SEGUNDA LECTURA

La Ascensión de Cristo supone el dominio definitivo sobre todo lo que amenaza a la existencia humana. Si, pues, Cristo tiene a la Iglesia como su brazo derecho y su complemento, ¿por qué los cristianos se inhiben tan frecuentemente en las luchas humanas contra todos los que intentan frenar el proceso de liberación?


 

Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios 1,17-23.

Hermanos:

Que el Dios del Señor nuestro Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos y cuál la extraordinaria grandeza de su poder para nosotros, los que creemos, según la eficacia de su fuerza poderosa, que desplegó en Cristo, resucitándolo de entre los muertos y sentándolo a su derecha en el cielo, por encima de todo principado, potestad, fuerza y dominación, y por encima de todo nombre conocido, no sólo en este mundo, sino en el futuro.

Y todo lo puso bajo sus pies y lo dio a la Iglesia, como Cabeza, sobre todo. Ella es su cuerpo, plenitud del que lo acaba todo en todos.