MEDITACIÓN LITÚRGICA
BAUTISMO DEL SEÑOR
He aquí otro hecho epifánico. Es el día en que el Señor -según reza la oración sobre las ofrendas- ha manifestado a su Hijo predilecto. La liturgia nos hace mirar "a mi siervo, a quien prefiero" y recuerda como "Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo".
La fiesta tiene un precioso decorado en el que aparecen los cielos abiertos, signo de la comunicación plena de Dios a los hombres. Y, como en toda teofanía, hay también un elemento acústico; se trata de la voz del Padre: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto", referencia al siervo de Yavé.
El bautismo de Jesús, tan repetido en la iconografía de los baptisterios cristianos, remite al misterio del nuevo bautismo y a la unción de Jesús para que los hombres le reconociesen como Mesías.
-El Siervo que pasó haciendo el bien
Isaías, en el cántico de este domingo, habla del Siervo de Dios. Es un elegido, un preferido. Tiene el espíritu de Dios para traer el derecho a las naciones. Pero, su actuación no será una suerte de rompe y rasga. No, será una misión delicada, de manera que salvará todo lo salvable; cosa que dice bellamente con esta expresión: "La caña cascada no la quebrará, al pábilo vacilante no lo apagará". No obstante, su hacer será fuerte y certero, conseguirá lo que se propone. Este elegido de Dios llegará a ser alianza del pueblo y luz de las naciones. Será portador de verdad y de libertad.
La lectura cristiana de este pasaje no da lugar a dudas. Porque las palabras proféticas cuadran perfectamente con la figura de Jesucristo. Corroboran esta visión los dichos de Pedro y también es confirmada por la voz del Padre en el momento del bautismo de Jesús. Resultan muy interesantes, pues, las palabras de Pedro cuando, después de exponer que Dios no hace acepción de personas, se refiere a "lo que sucedió en el país de los judíos, cuando Juan predicaba el bautismo, aunque la cosa empezó en Galilea. Me refiero a Jesús de Nazaret, ungido por Dios con la fuerza del Espíritu Santo, que pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él".
El texto de los Hechos resulta delicioso. "Lo que sucedió" quiere decir el hecho Jesús. Y este hecho se origina en Galilea. Luego el ungido -Mesías o Cristo_, "pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el diablo". ¡Bonita contemplación la de nuestro Señor que pasó haciendo el bien! ¡Una indicación programática para el hacer de la ruta cristiana! Cada cristiano debe imitar a Cristo en el bien y en la lucha contra el pecado. A la luz de los aspectos que acabamos de indicar, el corazón puede dar gracias con la expresión responsorial: "El Señor bendice a su pueblo con la paz". La paz que Dios da a los que con fe escuchan la palabra del Hijo. Y que, con esta escucha, pueden llamarse hijos de Dios, y serlo en verdad.
-El bautismo
La escena del bautismo de Jesús tiene, en Lucas, una visión especial. El clima es la expectación reinante sobre si Juan es el Mesías o no. Es el mismo Bautista quien aclara que "viene el que puede más que yo" y que éste "bautizará con Espíritu Santo". Jesús se pone en la numerosa fila de los que desean bautizarse. Parece uno más. No teme el meterse entre los pecadores. Ha venido para estar entre ellos y salvarlos. Fijémonos en un detalle: Jesús se bautiza y, mientras está orando, se abre el cielo, baja el Espíritu y resuena la voz del Padre celestial. Este proclama distintamente: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto".
Nosotros adoramos al Hijo de Dios. Profesamos la fe: "Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo". Queremos vivir identificados con el Hijo y ser, a la vez, hijos en el Hijo. Nos admira como los hechos revelatorios suceden mientras Cristo está en oración. He aquí un elemento importante en Lucas. Hará fijar muchas veces la mirada del discípulo en el Jesús orante.
El bautismo de Cristo en el Jordán ofrece perspectivas al bautismo de los cristianos. El prefacio de la misa lo remarca. El ritual del bautismo se referirá a él de este modo: "Oh Dios, cuyo Hijo, al ser bautizado en el agua del Jordán, fue ungido por el Espíritu Santo". Estas palabras son pronunciadas también en la bendición del agua en la Vigilia Pascual. Tenemos, pues, aquí iluminado nuestro bautismo: fue un renacer del agua y del Espíritu. Una buena oportunidad para agradecer la gracia del bautismo. Y para sentir la dicha de estar bautizados. Ciertamente, nuestros padres nos transmitieron lo mejor que ellos tenían. Sabemos que ha sido esta la herencia más pródiga. Una entrada en la vida, en la verdadera dimensión que se abre a la trascendencia.
-Una plegaria
Hemos indicado la alabanza del Señor que bendice a su pueblo con la paz. La petición puede ser para merecer la permanencia en la paz-Cristo y el ser fieles a los compromisos bautismales.
Orar pidiendo el don de la oración. Tener un coloquio con el Espíritu que habita en nuestro interior y nos hace hijos en el Hijo.
La colecta de la misa ruega así: "concede a tus hijos, renacidos del agua y del Espíritu Santo, la perseverancia continua en el cumplimiento de tu voluntad".
JOAN
GUITERAS
ORACIÓN DE LAS HORAS
1991, 12.Pág. 425 ss.
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