SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA
Rom 8,14-17: Se trata de un grito que sale del corazón
Ved lo que dice el Apóstol: Quienes son movidos por el Espíritu de Dios, ésos son los hijos de Dios (Rom 8,14). Dado que el ser movidos por el Espíritu de Dios y por el amor se identifican, pues el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 5,5), prosiguió diciendo: No habéis recibido el Espíritu de servidumbre para recaer de nuevo en el temor (Rom 8,15). ¿Qué significa este de nuevo? La repetición de aquel insoportable y aterrador pedagogo. ¿Qué significa este de nuevo? De forma idéntica a como en el Sinaí recibisteis el Espíritu de servidumbre. Se me dirá que una cosa es el espíritu de servidumbre y otra el espíritu de libertad. Si fueran distintos no diría el apóstol de nuevo. El Espíritu es, pues, el mismo, pero con la diferencia que existe entre las tablas de piedra, a las que va asociado el temor, y las tablas del corazón asociadas al amor.
Quienes estuvisteis presentes anteayer escuchasteis cómo el ruido, el fuego y el humo aterrorizaban al pueblo que se mantenía en pie a distancia, y cómo, por el contrario, vino el Espíritu Santo, el mismo dedo de Dios, cincuenta días después de la sombra de la Pascua, y se posó en lenguas como de fuego sobre cada uno de los presentes. Pero esta vez no infundía temor, sino amor, para que fuéramos hijos, no siervos. Quien obra por el temor al castigo, aún no ama a Dios, aún no se cuenta entre los hijos. Con todo, ¡ojalá que al menos tema el castigo! El temor es siervo y la caridad libre; y, para decirlo así, el temor es siervo de la caridad. No se adueñe el diablo de tu corazón; vaya el siervo delante y haga reserva del lugar de tu corazón para la dueña que ha de llegar. Haz el bien; hazlo al menos por temor al castigo, si aún no puedes hacerlo por amor a la justicia. Llegará la dueña y entonces se retirará el siervo, porque la caridad perfecta expulsa el temor (1 Jn 5,18). No habéis recibido el Espíritu de servidumbre para recaer de nuevo en el temor. Estamos ya en el Nuevo Testamento, no en el Antiguo. Lo antiguo ha pasado y todas las cosas se han renovado. Todo ello proviene de Dios (2 Cor 5,17-18).
¿Qué sigue a continuación? Como si preguntaras qué hemos recibido, dice: Sino que recibisteis el Espíritu de adopción de hijos, por el que clamamos: «Abba, Padre» (Rom 8,15). Se trata de un grito que sale del corazón, no de la garganta ni de los labios; suena interiormente, suena a los oídos de Dios. Así clamaba Susana, teniendo la boca cerrada y sin mover los labios. Sino que recibisteis el Espíritu de adopción de hijos, por el que clamamos: «Abba, Padre». Clame el corazón: Padre nuestro que estás en los cielos (Mt 6,9).
¿Por qué no dijo solamente Padre? ¿Qué significan los dos nombres: Abba, Padre? Si preguntas qué significa Abba se te responderá que Padre. Abba es el término que indica padre en hebreo. ¿Por qué quiso el Apóstol poner los dos? Porque veía la piedra angular que rechazaron los constructores y que luego se convirtió en cabeza de ángulo. No se le llama sin motivo piedra angular, pues une en sí dos paredes que proceden de distinta dirección. De un lado, la circuncisión; de otro, el prepucio, y la distancia entre ellos es idéntica a la que los separa del ángulo; al mismo tiempo, la respectiva cercanía al ángulo indica la cercanía recíproca. En el ángulo se produce la unión. Él es nuestra paz, el que hizo de las dos cosas una sola. Por lo tanto, de un lado la circuncisión; de otro el prepucio, pero allí se da la unión de las paredes, esto es, la gloria del ángulo. Habéis recibido el Espíritu de adopción de Hijos, por el que clamamos Abba, Padre.
Sermón 156,14-15
![]()