SEGUNDA LECTURA
La predicación del Evangelio a otros pueblos y a otras culturas no implica la asimilación de esas culturas y de esos pueblos por parte de los que predican, sino la destrucción del muro -social, político, cultural, económico- que creaba dos realidades antagónicas.
Lectura de la segunda carta del Apóstol San Pedro 1,16-19.
Queridos hermanos:
Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo no nos fundábamos en invenciones fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza.
El recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz:
«Este
es mi Hijo amado,
en él yo me he complacido.»
Esta voz traída del cielo la oímos nosotros estando con él en la montaña sagrada.
Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día y el lucero nazca en vuestros corazones.
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