resucitado (en la epíclesis después de la memoria de la cena). La eucaristía nos mantiene siempre viva la pascua del Señor: y eso, que constituye el motivo supremo de la alegría cristiana, alcanza su cumbre en la pascua anual, hoy.
-EL KERIGMA PASCUAL. Evangelizar es predicar la Pascua. Podríamos decir, pues, que la evangelización a partir de la liturgia, de la eucaristía en concreto, encuentra su momento pleno en la homilía de Pascua.
Este domingo sí que los que predicamos nos tendríamos que revestir del valor y de la alegría de los ángeles junto al sepulcro, de María Magdalena, de los Apóstoles: ¡HA RESUCITADO! ¡No busquéis entre los muertos al que vive por siempre! A las misas de Pascua asisten a menudo bastantes practicantes ocasionales. Es muy conveniente que este domingo sientan una palabra límpida, clara, esencial, nuclear de la Iglesia, su mensaje único: ¡La muerte ha sido vencida definitivamente por la Vida! El Resucitado es el único Salvador; él nos libra del Mal, nos abre el camino de la verdadera felicidad. Este es el kérigma pascual, el que predicaron los apóstoles a partir de Pascua y Pentecostés, el que siempre ha de repetir la Iglesia de todas las generaciones.
Las homilías de Pascua han de estar bien preparadas, convincentes, no deben irse por las ramas, han de mostrar el tronco firme de nuestra fe. Nuestra fe -respuesta positiva al kérigma- es radicalmente pascual: consiste en creer que Jesús HA RESUCITADO, que ¡es el SEÑOR!
P.
LLABRÉS
MISA DOMINICAL 1991, 6
2. LAS CELEBRACIONES DEL DOMINGO DE PASCUA
Este domingo es el tercer día del Triduo Pascual, que ha tenido en la Vigilia su punto culminante y, a la vez, el primer día de la Cincuentena Pascual, las siete semanas de celebración de la Pascua, que concluirá con Pentecostés, el nombre griego del "día quincuagésimo".
Tenemos que cuidar las celebraciones de este día. Por su importancia intrínseca y también porque bastantes fieles de los que vienen hoy a misa no han participado en la Vigilia. Las celebraciones de este domingo no tienen que ser como un apéndice poco festivo a la gran fiesta de la noche o a la Semana Santa.
Una Eucaristía pascual y festiva
Las misas del día de Pascua se deben celebrar con la máxima solemnidad. Deben transpirar la alegría y la importancia de la Pascua del Señor. La oración colecta se alegra porque "en este día nos has abierto las puertas de la vida por medio de tu Hijo, vencedor de la muerte". La de las ofrendas afirma que todos estamos "rebosantes de gozo pascual", y la poscomunión, que la Iglesia ha quedado "renovada por los sacramentos pascuales". A lo largo de esta misa sería bueno hacer referencia a la Vigilia que la comunidad cristiana ha celebrado la noche pasada. Hay varios rasgos que pueden destacarse en las misas de hoy:
a) En el rito de entrada, la procesión se podría hacer con el Cirio llevado expresivamente, mientras un canto pascual, gozoso y prolongado, crea ambiente de fiesta y centra la atención de todos en Cristo Resucitado.
b) El Cirio Pascual, que estará encendido durante toda la Cincuentena, se coloca cerca del ambón de la Palabra, en el lugar donde fue entronizado en la Vigilia. Lo que la Palabra nos irá proclamando con su lenguaje, lo irá diciendo también, con su lenguaje propio, humilde pero constante, este Cirio encendido. En la monición de entrada el sacerdote hará bien en aludir a este sereno y expresivo signo pascual.
c) La aspersión bautismal tiene sentido todos los domingos, pero más en los de Pascua, y sobre todo hoy: en lugar del acto penitencial y del Kyrie, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua bendecida en la Vigilia. Es un gesto que vale la pena realizar con expresividad, pasando por toda la iglesia, mientras se canta un canto bautismal. Además, el sacerdote debe dar ejemplo: como indica el Misal, primero se asperja a sí mismo, porque también él necesita recordar y renovar su bautismo. Al rito de la aspersión le sigue el canto gozoso del Gloria.
d) En cuanto a las lecturas bíblicas, "para la misa del día de Pascua, se propone el evangelio de san Juan sobre el hallazgo del sepulcro vacío. También pueden leerse, si se prefiere, los textos de los evangelios propuestos para la noche santa, o, cuando hay misa vespertina, la narración de Lucas sobre la aparición a los discípulos que iban de camino hacia Emaús. La primera lectura se toma de los Hechos de los Apóstoles, que se leen durante el tiempo pascual en vez de la lectura del Antiguo Testamento. La lectura del Apóstol se refiere al misterio de Pascua vivido en la Iglesia" (Leccionario 99).
e) Antes del evangelio, se canta o se recita la hermosa secuencia Victimae paschali laudes con alabanzas al Resucitado que ha triunfado de la muerte. Hoy habría que cantar los títulos y las aclamaciones del evangelio y dar especial relieve al Aleluya: para bastantes de los presentes será la primera vez que lo cantan desde el inicio de la Cuaresma.
f) Algunas comunidades celebran en este día, en la misa central, los bautizos que se han ido preparando durante la Cuaresma.
g) El Credo se podría decir en su forma dialogada, como en la Vigilia y en los bautizos. Incluida aquí, si se cree oportuno, la renovación de las promesas.
h) Hoy es uno de los dias en que más sentido tiene la comunión bajo las dos especies, al igual que en la Eucaristía de la Vigilia.
i) Al final, a la despedida hay que darle un tono más festivo, con el doble Aleluya y un expresivo deseo de felices Pascuas.
Vísperas bautismales
Las Vísperas de este domingo han tenido en la historia un sentido bautismal que habría que aprovechar pastoralmente: ayudaría a concluir más expresivamente el Triduo Pascual, dando gracias por el don del Bautismo.
a) Después de la entrada y una oportuna monición, se podría hacer el rito del "lucernario": el presidente enciende expresivamente el Cirio, mientras se canta un himno pascual al Resucitado.
b) Después de los salmos, lectura y homilía, se organiza, mientras se canta un canto bautismal, la procesión al baptisterio, lugar que debe aparecer bien iluminado, con flores, con agua nueva. Allí puede hacerse una aspersión, aunque se haya hecho por la mañana. Este día el recuerdo bautismal debe ser muy explícito. Se podría hacer de modo distinto: pasan todos a mojar su mano en el agua de la fuente, bendecida en la Vigilia, y se santiguan.
c) Se concluye con el Magníficat (con incensación, si parece oportuno), las preces, el Padrenuestro y la bendición solemne.
J.
ALDAZÁBAL
MISA DOMINICAL 1998, 6, 3-4)
3.
La misa de Pascua está llena de gozo, del gozo de la Vida que nos comunica el Resucitado. La misa de hoy la tenemos que entender y celebrar sobre todo como un encuentro con el Resucitado tal como lo disfrutaron los discípulos el mismo día de Pascua.
1. LA BUENA NOTICIA PASCUAL
Las lecturas bíblicas son hoy más abundantes. Hay que escogerlas con esmero, con sentido de acomodación con cada asamblea concreta.
La primera es de los Hechos de los Apóstoles. Es el libro que nos acompañará durante el tiempo pascual. Conviene enseñarlo a los fieles: la Iglesia nace de Pascua por eso leemos en este tiempo el primer libro de su historia. La predicación de Pedro hoy en nuestras asambleas ha de sonar primero como un kerigma, un primer anuncio de la Buena Noticia: la muerte y la resurrección de Jesucristo, precisamente porque somos conscientes que hoy vienen algunos que quizás son débiles en la fe, que no tienen muy asumido ni claro lo que predica la Iglesia. Hay que mostrarles hoy lo que es realmente fundamental y nuclear en nuestra fe: acoger a Jesús que muriendo destruyó la muerte y resucitando nos devolvió a la vida. Es la vida nueva, que vivimos al estilo pascual, pasando como Jesús de la muerte de nuestros pecados y egoísmos, del mal que nos obsesiona y agobia, a la esperanza de la victoria de la resurrección que ya late en nuestra condición mortal y que nos proyecta hacia la participación plena de la vida eternamente feliz. Es la tensión celestial que nos presenta la epístola de Pablo a los colosenses.
2. COMER Y BEBER CON EL RESUCITADO
Otro texto a remarcar de la primera lectura es: "Nosotros hemos comido y bebido con él después de la resurrección". Los apóstoles continuaron compartiendo con el Maestro la mesa, la Cena. La comensalidad con el Resucitado los hizo testimonios de la resurrección, mensajeros de la Buena Noticia. Es el Resucitado quien nos continúa reuniendo cada domingo para compartir la resurrección, para ser testigos de ella ante todo el mundo. Hay que predicar que hoy es el domingo principal del año y que, para el cristiano, la celebración auténtica del domingo consiste en sentarse en la mesa con el Resucitado, compartir la Eucaristía con los hermanos, para ser testigos de la vida nueva en el mundo.
3. "REALMENTE EL SEÑOR HA RESUCITADO"
Hoy hay tres textos evangélicos para escoger.
Primero, en las misas del día, hay que escoger entre el evangelio de Juan (20, 1-9), el tradicional, puesto que el tiempo pascual tiene el cuarto evangelio como preferido, y el de Lucas, que fue proclamado en la Vigilia Pascual. Un primer criterio es escoger el de Juan si se sabe que muchos de los presentes han acudido a la Vigilia. El texto de Lucas, como he comentado en las orientaciones de la Vigilia, es muy incisivo por su valor kerigmático: "¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?" Para muchos, Jesús ¿sólo es un personaje histórico, que ya ha pasado? ¿o es la fuente de la vida, el Señor que vive para siempre después de vencer la muerte?
En las misas vespertinas se puede leer Lc 24, 13-35. El encuentro del Resucitado con los dos discípulos que van de Jerusalén a Emaús tiene un verismo singular cuando se proclama en la tarde de Pascua. Es toda una catequesis de la Eucaristía de la Iglesia peregrina, a menudo desencantada, agobiada por la muerte y el fracaso, que se encuentra con el Maestro que va retrayendo y explicando las Escrituras, que se sienta en la mesa con los peregrinos y estos lo reconocen cuando parte el pan; entonces con los demás comparten la alegría pascual y dan testimonio: "Realmente el Señor ha resucitado".
4. RENOVAR EL BAUTISMO
En todas las misas de Pascua, sea por aspersión del agua bautismal al comienzo en lugar del acto penitencial, sea con la renuncia y con la profesión de fe (con el texto de la Vigilia Pascual) después de la homilía, es muy conveniente renovar el compromiso bautismal en aquellas asambleas en que se prevé que muchos no han asistido a la Vigilia.
No está de más recordar hoy que la Eucaristía de cada domingo hace revivir y perdurar, alimentándola y poniéndola al día, nuestra iniciación cristiana que comienza por el bautismo y la confirmación. La oración sobre las ofrendas es muy sugerente sobre esto: "Celebramos estos sacramentos en los que tan maravillosamente ha renacido y se alimenta tu Iglesia".
5. LAS SEGUNDAS VÍSPERAS DE PASCUA
El triduo pascual y la solemnidad anual de la Pascua se cierran con la celebración de vísperas que acaban con la procesión a la fuente bautismal. Es una celebración muy recomendable tanto para introducir a los fieles más y más en la liturgia de las horas, como para resaltar el carácter glorioso de la alabanza divina que entonan los bautizados el domingo central de todo el año cristiano.
PERE
LLABRÉS
MISA DOMINICAL 1998, 6, 13-14
4. Lecturas para la Semana
Lunes:
Hechos 2,14.22-23. Dios resucitó a este Jesús y todos nosotros somos testigos. Mateo 28,8-15. Id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea, allí me verán.
Martes:
Hechos 2,36-41. Convertíos y bautizaos todos en nombre de Jesucristo. Juan 20,11-18. He visto al Señor y ha dicho esto.
Miércoles:
Hechos 3,1-10. Te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, echa a andar. Lucas 24,13-38. Reconocieron a Jesús al partir el pan.
Jueves:
Hechos 3,11-26. Matasteis al autor de la vida; pero Dios le resucitó de entre los muertos. Lucas 24,35-48. Estaba escrito: El Mesías padecerá y resucitará de entre los muertos al tercer día.
Viernes:
Hechos 4,1-12. Ningún otro puede salvar. Juan 21,1-14. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado.
Sábado:
Hechos 4 13-21. No podemos menos de contar lo que hemos visto y oído. Marcos 16,9-15. Id al mundo entero y predicad el Evangelio.
5.
* LA GRAN FIESTA
¡Feliz Pascua! Con estas u otras palabras parecidas hemos de disponernos a preparar la celebración. Esto es, de hecho, lo primero que dice quien preside, a la comunidad al empezar la misa, cuando saluda con "El Señor esté con vosotros". Y lo que el pueblo responde lo reafirma. Esta salutación "ritual", con tan gran contenido como el de afirmar la presencia-presidencia de Cristo resucitado en medio de su pueblo reunido, hoy ha de tener una fuerza especial. Y, a continuación, será bueno que las palabras introductorias sean muy cordiales, siendo adecuado iniciarlas con un sencillo "Feliz Pascua". También, en forma de cartel, éste podría ser el saludo que encuentre la gente a la entrada.
PREPARÉMOSLA BIEN
Siendo esta la gran fiesta de la Iglesia, hemos de prepararla bien. Y plantearnos cómo se destaca esta realidad. Tengamos presente, de entrada, que lo que motiva la fiesta es la resurrección de Cristo: no el que seamos muchos, que cantemos muy bien, o que compartamos todo lo que hacemos... Se trata de la gran fiesta de la fe. Será Pascua tanto si llenamos la iglesia como si está medio vacía, tanto si los músicos están como si han ido de vacaciones, tanto si tenemos buenos lectores como si no... incluso, aunque estemos muy cansados después de la Semana Santa. ¡Aun así es Pascua! Una buena preparación comportará, pues, partir de la realidad que tenemos para destacar a partir de ella, según las posibilidades, que Cristo ha resucitado. De manera que los cristianos puedan salir de la iglesia con el corazón lleno de alegría ya que, en una liturgia sencilla y tranquila, han podido celebrar que el Señor está vivo y presente entre nosotros.
La primera preparación de la misa debiera de ser hoy la oración de aquellos que la preparan. Y a partir de ahí, ver qué elementos festivos nos proporciona la misma liturgia. Las flores, ausentes durante la Cuaresma, ahora destacarán, sobre todo si las colocamos adecuadamente en los lugares clave: altar, ambón, pila bautismal... El cirio pascual, bien situado en el presbiterio, cerca de la Palabra, es muy expresivo; y, si está adornado con flores, más todavía. El color blanco de los ornamentos litúrgicos. Los cantos, partiendo de las posibilidades de la comunidad. YEldar el tono adecuado a cada momento de la misa: la asper sión con el agua que nos recuerda el bautismo recibido; el gloria, bien presentado y destacado (incluso cuando no se pueda cantar); la proclamación del evangelio, con un aleluya; la profesión de fe bautismal; la plegaria eucarística; la comunión bajo las dos especies; una despedida distendida saludando personalmente en la cancela ...
LA RESURRECCIÓN DE CRISTO ES EL INICIO DE TODO
He aquí la buena noticia: Todo nace en la Pascua. Naturalmente, todo lo referente a la fe, a la vida de los creyentes. Porque, por otra parte, todo continúa igual. Cristo resucitó la mañana de un día primero de una semana normal; después de un viernes y un sábado normales (sólo muy especiales para el grupo que iba con Jesús, quien para las autoridades no era más que un conflicto a resolver), en una ciudad y en un mundo que siguieron con la vida de cada semana... Pero todo empezó de nuevo para aquellos que "vieron y creyeron", que "comieron y bebieron con él después de que él resucitara de entre los muertos". La misma experiencia vivida con Jesús aquellos años es nueva: ahora se percatan de que Dios lo "había ungido con el Espíritu Santo y con poder", que si "pasó por todas partes haciendo el bien y devolviendo la salud", era "porque Dios estaba con él". Su muerte, "colgado de un madero", es también vista de una forma nueva. Y[] ahora "toman la palabra" y dan testimonio, aquellos que antes se habían escondido.
También para nosotros la vida seguirá igual. La fiesta de estos días no habrá cambiado las circunstancias en las que vivimos. Pero la experiencia pascual que iniciamos con el bautismo nos hace ser de una manera nueva. La Pascua anual, y la pascua semanal, debe re-hacer en los cristianos esta vida nueva recibida en el bautismo.
Y la ha de re-hacer de tal manera que nos empuje a la acción. No sería consecuente con la Pascua del Señor que habláramos de esta novedad reduciéndola a una cuestión personal, íntima... Porque esta novedad nos hace creer que también el mundo, especialmente en lo referente a las circunstancias injustas que en él se viven, es renovado por la acción de Dios, la misma acción que ha resucitado a su Hijo de entre los muertos. Desde la Pascua que nos renueva, creemos que Dios lo renueva todo y queremos que Dios lo renueve todo. Por la comunión con esta Pascua nos ponemos a disposición de esta fuerza renovadora, para que el resucitado nos envíe a trabajar con todos los que luchan por un mundo nuevo.
LA HOMILÍA, LAS ORACIONES...
El contenido de la homilía y de las oraciones (y de las diversas moniciones que podamos hacer) bien pudiera basarse en una reflexión previa, hecha entre quien presidirá la celebración y los demás que la preparan. Una reflexión que podría partir de los aspectos puestos de relieve anteriormente: la motivación profunda de la gran fiesta y la renovación de todo que nace de la Pascua. Y también debiera partir de la realidad vivida por la gente del lugar donde estamos celebrando. Después cada cual deberá asumir su parte.
JOSEP
M. ROMAGUERA
MISA DOMINICAL 2000, 6, 13-14
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