15
HOMILÍAS PARA LA FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR
1-8
1.
La primera lectura de hoy es particularmente importante para entender no sólo la fiesta que estamos celebrando, sino la persona misma de Jesús. Se trata del llamado "primer canto del Siervo de Yahvé": un cántico poético en que Isaías describe al elegido de Dios, al profeta que va a mandar al mundo:
"mirad
a mi Siervo, mi elegido, a quien prefiero,
sobre él he puesto mi espíritu
para que traiga el derecho a las naciones..."
(En la Biblia se suele describir así la llamada de un hombre por Dios: es elegido, es mandado a cumplir una misión, y para que la pueda cumplir se le da el Espíritu de Dios). Pues bien: recordemos lo que acabamos de escuchar en el evangelio de Marcos: cuando Jesús es bautizado por Juan, en el momento de salir del río Jordán,
"vio
rasgarse el cielo,
y el Espíritu bajar hacia él como una paloma.
Se oyó una voz del cielo:
tú eres mi Hijo amado, a quien prefiero".
La equivalencia es exacta. Estamos celebrando la fiesta de Jesús como el Enviado de Dios, que va a empezar su ministerio como profeta. Precisamente el Bautismo es su primer acto de vida pública, su presentación, su investidura como Mesías, el Ungido de Dios.
-El estilo del nuevo profeta. Pero hay un aspecto muy importante que Isaías sigue describiendo en su poema:
"no
gritará, no voceará por las calles,
la caña quebrada no la quebrará,
el pábilo vacilante no lo apagará...
yo el Señor, te he llamado,
para que abras los ojos de los ciegos,
y saques a los cautivos de su prisión..."
El elegido de Dios trabajará y luchará en favor del derecho y la justicia. Pero lo hará con un estilo muy propio: no con la violencia, no a gritos, sino con suavidad. La caña que está a punto de romperse, no la acabará de quebrar: al contrario la ayudará a mantenerse. Abrirá los ojos de los ciegos, libertará a los cautivos...
Así es como lo anuncia Isaías. Pero así es como también hemos escuchado que retrata a Jesús su discípulo Pedro:
"Jesús
de Nazaret,
ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo,
que pasó haciendo el bien
y curando a los oprimidos por el diablo
porque Dios estaba con él..."
El resumen de la vida de Jesús no puede ser más denso y optimista: pasó haciendo el bien. Es el estilo que caracterizó a Jesús: siempre comprensivo y servicial, sobre todo con los débiles, con los marginados, los publicanos, los leprosos, los que la sociedad tachaba de indeseables.
Esto es lo que celebramos hoy. El bautismo de Jesús: el comienzo de su misión como enviado de Dios, lleno del Esp. Sto. Desde hoy irá por los caminos de Israel curando a los enfermos, consolando a los atribulados, perdonando a los pecadores, resucitando a los muertos, enseñando y proclamando a todos la buena noticia de la salvación.
Ya ha terminado Navidad. Hoy se nos presenta Jesús dispuesto a ser también nuestro Maestro y Profeta. Es como el programa para todos los domingos del nuevo año. No escucharemos la voz de un hombre cualquiera: sino al del Enviado de Dios.
TESTIGO/APOSTOL:-Todos bautizados como él. El bautismo de Jesús nos recuerda también el nuestro. Porque todos nosotros estamos bautizados: como él, hemos recibido el baño del agua, hemos sido invadidos por su Espíritu: el Espíritu de hijos de Dios.
¿Para qué? Para lo mismo que él: para cumplir en nuestra vida la misión de testigos de Dios en medio de la sociedad. Para luchar por la justicia, por la verdad, por los valores que Dios quiere hacer triunfar en la vida. Y también para hacerlo con el mismo estilo de Jesús, Siervo de Dios: no con la violencia, sino con la comprensión, la servicialidad, y si es necesario, con la entrega total de nosotros mismos.
El bautismo, también para nosotros, no ha sido una meta, sino el comienzo. El final no sabemos cuándo llegará. Pero mientras tanto, cada domingo vamos celebrando la Eucaristía, escuchando a Cristo, creyendo su mensaje de salvación y alimentándonos con su Cuerpo y Sangre.
Ojalá de todos nosotros se pueda decir, resumiendo nuestra vida, lo mismo que Pedro pudo decir de Jesús. "Pasó haciendo el bien, porque Dios estaba con él".
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1979/01
2.
Los cuatro evangelistas se refieren, directa o indirectamente, al bautismo de Jesús. Sólo uno, Mateo, cuenta los "escrúpulos" de Juan y el amistoso forcejeo entre bautizador y bautizado. Jesús que está decidido a cumplir en todo su rigor cada paso y el Bautista que considera casi fuera de lugar la ceremonia. No era Jesús muy ceremonioso que digamos, por lo que aquel bautismo debía ser algo más que una ceremonia.
El texto de Marcos que sirve hoy de lectura evangélica sólo insiste en la humilde lucidez de Juan Bautista ante el Mesías.
Lucidez confirmada por todo un aparato celeste en el que el trueno se hace voz: "Tú eres mi Hijo amado..." Las disquisiciones sobre el bautismo, su tradición veterotestamentaria y las variantes esenias quizá deban de dejar paso a una doble reflexión práctica: la actitud de los dos protagonistas de este bautismo, Jesús y Juan. Ambos adoptan una postura de humildad. Distinta humildad en cada caso: Jesús quiere dejar clara su misión de cargar sobre sí el pecado del mundo, de hacerse uno más entre los pecadores, según diría luego San Pablo; Juan se muestra inferior a Jesús, manifiesta su condición de mero precursor. Humildad por humildad, lucidez por lucidez. La salvación viene de Arriba (cielo que se rasga, visión de la paloma, voz celestial...), pero sus administradores terrestres evitan aparecer luminosos e impositivos. No es mal comienzo para la tarea de salvación universal.
El bautismo de Jesús es un acontecimiento tan desconcertante y aleccionador como su nacimiento, su pertenencia a una familia modesta y su vida esforzada y "vulgar", apenas rota por algunos milagros, y su muerte ignominiosa. Forman parte de la misma opción humana escogida por el Hijo de Dios. Vino a salvar a la humanidad desde la misma humanidad. La salvación viene de Arriba pero El quiso hacerla abajo. Con todas las consecuencias, excepto el pecado, como también diría Pablo. Es lo que se ha llamado siempre encarnación. La misma cuya estela han seguido sus mejores discípulos.
Esta economía divina, este modo de administrar la salvación, resulta sorprendente todavía hoy. Muchos seguidores del Salvador siguen, seguimos, sin entenderla, sin practicarla. Si el Salvador divino se hizo hombre para ponerla en práctica, muchos seudosalvadores humanos parecen querer hacerse dioses para continuarla. Con el fracaso consiguiente e inevitable.
APARICIONES:La humildad de Dios esconde el mismo misterio que su silencio tradicional ante los males del mundo. Hay quien no lo resiste. A eso se debe la proliferación de milagrerías y mensajes celestiales. No pasa día sin que alguien intente convencernos de que Dios, la Virgen o algún eximio bienaventurado han hablado para amenazar al mundo con catástrofes sin cuento (¡como si no hubiera ya bastante!) o adoctrinarlo con mensajes rigurosos.
Mensajes, por lo demás, de extrema vulgaridad, irritante reiteración y alarmante falta de imaginación.
D/SILENCIO: El silencio de Dios no es sino la prolongación del misterio de la Encarnación. Dios está donde estuvo: en la oscuridad del bautismo compartido, del pecado echado sobre sus espaldas como si de un pecador más se tratara. ¿Quién entendió la vida oscura de Jesús? Sabemos que ni sus discípulos, por lo menos en un primer momento, largo y desconcertante. Juan Bautista se puso nervioso cuando se le acercó Jesús para ser bautizado. Hubo de inclinarse ante la cariñosa pero firme voluntad del bautizando que, en realidad, era el único y gran Bautizador. Probablemente no entendió nada y a regañadientes de obediencia y respeto bautizó al Bautizador.
Hay que decir, en alivio de incomprensiones y dificultades, que la actitud de Jesús es un duro misterio para quienes, como los hombres de todas las sociedades, suelen actuar exactamente al revés de como Jesús hace. Quieren salvar desde arriba, autorizándose primero ellos para facilitar las cosas. Se presentan con gran boato y autoridad, con mucha seguridad y dominio. Es más: el pueblo acepta de mejor gana estas asunciones de poder que el ras de tierra de las salvaciones modestas, igualitarias. ¿No estamos siendo testigos, ahora mismo, de una especie de histeria de muchas gentes de la Iglesia de Jesús que siguen sin comprender legislaciones o tomas de postura colectivas que no sean las suyas, las de sus convicciones religiosas? Obsesionados por la ortodoxia no nos preocupamos de la ortopraxis. Obsesionados por repetir de memoria las enseñanzas teóricas de Jesús, palabra por palabra, parece que olvidamos la práctica vital de Jesús, suspiro a suspiro. Su talante, su modo de hacer, su afán humano. Sin meternos en honduras de que sea o no lo fundamental (¡el fundamento es El, entero!), una cosa es clara: cuando se repiten las palabras de Jesús sin tener también su estilo de vida, se corre el peligro de parecer un actor, un muñeco parlante o un disco rayado.
El Bautismo de Jesús es la fiesta del silencio de Dios. Es la fiesta del misterio, la humildad y la esperanza. Una esperanza que viene de Arriba y aquí es administrada con dulce tenacidad y muy humana comprensión. Tan humana, que llega a ser divina. Como la de El.
B.
HERNANDO
DABAR 1991/09
3.
La fiesta del bautismo del Señor, que celebramos hoy, cierra el ciclo litúrgico de Navidad y Epifanía, dedicado a conmemorar la manifestación de Dios en la humanidad de Jesús. Cada una de las fiestas que hemos celebrado durante estos días nos ha puesto de manifiesto algún aspecto particular del misterio de la encarnación: Navidad nos ha mostrado la humildad y pobreza del nacimiento de Jesús; Año Nuevo nos ha hecho contemplar la maternidad virginal de María; Epifanía nos ha descubierto la dimensión universal de la misión de Cristo, y la fiesta de hoy nos indica cómo y cuándo se despertó en el hombre Jesús la conciencia clara de dicha misión.
¿Qué aplicación podemos hacer para nosotros de los textos que hemos leído en esta fiesta del bautismo del Señor? Fijémonos, primero, en el evangelio y, luego, en las dos restantes lecturas.
-LOS DOS BAUTISMOS. Según el evangelista Marcos, que nos ha proporcionado el fragmento evangélico que acabamos de proclamar, Juan Bautista, antes de bautizar a Jesús en las aguas del río Jordán, dijo estas palabras: "Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo".
Juan tenía, por tanto, pleno convencimiento de la provisionalidad de su bautismo -hecho sólo "con agua"- y del carácter definitivo que tendría el bautismo inaugurado por Jesús, el cual sería un bautismo "con Espíritu Santo", aunque se realizaría también utilizando el rico simbolismo del agua.
Este bautismo "con Espíritu Santo" es el que hemos recibido todos los cristianos, pero son muchos los que en la práctica parece como si el bautismo recibido se haya limitado al rito del agua, sin ninguna incidencia real en la vida. Es importante que nos demos cuenta hoy, fiesta del bautismo del Señor, que para ser cristiano en plenitud no basta haber sido bautizado. De hecho, a menudo este bautismo se reduce a una solemnización familiar y social del nacimiento de un niño, y nada más. Para ser cristiano de veras, es necesario abrirse interiormente a la fuerza del Espíritu. Y esto no se hace una vez por todas: en cambio, el rito del agua sólo se recibe una vez en la vida de cada bautizado.
Cada día, tenemos que sumergirnos en el bautismo interior del Espíritu, a través de un ejercicio constante de la fe, la esperanza y el amor. Hoy es un día muy adecuado para recordar nuestro bautismo, pero no sólo para recordarlo, sino para renovar la presencia viva del Espíritu Santo, que nos fue dado a través del rito bautismal.
-LAS DOS JUSTICIAS. Las dos lecturas restantes que hemos leído contienen una serie de alusiones al derecho y a la justicia que nos trae este Jesús, en quien Dios se complace. El profeta Isaías nos ha dicho que el Siervo de Dios ha recibido el Espíritu "para que traiga el derecho a las naciones", y que "promoverá fielmente el derecho, no vacilará ni se quebrará hasta implantar el derecho en la tierra y sus leyes". Pero, ¿de qué derecho, de qué justicia se trata? El célebre pacifista Lanza del Vasto acostumbraba a distinguir dos clases de justicia, la "represiva" y la "no-violenta". Esta, que es la buena, "que es la que -según decía el citado autor- devuelve el bien por el bien y multiplica el bien... La otra justicia es la que devuelve mal por mal para detener el mal, pero de hecho se queda en el mal y lo refuerza".
La respuesta a la pregunta que nos hemos formulado es muy clara si tenemos en cuenta lo que nos dicen las lecturas que hemos escuchado. Isaías nos ha pintado así las características del Siervo de Dios: "No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará, el pábilo vacilante no lo apagará", y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ha mostrado la opinión que san Pedro tenía de la figura y la obra de Jesús de Nazaret: "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él". No hay duda, por tanto, de que la justicia evangélica es aquella que Lanza del Vasto denominaba "no violenta", la cual, en lugar de combatir el mal con las mismas armas que éste suele utilizar, hace caso de aquella advertencia que san Pablo dirigía a los cristianos de Roma: "No te dejes vencer por el mal, vence al mal a fuerza de bien" (/Rm/12/21).
-LA EUCARISTÍA ACTUALIZA NUESTRA BAUTISMO. Hagamos un esfuerzo, hermanos, para asimilar bien las dos lecciones que hemos sacado de las lecturas de hoy: la necesidad de renovar nuestro contacto con el Espíritu, recibido en el bautismo, y la necesidad de reavivar en nosotros la actitud de justicia no violenta, de acuerdo con el modelo que nos ofrece Jesús. Esta celebración eucarística que estamos realizando nos ayudará: cada eucaristía renueva el dinamismo interior de nuestro bautismo y en cada eucaristía se hace presente aquél que cumplió toda justicia y "pasó haciendo el bien".
JOAN
LLOPIS
MISA DOMINICAL 1988/02
4.
EL SENTIDO DE LA FIESTA
-"Tu eres mi Hijo amado, mi predilecto". Estas son las palabras misteriosas que se oyen al salir Jesús del agua, según el relato de Marcos. Fueron palabras pronunciadas por "una voz del cielo".
El tema de la "voz" hay que relacionarlo, sin duda, con los versos del salmo 28 (responsorial): "La voz del Señor sobre las aguas, el Señor sobre las aguas torrenciales. La voz del Señor es potente, la voz del Señor es magnífica". Esta es la voz que da testimonio de la divinidad de Jesús y manifiesta que él es el Rey-Mesías ungido por el Espíritu. Esta temática, que vuelve a repetirse en los textos de oración, contiene en el fragmento evangélico una referencia trinitaria que convendría hacer notar a los fieles.
-"Sobre él he puesto mi Espíritu". Estas palabras están tomadas textualmente del profeta Isaías (1. lectura), y su contenido se repite también en el evangelio: "vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma". Los textos de oración más importantes se hacen eco de todo esto y vienen a ser una glosa del fragmento evangélico. Por ejemplo el prefacio: "Y por medio del Espíritu, manifestado en forma de paloma, ungiste a tu siervo Jesús para que los hombres reconociesen en él al Mesías, enviado a anunciar la salvación a los pobres". Esta presencia del Espíritu hay que interpretarla en términos de unción espiritual.
Por eso Jesús es el ungido (=Christós). En este sentido cada uno de los bautizados somos también otros "Christós.
-"Mirad a mi siervo". El Jesús que desciende a las aguas del Jordán para ser bautizado por Juan encarna a la figura del Siervo de Yahvé, al que se refiere Isaías (1. lectura). Pero la conexión de este fragmento con el evangelio hay que hacerla a través de la segunda lectura. Ahí se subraya la función salvadora y liberadora del Siervo: "Sobre él he puesto mi Espíritu para que traiga el derecho a las naciones... Yo te he llamado... para que abras los ojos a los ciegos, saques a los cautivos de la prisión y de la mazmorra a los que habitan en las tinieblas" (1. lectura). "Me refiero a Jesús de Nazaret... que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo" (2. lectura). Esta es la función del siervo: cargar con el pecado y la miseria de la humanidad, promover la justicia y liberar al hombre de toda servidumbre. Por eso Jesús se pone en fila -uno más entre los pecadores- para recibir el bautismo de Juan.
-"Hoy la Iglesia se une a su celestial Esposo". Esta frase, tomada de la antífona de Laudes, permite hacer hoy en la celebración una importante referencia pascual. Al sumergirse Jesús en las aguas del Jordán ha sepultado en ellas toda la miseria humillante de la humanidad pecadora. La Iglesia, identificada con la humanidad de Cristo, ha sido sepultada y purificada en las aguas. De las aguas del Jordán surge el hombre nuevo, el hombre renovado en el Espíritu, el hombre convertido en hijo de Dios, pregonero de una nueva fraternidad. La Iglesia, así purificada, se convierte en imagen de la humanidad redimida, y se une para siempre con Cristo. Hay en esta reflexión, como puede observarse, una referencia pascual y bautismal importante.
-CLIMA ESPIRITUAL DE LA CELEBRACIÓN.
Yo aconsejaría a los responsables de la celebración a que, por una vez, dejaran de lado la consideraciones moralizantes e intentaran crear en la asamblea un clima contemplativo centrado en la figura de Jesús, Hijo de Dios, Ungido por el Espíritu como Mesías y como Rey, Siervo humillado, profeta y liberador. Toda la celebración deberá ser hoy una profunda confesión de fe en el Jesús que da sentido a nuestras vidas.
JOSÉ
MANUEL BERNAL
MISA DOMINICAL 1985/02
5.
-Juan Bautista proclamaba en el desierto: "Tras de mí viene uno más fuerte que yo, ante quien no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus sandalias. El gesto descrito aquí es un gesto de esclavo. Postrarse, humillarse a los pies de alguien.
Juan ni siquiera se encuentra digno de hacer este gesto, en sí ya tan humillante. La fuerza de esta expresión es inaudita, y sería realmente excesiva si no se tratase más que de un hombre, por grande y superior que éste fuese. Esta fórmula nos indica que Juan Bautista había descubierto el misterio propiamente dicho: la Grandeza divina de la persona de Jesús.
Es Dios, de quien habla. De lo contrario su fórmula no se explica. Misterio de la Encarnación. Juan tenía delante de los ojos a un hombre, y adoraba en él al Insondab1e, al Eterno, al Único.
¿Me esfuerzo yo suficientemente en descubrir la Presencia inefable que me acompaña, invisible, imperceptible y sin embargo, real, activa? Señor, ayúdame a vivir en tu Presencia.
-Yo os he bautizado (sumergido) en el agua El os bautizará(sumergirá) en el Espíritu Santo.
Hay que habituarse a traducir en la mente la palabra "bautismo por "baño, inmersión". Estar bautizado en el Espíritu evoca una idea de "medio vital", como el pez en el agua. Vivir "en el Espíritu". Dejarse llevar por el Espíritu, como el nadador se deja llevar por el agua. Se trata sólo de una imagen, de acuerdo, pero hay que saber utilizar su fuerza de evocación simbólica.
Espíritu Santo. Tú en quien he sido inmerso, Tú en quien vivo...
¡Cuán a menudo me olvido de mi medio vital! ¡Cuán a menudo siento la tentación de no prestar atención a esta realidad y de salir de ella! Y sin embargo ninguna "vida" espiritual es posible fuera del Espíritu: si se abandona este "ambiente", uno se asfixia rápidamente. El hombre está hecho para vivir "en Dios" y en el Espíritu".
-Por aquel entonces, Jesús viene de Nazaret de Galilea, para ser bautizado por Juan en el Jordán.
Es el primer acto de su vida pública, cuando deja su pueblo para empezar su misión. Humildad de Jesús: Empieza por hacerse discípulo de Juan Bautista. Recibe el bautismo de Juan Bautista, se coloca en la fila de los pecadores que esperan en la ribera del río... ¡como un "hombre cualquiera"!
-En el instante en que salía del agua vio los cielos abiertos y el Espíritu, como paloma, que descendía sobre El.
Isaías, en estos mismos términos, (Isaías 63, 11-19) había anunciado la investidura de aquel que había de venir a liberar Israel: el cielo debía abrirse; y el Espíritu de Dios debía descender.
El hombre que viene de Nazaret y que es conocido como el carpintero del pueblo, es muy distinto de lo que se cree: hay un misterio en El... se comunica con Dios... ¡ve el cielo abierto! El Espíritu está sobre El...
Trato de representarme la realidad que evocan estas palabras. Jesús vuelto hacia Dios. Jesús investido por Dios. Jesús en dialogo con el Padre, en el Espíritu.
-Se oyó una voz de los cielos: "Tú eres mi Hijo muy amado... en quien yo me complazco".
He aquí lo que Jesús está oyendo sin cesar. Este es su diálogo con el Padre. He aquí aquello de lo que es muy consciente:
Se sabe "Hijo"... Se sabe "amado"...
NOEL
QUESSON
PALABRA DE DIOS PARA CADA DIA 1
EVANG. DE ADVIENTO A PENTECOSTES
EDIT. CLARET/BARCELONA 1984.Pág.
82 s.
6.
JESÚS ENTRA EN LA FILA
Así. Para que quede bien claro quién es Él, y a qué viene. El bautismo de Jesús es como un espaldarazo: su presentación solemne como Mesías, como Ungido. Ante Juan, que bautiza en el Jordán, va desfilando el pueblo convertido: soldados que han aceptado la consigna de no abusar de su poder, publicanos que están dispuestos a no robar; gente sencilla que ha llegado a descubrir una manera diferente de vivir: compartiendo el pan y la túnica. Pero hay también algunos -los fariseos- que se van saliendo de la fila: la dura palabra de Juan, que invita a dar frutos de conversión, rebota en sus corazones obstinados.
Llega Jesús, y entra en la fila. Como queriendo subrayar la importancia de esa ceremonia tan sencilla que está haciendo Juan con la gente: moverlos, con el agua, a que se arrepientan de sus pecados. Jesús, que no tiene pecado, entra en la fila de los que buscan el perdón de los suyos. Entra en la fila, y recibe ese bautismo. Como uno más. Como si fuera uno más.
Y ahí precisamente le espera el Padre, para presentarlo con toda solemnidad ante la historia. «Tú eres mi Hijo amado, mi preferido». "Sobre él he puesto mi Espíritu, para que traiga el derecho a las naciones". Y Juan se declara indigno de desatar la correa de sus sandalias; al tiempo que proclama que el bautismo que trae ese hombre será muy diferente del suyo: porque llevará dentro una fuerza capaz de salvar.
Pero toda esta "manifestación" (Epifanía) de Jesús nos llega enmarcada en unas coordenadas un tanto sorprendentes. Isaías, al anunciarla, decía: «No gritará, no clamará, no voceará por las calles. La caña cascada no la quebrará...» Estas palabras, unidas al gesto sencillo de Jesús entrando en la fila del pueblo, esperando su turno, nos están hablando de que esa salvación que Él trae nos va a llegar por una puerta inesperada, va a realizarse de una manera un tanto original. ¿Cómo?
Cristo viene a salvar, desde luego. Pero no viene a imponer esa salvación; aunque podría. No quiere reinar sobre un pueblo que no le haya aceptado primero, libremente, en su corazón. No quiere escoger el fácil, tentador camino de obligar; prefiere el de ofrecer. Sabe que es un camino más lento, menos triunfalista. Pero sabe también que, a la larga, es el único camino auténtico.
Por eso Cristo se baja. Toma hondura situándose, codo con codo, junto a los que menos pueden. Entra en la fila de los necesitados, del pueblo llano, de los que tienen que esperar su turno en todas las ventanillas del mundo, de los que nada pueden exigir. Entra en la fila de los pobres.
Viene a salvar, sí. Pero no con una salvación importada, postiza; sino desde dentro. Tomando en serio al hombre, con toda su oculta grandeza.
Asumiendo -para elevarlo- ese rescoldo que queda todavía, medio escondido, en su corazón. Soplando sobre esas brasas. Pacientemente, amorosamente. Como el que no hace la cosa.
JORGE GUILLEN
GARCIA
AL HILO DE LA PALABRA
Comentario a las lecturas de domingos y fiestas, ciclo
B GRANADA 1993.Pág. 35 s.
7.
"PASO HACIENDO EL BIEN"
Es ley de vida. No se puede parar el tiempo para quedarse en niño.
Pasó, para Jesús, la edad de la tranquila inexperiencia, de ver el mundo por los ojos de otro, la edad en que los sueños ganan tantas veces el pulso a la realidad. Ha pasado también su primera juventud, cuando todavía no se miden demasiado las palabras, y uno no se explica cómo pueden ser tan cortos los días, ni por qué la gente da tantas vueltas antes de arriesgarse a algo. Para él ha llegado la hora de la madurez: de las decisiones que implican la vida entera, de la constancia, del equilibrio. Es ahora cuando Jesús deja su casa para vivir la vida a campo abierto; la hora madura de comenzar a expresarse, de decir al mundo todo lo que el Padre ha decidido comunicar.
-'Con la fuerza del Espíritu'.
Ha soltado amarras y ha dejado el timón de su vida en manos del Espíritu Trae dentro la fuerza de Dios. ¿Por dónde empezar?
Por el desierto, desde luego: ha sido siempre el camino del pueblo. Allí se fraguan las grandes decisiones y nace el hambre de otra tierra mejor. Al desierto se va Jesús, cuando Juan ya está allí abriendo caminos y preparando corazones. Se mete en la fila de la gente y se hace bautizar. Cuando sale del agua, el Espíritu Santo y el Padre dan testimonio de Él: éste, que véis ahí, que llega a vosotros como uno más de la fila, es 'mi Hijo, mi preferido'. Pero casi nadie se da cuenta: apenas Juan. ¿Qué manera es ésta de llegar con la fuerza del Espíritu? ¿A esto se reduce la promesa de Dios: 'te he tomado de la mano..., te he hecho luz de las naciones? ¿Será ésta la presencia de Dios que tendremos aquellos a los que Jesús «bautizará con Espíritu Santo"?
-'Pasó haciendo el bien'.
Es bueno que lo entendamos desde el principio. Lo que va a quedar en la tierra al paso de Jesús no va a ser el recuerdo de grandes prodigios, de una luz como de relámpago, de cambios espectaculares en la sociedad de su tiempo. Quedará, más bien, el perfume discreto de alguien que puso un poco de esperanza en el sufrimiento de la gente, que hizo nacer una pequeña ilusión en quienes todo lo daban por perdido, que ayudó al pueblo a sonreír, a soñar, a compartir. Así, discretamente, sin rayos ni truenos (ese estilo ya pasó); sin amenazas ni castigos (Jesús será juez, pero también abogado); sin milagros que convenzan, sin señales que apabullen. Como quien ofrece. Como quien sirve.
Y ése, precisamente ése deberá ser el estilo de los que sigan a Jesús, de los que reciban su bautismo 'con Espíritu Santo'. Ese será el modo de hacerse presente la Iglesia en el mundo. Sin grandes señales de poder, sin soberbias discusiones, sin promesas de trato preferencial de Dios en favor de los suyos. Todo mucho más sencillo. Los cristianos, como Jesús, pasarán por la vida 'haciendo el bien': amando a quien los odia, construyendo paz, haciendo felices a los niños, poniendo esperanza en los corazones acorralados por el miedo, o por la soledad. Por donde pase un cristiano, seguramente no quedarán estatuas ni placas conmemorativas. Se notará su paso en algo mucho más simple: en que la gente de aquel lugar habrá empezado a sonreír feliz, unida, libre.
JORGE GUILLEN
GARCIA
AL HILO DE LA PALABRA
Comentario a las lecturas de domingos y fiestas, ciclo
B GRANADA 1993.Pág. 36 s.
El bautismo de Jesús inaugura su vida pública y contiene en potencia todo el camino que deberá recorrer. Su obra será la del Servidor, la del Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Por esta razón, el primer bautismo de Cristo no recibirá su plenitud de sentido sino en el día del segundo bautismo: del bautismo en la muerte: "Yo debo recibir un bautismo y cual no es mi angustia hasta que sea consumado (Lc/15/20).
Este bautismo de muerte hará de Jesús el Salvador del pueblo, la piedra angular de un mundo nuevo. Para incorporarse a este mundo nuevo, todo hombre está invitado a recibir en unión viva a Jesús, el bautismo en el Espíritu.
Los cristianos no sólo afirmamos que Jesús es Mesías auténtico, sino que además creemos que es el mayor de todos los mesías que han aparecido o aparecerán en el mundo a lo largo de la historia.
Hay mucha gente de nuestro tiempo que piensa que ya ha pasado la época de buscar al mesías en la religión. Se preguntan si no será el mesías lo que representan Marx o Lenin o Hitler, o quién sabe si la economía, el poder, el sexo, el dinero...
Otros corren entusiasmados, creyendo que van a encontrar la salvación en los movimientos que propugnan métodos de relajamiento y proporcionan técnicas de contemplación. Nosotros, los cristianos, afirmamos que Jesús es más que todo lo que aparece entre nosotros con ribetes de mesianismo. Él es "el que puede más", al que ningún salvador de este mundo es "digno de soltarle la correa de las sandalias".
Todo lo que nos puedan ofrecer como mesiánico, todas las salvaciones que nos puedan ofrecer, siempre serán relativas: es un bautismo con agua. Solamente Jesús es lo radicalmente definitivo: nos bautiza con E.S.