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-Buenas
noticias para empezar.
Empezamos
bien el año, hermanos. Con buenas noticias, que no han aparecido en los
telediarios ni en la prensa, pero que acabamos de escuchar, en la fiesta de
Santa María Madre de Dios.
Todavía
estamos en Navidad. Celebramos el Nacimiento de Cristo. Nuestra atención está
centrada en él, también hoy que recordamos a su Madre. El se llama Jesús, que
significa: Dios-salva. Y es él el que ilumina nuestra existencia entera y nos
ofrece la salvación de Dios.
Según
la primera lectura los sacerdotes del antiguo Israel invocaban en la liturgia,
sobre todo en año nuevo, la bendición y la paz de Dios sobre todo el pueblo.
Pero
nosotros los cristianos tenemos motivos mucho más plenos para alegrarnos y
esperar que Dios bendiga nuestro nuevo año, haciendo prosperar la paz en torno
nuestro. La razón es la misma que hemos ido escuchando en todo este tiempo. Y
hoy nos la ha dicho Pablo: "Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer,
para que recibiéramos el ser hijos por adopción".
-Somos
hijos.
O
sea, el Hijo de Dios se ha hecho hombre, en el seno de la Virgen María, para
que nosotros, los hombres, seamos hijos adoptivos de Dios. Por eso podemos decir
con confianza, o mejor aún, es el Espíritu de Dios el que puede gritar dentro
de nosotros: Abbá, Padre.
Somos
hijos, no esclavos.
Esa
es la mejor perspectiva del año que empieza. A lo largo de sus doce meses
podremos encontrarnos con dificultades de todo tipo. Podremos caer enfermos,
sufrir las mil vicisitudes de la vida. Pero no estamos solos. ¡Somos hijos!
Pertenecemos a la familia de Dios. No podemos dejarnos dominar por el pesimismo
o la angustia. Nos ha nacido Jesús, el-Dios-que-salva. Y él nos ha enseñado
quién es Dios para nosotros: a veces le llamamos Creador, Todopoderoso, Ser
Supremo, Dios, Señor... Pero Jesús nos ha dicho que le podemos llamar Padre.
Con
buen augurio y felicitación empezamos el 19..
-Santa
María Madre.
El
recuerdo de la Virgen María hace aún más agradable esta buena noticia. Ella,
María de Nazaret, una humilde muchacha de pueblo, fue elegida de Dios para
traer a este mundo al Salvador. Y hoy, primero de enero, los cristianos le
dedicamos una de las fiestas más solemnes del año, recordando y celebrando su
Maternidad: Santa María, Madre de Dios.
Ciertamente
es un recuerdo que a todos nos llena de alegría y de esperanza. Y que está
plenamente centrado en el espíritu de estas fiestas navideñas: ella, nuestra
mejor maestra en la celebración de la navidad.
María,
la Madre, la que dio a luz a Jesús. La que se alegró íntimamente de la
presencia de los pastores y de las palabras que decían. La que le llevó al
templo. La que junto con José su esposo, y siguiendo la indicación del ángel,
le puso el nombre de Jesús. La que "meditaba todas estas cosas" que
pasaban a su Hijo, "guardándolas en su corazón"...
Más
tarde ella será también la perfecta discípula de su Hijo, la primera
cristiana, miembro de la comunidad apostólica de Jerusalén.
Por
eso no nos extrañamos que, junto a su entrañable título de Madre de Dios, sea
invocada hoy gozosamente por los cristianos como Madre de la Iglesia, Madre de
todos los que creen en Cristo Jesús.
Así
empezamos el año con una fe renovada en Jesús, como Dios Salvador. Y a la vez
con un recuerdo filial hacia su Madre y nuestra Madre.
-La
eucaristía.
Y
lo empezamos celebrando la Eucaristía. Precisamente la Virgen es el mejor
modelo de cómo tenemos que celebrar esta Eucaristía. Ella, la discípula de
Cristo, guardaba estas cosas, las meditaba: y así nos enseñó la actitud de
escucha de la Palabra.
También
fue ella la que mejor supo alabar a Dios, dándole gracias en su canto del
Magnificat, por lo que había hecho en favor de todos. Y finalmente estuvo al
pie de la Cruz, en comunión perfecta con su Hijo en el momento de la muerte,
como lo había estado en el de su nacimiento.
¿No
son estas tres actitudes las fundamentales en nuestra Eucaristía? Escucha de la
palabra, acción de gracias, comunión con el Cuerpo entregado y la Sangre
derramada de Cristo Jesús...
Que
la Virgen María, Madre, nos haga celebrar con fe esta Eucaristía y nos dé
ánimos para empezar con optimismo cristiano el nuevo año.
J.
ALDAZABAL
MISA DOMINICAL 1979, 1

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