PRIMERA LECTURA
En
la literatura apocalíptica la imagen del Mesías, mediador de salvación, se
desprende de las realidades históricas (rey, sacerdote, profeta) y se proclama
de origen celeste. En su apariencia humana, es una revelación del poder
salvador de Dios. Por el "hijo del hombre" se anuncia el reino de
Dios, que llena el espacio y el tiempo de la historia y los rebasa. Esa visión
del final ilumina el presente de los humildes que esperan.
Lectura del Profeta Daniel, 7,9-10. 13-14.
Miré
y vi que colocaban unos tronos.
Un anciano se sentó.
Su vestido era blanco como nieve,
su cabellera como lana limpísima;
su trono, llamas de fuego;
sus ruedas, llamaradas;
un río impetuoso de fuego
brotaba delante de él.
Miles y miles le servían,
millones estaban a sus órdenes.
Comenzó la sesión
y se abrieron los libros.
Yo vi, en una visión nocturna,
venir una especie de hombre
entre las nubes del cielo.
Avanzó hacia el anciano venerable
y llegó hasta su presencia.
A él se le dio poder, honor y reino.
Y todos los pueblos, naciones y lenguas
le sirvieron.
Su poder es eterno, no cesará.
Su reino no acabará.
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