REFLEXIONES

 

1. DOMINGO DE NAVIDAD

1. SITUACIÓN LITÚRGICA. Los formularios de este domingo son únicos en los tres ciclos. De hecho, es un domingo que en muchos lugares está ocupado por la celebración de la solemnidad de la Epifanía. Entre nosotros, todavía no es así.

A primera vista los formularios dan la impresión de una repetición de los textos de Navidad. Sin embargo, como veremos en seguida, el contenido doctrinal es claramente propio, aunque evidentemente dentro de la órbita de los temas navideños.

En cuanto a la celebración, conviene que se mantenga en los niveles normales del domingo, de tal modo que no quede identificada con las demás fiestas navideñas. Este es un punto difícil durante esta quincena de Navidad: la multiplicación de celebraciones en pocos días crea una cierta desidentificación del domingo. Habrá que reflexionar sobre esto, de una manera práctica.

La lectura del prólogo del evangelio de Juan es un elemento central de la liturgia de este domingo. Su tratamiento dependerá de si se ha leído íntegramente o no en las misas de la solemnidad de Navidad. En los casos negativos, habrá que leer íntegramente todo el prólogo, sin excluir nada. Si, en cambio, ya se ha leído y comentado por Navidad, entonces quizás no sería negativo omitir los versículos que propone el leccionario, para destacar más claramente lo que quiere subrayar la liturgia de este domingo.

2. CONTENIDO DOCTRINAL. Si se quisiera sistematizar el contenido de las lecturas de hoy, se podría comparar con la fiesta celebrada el domingo anterior: la sagrada familia de Jesús, María y José. En aquel domingo, el tema de la presencia del Hijo de Dios hecho hombre en una familia humana, imagen y ejemplo para toda la familia de los hombres. Hoy, las lecturas nos presentan el tema de la presencia del Hijo de Dios -la Palabra hecha carne- entre los hombres, comunicándose en la historia a los hombres, y convirtiéndolos en hijos de Dios.

También podríamos decir que hoy centramos nuestra atención en el mismo misterio de la Palabra hecha carne, con todo lo que esto significa de comunicación.

La 1. lectura y el evangelio son, en este domingo, textos más que paralelos. Casi cabría decir que son textos calcados, a diferentes niveles de revelación. La sabiduría de Dios es la Palabra hecha hombre, la que desde siempre era con Dios y era Dios. En ambos casos, sin embargo, se trata de comunicación: al pueblo que él ha escogido, el pueblo glorioso, a nosotros (este "nosotros" de Juan, que hay que entender a la luz del principio de su primera carta: los que estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo).

La 2. lectura nos dice todo esto con nombres propios: "que nos bendijo en Cristo... nos predestinó a ser hijos adoptivos suyos por Jesucristo"... No es una improvisación, esta comunicación de Dios a los hombres: "en El nos eligió, antes de la creación del mundo -¡cuando nada existía!- para que fuésemos santos..." En la reflexión sobre estos textos no puede faltar la referencia pascual. El tema de la tienda, repetido en la 1 lectura y en el prólogo de Juan es un tema del éxodo y, por tanto, claramente pascual; el rechazo de la Palabra por parte de los de "su casa" es evocador de la pasión; la contemplación de la gloria del Hijo único del Padre nos lleva a la narración juánica de la pasión: "mirarán al que atravesaron". Más directamente aún: un texto habitualmente poco atendido como es la antífona de entrada del misal romano, es altamente expresivo este domingo; se trata de Sabiduría 18, 14-15, narrando la noche de Egipto como una gesta de la Palabra poderosa de Dios ("Un silencio sereno lo envolvía todo...").

Este elemento es importante. Jesucristo es la Palabra de Dios sobre todo en su misterio pascual. Es entonces cuando lo que El es se revela plenamente, se explicita podríamos decir, y se comunica con el don del Espíritu. No podemos limitar el sentido de la comunicación al conocimiento, sino que hay que llegar a la transfusión de vida: "Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia". La condición de hijos de Dios es el fruto de esta comunicación.

Por la fe, es decir, por la aceptación interna y personal de esta Palabra hecha carne, nosotros nos asimilamos a su condición de hijo. Nos hallamos ante un tema muy navideño. San León, especialmente, se complacía destacándolo en sus homilías navideñas (recordemos, por ejemplo, el magnífico texto de la 2ª lectura del Oficio de lectura de Navidad; o también aquella frase clásica, hablando del bautismo: "Dios ha dado al agua -del bautismo- lo que dio la madre -María-", engendrar hijos de Dios).

PERE TENA
MISA DOMINICAL 1987/01


2.

1. DOMINGO DE NAVIDAD

La celebración de este domingo no resulta fácil. Se nota un cierto cansancio ante tanta fiesta en tan pocos días. Por otra parte, los textos litúrgicos hablan de una temática que suele ser muy poco familiar: Cristo, Sabiduría del Padre, Palabra personificada de Dios que se revela a los hombres.

Sin embargo estamos ante un domingo, en primer lugar, es decir, ante el día del Señor por excelencia, por encima de las fiestas entre semana. Y un domingo que, dentro del encuadramiento de la Navidad, nos presenta una faceta muy hermosa del misterio de Cristo, una faceta que no tiene nada de abstracto ni de ideológico: el Dios Padre creador de todo, ha entrado en la historia concreta de los hombres por medio de la persona de su Hijo. Este Hijo ha sido anunciado en el Antiguo Testamento como la Palabra definitiva de Dios, una Palabra que se ha hecho carne y ha puesto su morada en medio de nosotros.

2. JESÚS ES LA PALABRA DE DIOS.

En Jesús todo es Palabra: sus hechos y sus mismas conversaciones, pero él mismo es Palabra. A través de él se ve a Dios, se experimenta la misericordia del Padre y se alcanza el conocimiento vivo de cómo es Dios mismo: un Dios bien diverso de como lo imaginamos o lo presentamos los hombres: "Para que conociendo a Dios visiblemente, él nos lleve el amor de lo invisible" (prefacio I de Navidad).

Las lecturas de este domingo constituyen un repaso a la historia de la salvación, entre claves distintas, pero con un mismo contenido: El designio de salvación contenido en Dios Padre se actualiza en Jesús, el Hijo encarnado. Por medio de él, que entra a formar parte de la realidad creada, el mundo entero se llena de la salvación de Dios. La entrada de Cristo en el mundo es la revelación de Dios, una revelación que los hombres podemos conocer y acoger personalmente.

3. EL ATEÍSMO Y LA INDIFERENCIA RELIGIOSA.

Para muchos esta Palabra, que es Cristo, no tiene sentido. Dios es un vago recuerdo de la infancia o una idea que surge ante la impotencia o el dolor. Dios está fuera de las preocupaciones y de los hábitos de muchos hombres. El ateísmo y la indiferencia religiosa no es ya un problema de unos pocos, es algo que afecta cada día a mayor número de hombres y mujeres. "Dios no sirve para nada", es un fenómeno de evolución cultural.

Y sin embargo los creyentes nos tenemos que enfrentar con esa falsa y utilitarista apreciación de Dios que estaría dispuesta a aceptarle como el recurso en los casos desesperados, o una agencia de seguros milagrosa. Frente a esta pobre idea de Dios, es preciso acercarse al testimonio de Jesús: "A Dios nadie le ha visto jamás, el Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer" (Jn 1, 18).

4. ACTUALIZACIÓN LITÚRGICA. 

La celebración eucarística es el momento en que los creyentes en el Dios Padre de N.S Jesucristo "experimentan" lo que significa conocer a Dios a través de Jesús. La Palabra que se proclama es revelación, pero también lo es el Cuerpo y la Sangre del Señor que se come en caridad fraterna. Todos son llamados a alimentarse en este renovado banquete preparado por la Sabiduría de Dios.

La comunidad cristiana es depositaria y continuadora de la misión de Jesús. En la raíz del ateísmo y de la indiferencia de muchos está un insuficiente o nulo testimonio del mensaje cristiano. Se hace necesario mostrar el auténtico rostro de Dios en la vida profesional, familiar y social. Los cristianos están llamados a ser rostro de Cristo, a través de ellos se vislumbrará también rostro de Dios. Nutridos por el Pan de la vida (Palabra y Eucaristía) son testigos del que mora entre los hombres.

JULIÁN LÓPEZ MARTÍN
MISA DOMINICAL 1986/01


3. 

LA PALABRA DE DIOS ES VIDA Y LUZ

La liberación y la consolación se realizan plenamente en estos días luminosos que prolongan el gozo de la Navidad. Parece como si la Iglesia estuviese obsesionada por proclamar el mensaje contenido en el admirable prólogo teológico del evangelio de Juan, que vuelve a leerse hoy. Es una página célebre, un texto precioso, una perícopa fundamental.

Se nos define a Dios como "Palabra". El término griego que emplea el evangelista es "logos", que significa palabra y significa también pensamiento. El pensamiento no se hace consciente sino cuando se expresa, así como la luz no se hace visible sino cuando se refracta. El pensamiento divino se ha realizado en una existencia humana y la plenitud de la vida se ha manifestado en Jesús, Palabra hecha carne. Palabra visible y accesible. La persona de Jesús es el gran mensaje de Dios a la humanidad, un mensaje que da sentido a la existencia .

La Palabra de Dios es acción, pues hace existir lo que nombra. El pensamiento y la palabra son acción completa, acción divina, acción creadora que hace surgir todo a partir de la nada . Existen los animales, las plantas, las aguas, los elementos, los astros, el hombre cuando Dios comienza a hablar.

En la Palabra está la vida que no pasa, que es eterna, que no morirá. La vida es un modo inmutable del Ser. Por lo tanto, lo que tenemos de más genuinamente nuestro, nuestra alma misma, nuestra vida misma no nos pertenece. Nuestro ser pertenece al Ser en sí, nuestra vid a pertenece a la Vida. Nosotros pertenecemos a Dios, el Ser de todos los seres.

"Y la vida era la luz de los hombres". La luz es lo manifiesto, lo que se expande, lo que invade en un instante el espacio entero. La luz es el primero de los seres en este mundo, el primero creado según el génesis, el más perfecto, el más cercano a Dios. En medio de la noche y de la oscuridad Dios se manifiesta como "Palabra que es luz para los hombres".

Este es el gran misterio que estamos celebrando en Navidad, días propicios para hablar palabras auténticas, encontrar el sentido de la vida, desear la luz verdadera.

Andrés Pardo