REFLEXIONES

 

1. EU/OFRENDA:

ACTUALIZACIÓN LITÚRGICA.

La oración sobre las ofrendas de la misa de la Epifanía nos da motivos y temática para presentar el aspecto de actualización de la solemnidad. Tomando pie de la ofrenda que los magos hacen al Mesías, oro, incienso y mirra (no hace falta detenerse en el simbolismo de cada don), se pide al Padre que mire la ofrenda de la Iglesia, es decir, que la acepte con agrado, porque es el propio Cristo que se manifiesta y se inmola en los signos sacramentales del pan y del vino.

La acción eucarística aparece, por tanto, como la nueva epifanía del Señor, el "lugar" donde se nos ofrece el encuentro de salvación con el que es la "luz de las gentes". El pan y el vino, elementos naturales aunque transformados por el hombre, representan todo lo humano y lo material que fue asumido por el Hijo de Dios. Al manifestarse ahora en estos dones, sobre los que se invoca la fuerza santificadora del Espíritu Santo, nos hace partícipes del don de su vida divina.

Nuestra respuesta a la vocación o llamada a la salvación por el Evangelio es también una ofrenda, la ofrenda de los pueblos paganos (cf Rm 15,16), que no es algo material sino la fe y la adhesión personal y comunitaria a Cristo con quien la participación eucarística nos identifica (cf. Rm 12, 1). En la celebración eucarística ofrecemos a Cristo al Padre -Cristo es nuestra víctima pascual (1 Co 5,7)- y nos ofrecemos nosotros juntamente con él. La celebración eucarística forma parte de la respuesta que cada uno debemos dar al Padre por la manifestación de la salvación en Cristo. La respuesta, en realidad, abarca todo nuestra existencia.

JULIAN LOPEZ MARTÍN
MISA DOMINICAL 1986, 1


2.

Si católico significa universal la Epifanía es la fiesta católica por excelencia. Porque es la fiesta de la manifestación de Jesús a todos los hombres. Es la fiesta anti-secuestro. Jesús no quiere dejarse secuestrar ni siquiera por la gente de su familia, por su pueblo natural. Se manifiesta a todos. Se ofrece a todos.

Los magos que vienen de lejos buscando a este misterioso Niño son el símbolo vivo de toda la inmensa gente del mundo entero. De todos los lugares, de todas las razas, de todas las ideologías.

La tradición lo ha querido dejar claro: dice que uno de los Magos es negro. Encarnación de todas las marginaciones. Garantía de que nadie va a quedar fuera de esta manifestación de Jesús.

Es bonito decir "Jesús mío", con la exclusividad que el enamorado da a tal posesivo. Jesús no es de nadie: es de todos. Nació para todos. ¡Tenemos que repartírnoslo! Sabiendo que, en el reparto, cada cual se lleva a Jesús entero. Por eso tal día como hoy nos regalamos cosas. No sólo en memoria de los regalos que los Magos llevaron a Jesús. En memoria permanente de que Jesús es, sobre todo, un regalo universal. De todos por todos, de todos en favor de todos. Ya véis que hemos repetido hasta la saciedad la palabra todos, todos, todos... Sospechosa palabra que choca contra un desarrolladísimo sentido de exclusividad. La historia de la fe en Jesús parece, a veces, una historia de niños que pelean por la posesión de un osito de trapo. Mío, mío, mío...

¿Por qué creéis que los Magos fueron recibidos con tanta suspicacia en Jerusalén? Eran extranjeros. Los extraños, los forasteros, los que vienen de lejos a compartir nuestros bienes. Eso siempre sienta mal a los exclusivistas. Estos Magos eran unos locos. Unos arriesgados. Por una corazonada fueron capaces de romper moldes y meterse en el misterio. Es de suponer que se quedaran muy extrañados de que en el centro mismo de la geografía del misterio nadie diera muestras de haberse enterado de nada. Los pastores habían vuelto a la soledad de sus rebaños y las cosas sucedían como si Él no hubiera nacido, especialmente, para los extraños.

La fiesta de Epifanía es la fiesta de la universalidad, de la generosidad y de la extrañeza. Recorrer por el diccionario las distintas acepciones de las palabras "extrañar, extrañeza, extrañamiento, extraño", es toda una lección de Epifanía. San Pablo aseguraba que la venida de Jesús suponía la abolición de la "extrañeza", de lo extraño. Ya no hay griegos o judíos, negros o blancos, payos o gitanos, nativos o extranjeros. Sólo hay el hombre universal para el que Jesús nace. Los Magos se lo creyeron y, si se descuidan, mueren en el empeño.

Epifanía viene cada año para enseñarnos la generosidad elemental de la universalidad de Jesús. Jesús nuestro, de todos. La fe en Jesús no es un molde. Ni el cauce de un río. Es el universo donde brilla la estrella. El mar sin fronteras. Los Magos han venido de la otra punta del mundo para sacudirnos del cómodo sopor de la propiedad privada, del Jesús poseído en exclusiva.

(B. HERNANDO
DABAR 1990, 8


3.

No creo que sea exacto decir que la Epifanía es a la Navidad lo que Pentecostés es respecto a Pascua. Pero un cierto paralelismo sí existe. La Epifanía y Pentecostés son el complemento de plenitud de las dos grandes fiestas del año. Ambas evocan una operación "ad extra" de un misterio personal de Cristo, y por eso son dos fiestas eminentemente misioneras: estimulan a la Iglesia a pensar en "los de fuera" en función de los cuales ella recibe de Cristo toda la luz y toda la fuerza.

JC, pues, se manifiesta. Manifiesta QUIÉN ES y se manifiesta A ALGUIEN. La vida de Jesús es una progresiva manifestación de quién es él, y esta revelación de su identidad lo lleva a revelarnos al Padre y al Espíritu. La revelación tiene unos destinatarios, que el misterio de la Epifanía ya explicita que son universales: ni Jesús vino sólo a darse a conocer a los judíos ni la Iglesia puede contentarse únicamente alimentando a su rebaño.

DALMAU
MISA DOMINICAL 1988, 1


4.

La Epifanía es como una segunda fiesta de Navidad amplificada, llevada a plena luz y a pleno esplendor: una fiesta típicamente griega. Entre nosotros, no obstante, la gran fiesta es Navidad y, en todo caso, Epifanía es la culminación. Más aún, para nuestra sensibilidad la epifanía (manifestación) de Dios tiene lugar por Navidad. La tradición litúrgica, que aúna, con la revelación a los magos, el bautismo de Jesús y el inicio de los signos en Caná de Galilea, como una triple "epifanía" no ha cuajado en el pueblo. Para la gente, hoy terminan las fiestas de Navidad.

J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1991, 1


5.

A los padres, abuelos, familiares y amigos de los niños se les puede decir que en los niños, los cristianos descubrimos la "imagen viva de Jesús" que quiso ser niño él también: adrede les ofrecemos presentes. Aunque el mejor presente que hacemos a los niños es la educación en la fe. A los niños se les puede decir que acojan los regalos como el niño Jesús los dones de los magos, que como Él crezcan en sabiduría y en gracia, que conserven siempre limpia y agradable la imagen de Jesús en ellos.

P. LLABRÉS
MISA DOMINICAL 1990, 1


6. NOVEDAD/COSTUMBRE

LA NOVEDAD ES SIEMPRE UNA AMENAZA PARA QUIENES TIENEN ALGO QUE PERDER. EPIFANÍA.FIESTA DE CADA DÍA PORQUE NO HAY MOMENTO NI ACONTECIMIENTO QUE NO TRAIGAN UNA REVELACIÓN DEL SEÑOR.

Debemos ser capaces de acoger la Novedad. Debemos saber contemplar como nuevas todas las cosas de cada día. Debemos deshacernos de la vejez de las costumbres y de los hábitos, y disponer todo nuestro ser a la novedad de Dios.

¿Queréis algo más nuevo que el hecho de que todos los pueblos, en JC, compartan la misma herencia, formen un solo cuerpo y participen de la misma promesa? ¿Que el niño que encuentran los magos, indefenso como todo niño, que sólo cuenta con el amor de los padres, sea el rey de los judíos que acaba de nacer? ¿Y queréis aún algo más nuevo, que el hombre, más indefenso que el niño porque no siempre puede contar con el amor de los demás se convierte en fuerte e invulnerable, vencedor del pecado, del sufrimiento y de la muerte, porque cuenta con el amor de un Dios celoso que no deja perder nunca nada de lo que ha creado? La Epifanía es una fiesta de cada día, porque no hay momento ni acontecimiento que no traigan una revelación del Señor. POBREZA/NOVEDAD Sólo necesitamos ser pobres y estar abiertos a la novedad. O mejor dicho: que nos sintamos pobres para poder reconocer sin miedo a la novedad. Los ricos, Herodes en su corte, el fariseo que había sido Pablo, la Jerusalén satisfecha de ser la ciudad santa, temen la novedad y le hacen la guerra. La novedad es siempre una amenaza para quienes tienen algo que perder. Para defenderse de la novedad se refugian en las costumbres. Si las costumbres se hubiesen mantenido, ni la Jerusalén satisfecha se habría convertido en ciudad radiante bajo la gloria del Señor, ni Pablo habría pasado de fariseo a apóstol, ni los magos habrían abandonado la comodidad para lanzarse a una aventura. Si nos aferrásemos a las costumbres, no seríamos nunca capaces de acoger la epifanía, la revelación de Dios, que quiere ser siempre inédito.

Debemos reconocer la precariedad de las costumbres, incluso de aquello que conocemos como las "buenas costumbres". La Epifanía, revelación de un Dios que lo abarca todo, nos abre a horizontes infinitos, fuente continua de novedad y de sorpresa. Aferrarnos a las costumbres es lo peor que podemos hacer ante estas perspectivas infinitas de novedad. La revelación de Dios en JC nos enseña a reconocer a Dios en el hombre y a adorarlo. Es la gran novedad, de la cual derivan todas las demás. "Dios me ha enseñado a no llamar impuro ni profano a ningún hombre". Eso ya era nuevo para un judío como san Pedro. La costumbre, la buena costumbre, ha sido dividir a los hombres en buenos y malos, en justos e injustos. Todo tipo de racismo ha sido siempre una buena costumbre. Ya la gran novedad la formulará san Pablo al decir que ya no hay griego ni judío, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer: todos somos uno en Cristo.

M. ESTRADE
MISA DOMINICAL 1975, 1


7.

-El Mensaje y su lenguaje. La homilía no es un tratado exegético, sino una exhortación a una vida iluminada por el mensaje que Dios nos transmite a través de estas lecturas. Tampoco se trata de "desautorizar" ese ropaje y entretenerse en decir que no hay que entenderlo como histórico. Basta con no darle énfasis y ya con ello se "educa" a una lectura justa de las lecturas. Con tal que el mensaje sí quede claro y denso.

Tampoco sería bueno que la celebración olvidara del todo el tono afectivo que, sobre todo para los niños, tiene esta fiesta. Sencillamente, aquí también, aunque se nombren esos regalos y lo que pueden significar humanamente, dentro de la Navidad hay que poner más énfasis en lo que de verdad celebramos hoy los cristianos.

Los cantos y el tono mismo de la celebración (las lecturas tienen hoy un tono claramente lírico: buscar un buen lector para la de Isaías) deberían dar al conjunto una dimensión de entusiasmo ante la manifestación del Salvador también a los pueblos paganos. Es la ampliación de la Navidad: una fiesta que nos ayuda a profundizar en el gran acontecimiento que celebramos estos días.

Ha venido para ofrecer la Salvación a todos. Dentro del conjunto de la Navidad, la dimensión que la fiesta de hoy pone en evidencia es que la salvación que Dios nos da es universal, para todos los pueblos de la tierra. Así se nos invita a completar nuestra comprensión de la Navidad.

Los primeros capítulos de Mateo son ya desde su origen, no tanto el relato de la niñez de Jesús, sino una meditación postpascual del misterio de Cristo. Nosotros también somos invitados a ahondar en la Navidad y no quedarnos sólo en lo emotivo y consolador.

Ya la primera lectura habla del gozo de Jerusalén, porque se va a convertir en centro de atracción para los dispersos. "Se postrarán ante ti todos los reyes de la tierra" (Salmo). Pero sobre todo, Pablo es el que puede manifestar mejor el color universal de la salvación por Jesús: él es el más abierto de los discípulos, el apóstol de los gentiles. El misterio de Jesús no sólo llena de luz a los judíos: "también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y partícipes de la Promesa en JC" (segunda lectura). Cristo, el Hijo de Dios, viene a salvar a todos y a formar con todos una única familia. En este contexto, la venida de los magos de Oriente a adorar a Cristo tiene el sentido de cumplimiento de las profecías y de expresión plástica de la universalidad de su Reino.

-La lección de la universalidad y de la búsqueda. Esta dimensión de la "epifanía", la manifestación del Salvador a todos los pueblos, tiene varias direcciones de interpelación para nosotros. Ante todo, educándonos a un sentido "católico", ecuménico. Nos conviene recordar que el corazón de Dios es universal y que también nosotros debemos aprender universalidad en nuestras actitudes humanas y de fe. Ver la Iglesia en toda su extensión histórica y geográfica, y no demasiado particularmente. Saber aceptar en nuestro esquema mental a los otros: los sacerdotes a los laicos, los religiosos a los casados, los jóvenes a los adultos y viceversa, etc. Todos tenemos la tentación de ser "racistas" de alguna manera, como los judíos que querían acaparar la Promesa. En nuestro pequeño mundo de cada día, en las relaciones con los demás, o en nuestra visión eclesial, nos hace bien recordar que Dios es Padre de todos y que Cristo ha venido a salvar a todos y que están fuera de lugar las varias maneras de discriminación que tendemos a poner por obra. También es muy propia del día la lección que nos dan los magos de Oriente: su actitud de búsqueda.

La actitud de búsqueda (de la luz, de la verdad, de la salvación) es digna de toda alabanza y puede describir los valores de tantas personas que también hoy día andan buscando un Maestro, un Salvador, un Mesías y Guía para su vida. En este caso -como tantas otras veces en el evangelio- son los paganos los que se presentan con esta buena voluntad como buscadores de la verdad, inquietos, no satisfechos ni conformes con lo que ya tienen, porque intuyen que hay algo más. Es una alabanza a la valentía de ponerse en ruta, de obedecer luego la llamada: "hemos visto una estrella y hemos venido a adorarlo". Mientras que los judíos (Herodes, rodeado de otras "autoridades", también religiosas) no saben ver la luz ni sienten ningún deseo de hacerle caso: ¿satisfechos, instalados, cómodos, temerosos del cambio? Las aplicaciones variarán según las características de la asamblea: pero el mensaje es denso. Dios llama a todos, Cristo viene a salvar a todos. Pero por nuestra parte se pide una respuesta. Se trata de que en esta Navidad nos "levantemos" (Isaías) sepamos ver la luz y le hagamos caso (evangelio).

La Eucaristía es siempre un "encuentro" entre el Dios que da su gracia (su Palabra, su perdón, su alimento) y unas personas que se han puesto en camino, han salido de su horario, han acudido a "adorar" al Salvador y quieren participar de su salvación. Y, como consecuencia, también se sentirán más universalmente dispuestas las unas para con las otras.  

J. ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1989, 1


8. FE/CAMINO:CAMINO/FE:

EPIFANÍA.UN LARGO CAMINO CONDUCE HACIA EL NIÑO:EL CAMINO DE LA FE.

"Que también los gentiles son coherederos... y partícipes de la promesa en JC, por el Evangelio" (2a.lectura). Es el misterio secreto "que no había sido manifestado a los hombres en otros tiempos" y que cantamos y proclamamos en la fiesta de la Epifanía. El niño nacido por Navidad trae una gran alegría a Israel, pero a su cuna son convocados también unos magos venidos de Oriente; y mientras Herodes y la ciudad entera de Jerusalén se sobresaltaron y los escribas y los sacerdotes supieron decirles con toda precisión dónde había de nacer el Mesías -aunque ellos no se movieron de sus casas-, los magos habían emprendido un largo camino y no pararon hasta encontrar "al niño con María, su Madre". Únicamente un largo camino conduce hasta donde se encuentra el niño: el camino de la fe. También nosotros hemos visto salir su estrella, pero nadie nos ahorra nuestro itinerario personal, por entre claridades y noches oscuras. Y nadie, tampoco, nos autoriza a creer que somos los mejores y que sólo nosotros hemos visto la estrella y conocemos los secretos de la Escritura. Quién sabe si, mientras indicamos a los demás el camino de Belén, nosotros no seremos capaces de salir de nuestras casas para ir a adorar al niño.

J. TOTOSAUS
MISA DOMINICAL 1991, 1


9. 

Epifanía puede ser interpretada como la fiesta de todos los que buscan, de todos los inquietos, de todos los que no se resignan a la trivialidad de la rutina diaria y quieren interpretar la realidad desde los principios superiores de las estrellas que nos vienen del cielo. Fiesta de todos los que buscan honradamente, de los que son capaces de salir de su casa y de su tierra, de su nido confortable o de su círculo habitual, para caminar y buscar la Verdad.

Epifanía es la "contrafiesta" de todos los que se sienten seguros, de los que se creen poseedores de la verdad, los que se creen representantes "oficiales" de la verdad y se confunden a sí mismos incluso con la verdad.

DABAR 1981, 9


10. ATEISMO/AGNOSTICISMO

NO LO PODEMOS ATRAPAR NI CON LA RAZÓN NI CON LAS OBRAS

BUSCAR A DIOS. "Hoy es un día muy interesante -decía hace años ·Pablo-VI para la vida religiosa y en especial para las condiciones espirituales de muchos hombres de nuestro tiempo, para los cuales el encuentro con Dios se ha vuelto tan confuso y tan difícil...". No cabe duda de que podemos seguir diciendo lo mismo, porque, por ejemplo, el problema del ateísmo, del agnosticismo o del hombre que prescinde de Dios por la causa que sea no es nuevo, ni es del siglo pasado ni del anterior.

Hay una pregunta que se ha hecho muchas veces -y se hace- a muchas personas: ¿Por qué te has vuelto de espaldas a Dios? O ¿por qué has dejado de ser creyente o, al menos, de practicar la fe?". Es una cuestión a la que los afectados suelen responder en general como aquella universitaria que dice: "Porque la religión que me enseñaron en el colegio es ridícula. Unos mandamientos que condenan eternamente a quien hace ciertas cosas o consiente en malos pensamientos... Es algo que me da risa. Si los que se atienen a todas esas cosas que se mandan son los preferidos de Dios, yo no puedo creer en ese Dios al que se le adora con cánticos y rezos. Yo tengo mi Dios".

Como decimos, esto es general: hay muchos a quienes les cae gordo un cierto Dios y se fabrican otro a su medida. Puede que en el fondo no les falte razón para recorrer ese camino, para sufrir ese proceso. Sin embargo, el problema está en que Dios no puede ser producto de nadie, ni siquiera de la inteligencia más preclara o del hombre más religioso que pudiera existir. Fácil es que así se dieran tantos dioses como cabezas hay. Al Dios vivo y verdadero no puede llegar nadie levantando una torre de Babel.

Tal intento está condenado al fracaso, Dios no está en el mundo al alcance del capricho: Dios es gratuito y hay que aceptarlo como se presenta. Un Dios a la medida de cada uno sería demasiado pequeño; un pequeño Dios.

Con mucha frecuencia -aunque no siempre- las negativas de ciertos incrédulos y las crisis de algunos creyentes son tan inconsecuentes como la actitud de la zorra de la fábula, que negaba la sazón de las uvas sólo por no poder atraparlas... Si pudiésemos ver a Dios; si pudiésemos hacerle una entrevista... El problema mayor de todos está en si somos o no honrados en exigir el ver a Dios, o mejor dicho, en si queremos encontrarlo y en si lo buscamos. Porque seguramente el único camino para llegar a Dios es el mismo Dios que se hace Camino.

Y hay una cosa entre nosotros que no podemos ocultar, si somos honrados; muchos que hablan y razonan mucho en la tertulia o en la reunión, no se han tomado la molestia de buscar, de andar, de abrirse, de ponerse en camino. Los Magos lo hacen, es decir, responden a la iniciativa de Dios que para ellos es el "guiño de una estrella". Y otros hombres luchan todos los días -en el estudio, en la reflexión, en el trabajo, en las relaciones con los demás...- y se rebelan incansablemente contra las pretensiones del hombre de atrapar a Dios con la magia de la razón, de las obras y de las palabras humanas...

EUCARISTÍA 1988, 3


11. VER PARA CREER.

Suele decirse que hay que ver para creer. Y suele decirse, por lo general, para justificar la propia incredulidad. La verdad es todo lo contrario, pues el que logra ver deja de creer ante la evidencia. Mas bien habría que decir al revés: creer para ver. Pues sucede con harta frecuencia que sólo vemos lo que queremos o lo que nos interesa. La raíz de los ojos no está en la razón, sino en el corazón. Porque la fe es, ante todo, un acto de confianza. La incredulidad es pasión de desconfiados, de los que tienen por lema no fiarse ni de su padre.

Sin embargo, eso no implica que la fe se ponga contra la razón, pues aunque esté por encima o por debajo, no está por encima ni por debajo del hombre, que es un ser racional. Así que la fe debe ser una actitud razonable, a la altura del hombre. Creer es aceptar lo que no se ve en el horizonte de lo que se verá. No es simplemente creer lo que no se ve, sino lo que está por ver.

Unos magos dan crédito al mensaje de una estrella, dejan su casa y su pueblo y se ponen en camino hacia Belén de Judá. Ven al niño con su madre y se llenan de gozo, abriendo los tesoros de su corazón. Ese gozo, que es el resultado de ver, es fruto del largo recorrido del camino de la fe. Si no hubieran creído, nunca hubieran visto lo que vieron. Porque vieron un niño, pero con ese niño también vieron a Dios.

No cabe duda de que la vida del creyente está salpicada de dificultades. Como lo está la ascensión del montañero hasta que corona la cima, o la del corredor de fondo hasta que sube al podio de los vencedores. La garantía del creyente, como la del alpinista o caminante, es saber que camina. Aquí es donde entra en juego la razón. Y la única forma de comprobar que nos movemos, hasta que divisemos la meta, es comprobar si nos alejamos del punto de partida. Por eso la fe no es nunca conservadora. El que cree, siempre anda en busca de un camino. El creyente es un buscador de Dios. Encontrarlo será algo tan gordo que hará innecesaria la fe, para entregarnos por entero al gozo del encuentro.

EUCARISTÍA 1989, 2


12. 

HAY QUIEN "PASA DE TODO":

Parece que los hombres no pueden seguir viviendo sin ideales, parece que no pueden caminar por el desierto sin que una estrella oriente sus pasos. Parece que lo importante en esta sociedad de consumo ya no sean los medios de vida o los camellos, sino, otra vez, los ideales, los fines que den sentido a nuestras vidas.

En una sociedad en la que se producen tantas cosas y en la que tenemos, o tienen algunos, casi de todo, no se pueden producir los valores ni tan siquiera proyectarse. Porque éstos, a diferencia de los medios de vida, nunca pueden producirse. Y por eso cunde el desaliento, la frustración y hasta el abandono de la vida. Muchos, sobre todo los más jóvenes, no saben qué hacer y por qué luchar y, al oscurecerse los valores auténticos, "pasan de todo" lo demás.

Es posible que la estrella que necesitamos haya desaparecido al entrar en la gran ciudad. También los Magos la perdieron de vista al entrar en Jerusalén, pero ellos consultaron las Escrituras.

EUCARISTÍA 1979, 2


13. J/VERDAD

LA VERDAD SE LLAMA JESÚS: para los cristianos la verdad absoluta no es nunca una teoría o una frase redonda, sino un hecho, una vida, más exactamente: una persona. Es Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios. Por eso es posible amar la verdad, confiar en ella, vivir y morir por ella. Los que creen en Jesús no sólo escuchan lo que Jesús dice, sino lo que él es, comulgan con él y lo reciben como quien recibe a la misma Verdad en persona. Si un discípulo puede recibir la enseñanza de su maestro y después olvidarse de él, esto no es posible para los cristianos respecto a Jesús. Porque Jesús es la Verdad y el Maestro, inseparablemente.

Sólo en Jesús la verdad es un hecho, los demás tenemos que hacerla. Los hombres podemos y debemos buscar la verdad, podemos reconocerla, pero nunca la poseemos en absoluto. Seamos sinceros, es la única manera de estar en camino hacia la verdad plena. Los engreídos, los autosuficientes, los que creen saberlo todo no tienen acceso a la Verdad, son unos incrédulos y unos mentirosos. Andan en las tinieblas.

EUCARISTÍA 1978, 2


14. 

LA VIDA PRIVADA.

La emigración interior, el refugio en la intimidad de la conciencia individual, el recogimiento místico del alma y en el alma, "la escondida senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido"..., puede parecer también en ocasiones una huida y abandono de las propias responsabilidades. Quizás un privilegio de los santos a los que se les permite salvar su alma, o de los artistas que pueden realizarse en su obra, o de los intelectuales que pueden dedicarse a la especulación en su retiro. Claro que todos necesitamos hacer incursiones a la vida interior.

Sobre todo en un mundo acostumbrado a vivir en la superficie, en la exterioridad, en donde parece que lo único importante es dejarse ver, y cuidar la imagen, y las relaciones públicas, y venderse mejor que otros, y competir, y estar en línea y salir en la televisión, o en los papeles... claro que tenemos derecho a una vida privada, derecho y necesidad. Incluso para dar sentido a la vida pública, a nuestra participación en lo que a todos importa, y para tener algo que ofrecer a la sociedad de la que todos somos miembros. Pero la vida privada no es el absentismo y la despreocupación de la vida pública, no debiera ser eso.

De la misma forma hay que decir y recordar que la propiedad privada tiene una función pública, así también la vida privada. Porque estamos en el mundo para los demás, no sólo para los amigos, o para los hijos, sino para todos los demás.

Cuando los gritos que se escuchan en la calle son los gritos de los pobres, de los que piden trabajo, de los que se manifiestan por la paz..., no podemos quedarnos en casa. Lo que se ventila en estos casos es nuestra causa, es la causa del hombre, de todos los hombres. Hurtar nuestra colaboración es eso: hurtar, robar.

Porque nos debemos a los demás, y aquí no vale el sálvese quien pueda. Como decía ·Karl-Barth, la vida privada -entendida como absentismo- es propia de ladrones. Situados al margen del camino por donde pasa la vida laboriosamente, por donde peregrina el pueblo con sus angustias y sus esperanzas, los que llevan esa vida privada son como los salteadores que acechan desde su escondrijo.

Una vida privada, privatizada en extremo, es tanto más contradictoria para aquellos que han sido enviados al mundo y que están al servicio del evangelio. Porque el evangelio es palabra pública.

EUCARISTÍA 1983, 3


15.

Celebrar la Eucaristía es tener ganas de encontrar la luz de la estrella (y también, a veces, como a los magos, la luz se nos esconde; pero, como ellos, si continuamos persiguiéndola se nos vuelve a mostrar: la Eucaristía no es nunca trasparente, exige una fe como la de los magos). Y no sólo en la Eucaristía nos ilumina la estrella. Si vamos por la vida con los ojos bien abiertos, si no quedamos frenados en el caparazón de las personas y los acontecimientos, veremos como la luz es presente en toda realidad.

JOSEP LLIGADAS
MISA DOMINICAL 1992, 1


16. CR/SIGNO:

Los Magos reconocieron la estrella; ahora bien, ellos se pusieron en camino bajo el influjo de una luz interior mucho más fuerte y más entrañable que la del astro... Todo está a la misma altura de un extremo a otro del plan divino... Todo allí está encarnado, «sacramentalizado»... La estrella es uno de estos signos: ella va acompañada de una iluminación espiritual. Ella nos invita a pensar que toda la creación podría convertirse en el signo de Dios y de su amor para quien supiese leer en ella con una mirada limpia y cristianizada: la apariencia tomaría entonces su papel de aparición, de Epifanía del Señor». «El mundo sensible no es más que apariencia, repite la antigua sabiduría. La palabra es ambivalente. Se la emplea en sentido de revelación (¿qué sabríamos nosotros si nada se nos descubriera?) y también en el sentido de ilusión y de error (cuando se utiliza oponiendo la apariencia a la realidad). Todo depende de la clase que sea nuestra mirada: cuando la visión interior se añade a la penetración carnal, entonces vemos la realidad invisible al mismo tiempo que la apariencia sensible: la apariencia se convierte en aparición. Este es el secreto de los poetas y de los místicos: la plena identificación del mundo sensible y del mundo espiritual, conseguida no por vía de negación, sino de redención de la materia y del tiempo. Una de las grandes imperfecciones de la filosofía es precisamente el haber opuesto lo espiritual a lo sensible, como se opone la realidad a la apariencia (en el sentido de ilusión)».

Con la indispensable cooperación de nuestra mirada, la Estrella, la Luz de Dios, debe suscitar en nosotros una iluminación interior: «La lámpara de tu cuerpo es tu ojo; si tu ojo es puro, todo tu cuerpo estará iluminado; pero si fuese malo, también todo tu cuerpo estará en tinieblas. Cuida, pues, para que tu luz no tenga parte de tinieblas» (Lc. XI, 34-35). «Los Magos nos enseñan la conversión interior que haría de nosotros los sacramentos de Dios... El hombre, punto culminante de la creación, es capaz de manifestar a Dios con la obra dentro de su creación... Sucede algo así como con los Magos: ¿Acaso no parece que ante los ojos de Herodes y de toda la ciudad de Jerusalén ellos mismos vienen a ser como una estrella anunciadora del nacimiento del Mesías?»

«Todo el que dentro de la Iglesia vive en la piedad y en la castidad; todo el que aprecia las realidades del cielo y no las de la tierra, se asemeja a esta luz celestial de la estrella de los Magos. Mientras él conserva en sí el esplendor de una vida santa, está indicando a la muchedumbre, como una estrella, el camino que conduce al Señor».

«Que vuestra luz brille ante los hombres para que, viendo vuestras buenas obras, glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. V, 16).

«Hasta ahora vosotros erais tinieblas, pero al presente sois luz en el Señor; comportaos como hijos de la luz» (Ef. V, 8).

·CLAUDEL-PAUL escribe:

«Que cada cual tenga cuidado con sus pasos, porque él es un signo. Porque todo cristiano es la imagen de su Cristo, verdadera imagen, aunque indigna».

L. HEUSCHEN
LA BIBLIA CADA SEMANA
EDIC. MAROVA/MADRID 1965.Pág 73 s.


17.

«Los magos no se pusieron en camino porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino».

SAN JUAN CRISOSTOMO


18. D/REGALO

El regalo de Dios

Y si queremos seguir hablando de regalos, digamos que sí, que hoy es el día del gran regalo, pero no el de los Reyes, sino el de Dios. Y el gran regalo de Dios es el de su propio Hijo, pero esta vez ofrecido no sólo a un pueblo, sino a todo el mundo. «Tanto amó Dios al mundo...». A ver si aprendemos de una vez a hacer regalos. A ver si aprendemos lo que significa generosidad.

-Su propio Hijo

Dios nos da a su propio Hijo único, su encanto y su tesoro, alegría de sus ojos y entusiasmo de su corazón, imagen viva y prolongación de sí mismo. Al dar a su Hijo, se da El mismo. Y será la fuente de nuestra alegría y el autor de nuestra salvación. Por el Hijo nos vendrán toda clase de bienes y bendiciones.

CARITAS
UN DIOS PARA TU HERMANO
ADVIENTO Y NAVIDAD
1991/91-2.Págs. 171


19.  

La Solemnidad de la Epifanía del Señor es equiparable a la Solemnidad de la Navidad del Señor, que es también "epifanía "(manifestación).

En ambos Misterios el Señor se manifiesta: a "los pastores" (Relato del Nacimiento) y a "los Magos" (Relato de Epifanía). En ambos Relatos se nos revela la -Palabra de Dios- la identidad del Recién-Nacido: "Sabed que os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor" (Relato del Nacimiento); "De tí (Belen) saldrá un Jefe, que será el Pastor de mi pueblo Israel " (Relato de Epifanía). Y en ambos Relatos: signos anunciadores: "La gloria del Señor, que inunda con su claridad a los pastores "(Relato del Nacimiento); "La estrella, que conduce a los Magos (Relato de Epifanía). Y en uno y otro Relato la presencia relevante de María, mostrando a Jesús, Fruto Bendito de su vientre.

Pero es preciso escuchar el Relato Evangélico sobre el fondo del Relato de la 1ª Lectura: La visión-Anuncio, que, a distancia de siglos, nos hace el Profeta Isaías.

La estrella, que guía a los Magos, es "la Luz", "la Gloria "(brillo) "del Señor" -que vió el profeta Isaías-; es el mismo Señor, Luz, Gloria, que '"amanece" sobre la Humanidad de todos los tiempos. Y los Magos, que llegan a encontrarse con Cristo, son los representantes de todos 'los pueblos " que en el curso dela Historia "caminan a la Luz "de Cristo.

También el Salmo es anuncio profético del Misterio dela Epifanía, que celebramos. El Relato Evangélico, que hoy escuchamos, tiene su finalidad: poner de relieve la Universalidad de la Salvación de Dios en Jesucristo. En este sentido abunda el Apóstol San Pablo en la 2ª Lectura: "Él Misterio, revelado por el Espíritu" es este: que todas "las gentes "están llamadas a "ser coherederos"(con Cristo), como 'Miembros del mismo Cuerpo "de Cristo, y "partícipes de la Promesa en Jesucristo por el Evangelio "

Avelino Cayón
Hoja Litúrgica de la Diócesis de Madrid


20.

"Nadie que alguna vez se encuentre con Cristo con buena voluntad, volverá por el mismo camino por el que llegó".

Esta fiesta tiene dos nombres: Epifanía o manifestación del Señor, y Reyes Magos, a los que el Señor se manifestó. No estudiamos aquí el fenómeno de la estrella. Tampoco la personalidad de los Magos, sino su actitud. El hecho lo cuenta San Mateo. Llegaron unos Magos a Jerusalén, preguntando por el nacido rey de los judíos, pues habían visto su estrella en Oriente y venían a adorarlo.

Porque son diversas las actitudes de los hombres ante la llamada de Dios. "Cuando un dedo señala una estrella, todos los tontos sólo miran al dedo". Quizá la estrella fue visible en toda la región. Pero muchos no levantaron la visita y no la vieron. Quizá muchos vieron la estrella, pero no la siguieron. Quizá algunos la vieron y la siguieron, pero les faltó constancia y desistieron. Los Magos, en cambio, vieron la estrella, se pusieron en marcha, se enfrentaron al simún del desierto, y llegaron hasta el final. "No se pusieron en camino, dice San Juan Crisóstomo, porque hubieran visto la estrella, sino que vieron la estrella porque se habían puesto en camino, como premio a su generosa actitud".

La estrella se les ocultó por algún tiempo. Es la noche oscura del alma. Pero ellos no cejaron en su empeño y la estrella les condujo hasta Belén. E1 premio fue maravilloso: se encontraron con Dios. "Entraron en la casa y vieron al Niño con María su madre, y postrándose, lo adoraron, y abriendo sus tesoros le ofrecieron oro, incienso y mirra".

Fue una dura prueba. Pero el Señor les iluminó. Entraron y adoraron. Creyeron y abrieron los tesoros de su generosidad: oro como a rey, incienso como a Dios, mirra como a hombre. Le entregaron todo. Este fue su mérito, "que Dios no mira tanto lo que le damos, cuanto lo que nos reservamos para nosotros", dice San Ambrosio.

Creyeron que aquel pobre infante era el MesIas, descubrieron en aquel niño desvalido al Dios Salvador. Superaron las pobres apariencias, algo que pocos saben hacer. "Siempre los buscadores de Dios se equivocan, no porque se lo imaginen menor de lo que es, sino porque se lo imaginan más inflado. Dios es grande, no inflado" (Martin Descalzo). Los hombres no recibieron a Cristo, porque "esperaban un carabinero y vino un bebé" (Bernanos). Pero "sólo el humilde es el verdadero", dice Jorge Guillén.

Según la tradición más frecuente, fueron tres los Reyes Magos, y se llamaban Melchor, Gaspar y Baltasar. Herodes les habia rogado con mala intención que volvieran a él, pero "volvieron a su tierra por otro camino". Fulton Sheen aclara: "Nadie que alguna vez se encuentre con Cristo con buena voluntad, volverá por el mismo camino por el que llegó".

La lección de los Magos es válida siempre. Nos enseñan alteza de miras para ver la estrella, intrepidez para seguirla y constancia para llegar hasta el fin. "¿Por qué hay hombres, escribe Karl Rhaner, parecidos a los escribas de Jerusalén que conociendo el camino no lo emprenden? ¡Deja todos esos calculadores y sigue la estrella que brilla en tu corazón!"

Otro mensaje nos regalan los Magos. E1 poeta inglés Anden, en un poema sobre Navidad presenta a los tres Magos motivando su viaje. E1 primero dice: Debo saber cómo ser verdadero hoy. Por eso sigo la estrella. El segundo dice: Quiero descubrir cómo vivir hoy. Por eso sigo la estrella. E1 tercero dice: Necesito averiguar cómo amar hoy. Por eso sigo la estrella. A1 final afirman los tres: Debemos descubrir cómo ser hombres hoy. Por eso seguimos la estrella.


21. San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia
Homilías sobre San Mateo, VII,5

Sigamos a los magos

Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia dónde está el niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en barrarnos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas...

¡Dejad, pues, vosotros también, la ciudad sumida en el desorden, dejad al déspota comido por la crueldad, dejad las riquezas del mundo, y venid a Belén, la casa del pan espiritual! Si sois pastores, venid y veréis al niño en el establo. Si sois reyes y no venís, vuestra púrpura no os servirá de nada. Si sois magos, no importa, no es impedimento con tal que vengáis para presentar vuestra veneración y no para aplastar al Hijo del Hombre. Acercaos con espanto y alegría, dos sentimientos que no se excluyen...

¡Postrándonos, soltemos lo que retienen nuestras manos! Si tenemos oro, entreguémoslo sin demora, no rehuyamos darlo...Unos extranjeros emprendieron un tan largo viaje para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué excusa tenéis para vuestra conducta, vosotros, que os echáis atrás ante el corto camino de ir a visitar al enfermo a al prisionero? Ellos ofrecieron oro. Vosotros dais pan con harta tacañería. Ellos vieron la estrella y su corazón se llenó de alegría. Vosotros veis a Cristo en una tierra extranjera, desnudo ¿y no os conmueve?


22.

El origen oriental de esta solemnidad se encuentra en el mismo nombre: "Epifanía", es decir, revelación, manifestación; los latinos usaban la denominación "festivitas declarationis" o "apparitio", con el significado principal de revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano con la adoración de los magos, a los judíos con el bautismo en el Jordán, y a los discípulos con el milagro en las bodas de Caná. Sin tratar de hacer una reconstrucción histórica, podemos considerar el episodio de los magos como lo hicieron los Padres de la Iglesia: símbolo y manifestación de la llamada a la salvación de los pueblos paganos. Los magos fueron la explícita declaración de que el Evangelio había que predicarlo a todos los pueblos.

Para la Iglesia oriental tiene grande importancia el bautismo de Cristo, la "fiesta de las luces", como dice San Gregorio Nacianceno, incluso como contraposición a una fiesta pagana del "sol invictus". En realidad, tanto en Oriente como en Occidente la Epifanía tiene el carácter de una solemnidad ideológica: se celebra la manifestación de Dios a los hombres por medio de su Hijo, esto es, la primera fase de la Redención. Cristo se manifiesta a los paganos, a los judíos, a los apóstoles: tres momentos sucesivos de la relación entre Dios y el hombre.

Dios habla a los paganos por medio del mundo visible: el resplandor del sol, la armonía de los astros, la luz de las estrellas en el firmamento (los magos descubrieron en el cielo la señal divina) son portadores de una cierta presencia de Dios.

Partiendo de la naturaleza, los paganos pueden "hacer las obras de la ley", porque, como decía San Pablo a los habitantes de Listra, el "Dios vivo, que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos... en las pasadas generaciones ha permitido que todas las naciones siguiesen sus caminos. Sin embargo, no ha cesado jamás de dar testimonio sobre sí mismo, haciendo el bien, mandándoos desde el cielo lluvias y estaciones fructíferas, y llenando vuestros corazones de alimento y de felicidad" (Hch 14, 15-17). Ahora "en estos días (Dios) nos ha hablado por el Hijo, a quien ha constituido heredero de todas las cosas, por quien hizo también el universo" (Hb 1, 2). Los muchos mediadores de la manifestación de la divinidad encuentran su término en la persona de Jesús de Nazaret, en el que resplandece la gloria de Dios. Por eso nosotros podemos hoy expresar la humilde, temerosa, pero plena y alegre profesión de nuestra fe, de nuestra esperanza, de nuestro amor.


23.

Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues... tenían razón.

Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más..., pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.


24. Sigamos a los magos

Levantémonos, siguiendo el ejemplo de los magos. Dejemos que el mundo se desconcierte; nosotros corramos hacia dónde está el niño. Que los reyes y los pueblos, que los crueles tiranos se esfuercen en barrernos el camino, poco importa. No dejemos que se enfríe nuestro ardor. Venzamos todos los males que nos acechan. Si los magos no hubiesen visto al niño no habrían podido escaparse de las amenazas del rey Herodes. Antes de poder contemplarlo, llenos de gozo, tuvieron que vencer el miedo, los peligros, las turbaciones. Después de adorar al niño, la calma y la seguridad colmaron sus almas...

¡Dejad, pues, vosotros también, la ciudad sumida en el desorden, dejad al déspota comido por la crueldad, dejad las riquezas del mundo, y venid a Belén, la casa del pan espiritual! Si sois pastores, venid y veréis al niño en el establo. Si sois reyes y no venís, vuestra púrpura no os servirá de nada. Si sois magos, no importa, no es impedimento con tal que vengáis para presentar vuestra veneración y no para aplastar al Hijo del Hombre. Acercaos con espanto y alegría, dos sentimientos que no se excluyen...

¡Postrándonos, soltemos lo que retienen nuestras manos! Si tenemos oro, entreguémoslo sin demora, no rehuyamos darlo... Unos extranjeros emprendieron un tan largo viaje para contemplar a este niño recién nacido. ¿Qué excusa tenéis para vuestra conducta, vosotros, que os echáis atrás ante el corto camino de ir a visitar al enfermo a al prisionero? Ellos ofrecieron oro. Vosotros dais pan con harta tacañería. Ellos vieron la estrella y su corazón se llenó de alegría. Vosotros veis a Cristo en una tierra extranjera, desnudo ¿y no os conmueve?

San Juan Crisóstomo (hacia 345-407) obispo de Antioquia y Constantinopla, doctor de la Iglesia. Homilías sobre San Mateo, VII,5